Muéstranos al Padre (VI)

El rechazo del Padre

San Pablo en la Carta a los Romanos capítulo 5, versículo 8, dice: “Pero el Mesías murió por nosotros cuando aún éramos pecadores. Así demuestra Dios –el Padre– el amor que nos tiene.” Y también dice en Romanos 8, 32: “Dios no escatimó a Su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros.” Dios Padre demuestra el amor que nos tiene dejando morir a su propio Hijo. Esta es una afirmación sorprendente. Es más, para muchos es escandalosa porque que Cristo -esto dicen muchos– haya muerto no demuestra el amor que el Padre nos tiene, sino la crueldad del Padre o su inflexible justicia. Dices: “Dios entregó Su Hijo por nosotros para salvarnos” y algunos deducen: “entonces Dios es un tipo cruel, es un tirano, es ser inflexible cuando entrega Su Hijo a la muerte de esta manera”. En la cultura actual, el conocimiento del Padre está obstruido, impedido, por una nube de prejuicios. Jesús repite tristemente: “Padre justo, el mundo no te ha conocido”. Y hoy eso es más vigente y más real que nunca. El mundo de hoy no conoce al Padre y Jesús sigue repitiendo ese lamento: “Padre justo -que es lo mismo que decir ‘Padre Santo’ – el mundo no te ha conocido”.

La dificultad que los hombres de bien encuentran para conciliar la bondad del Padre con la desgarradora muerte de Cristo en la Cruz obedece a dos motivos principalmente: el primero nace dentro mismo de la Iglesia y consiste en explicaciones y representaciones poco  acertadas del Misterio y poco adecuadas  para nuestra sensibilidad moderna; explicaciones dadas por predicadores antiguos y explicaciones de la Pasión que acababan creando una imagen deformada del drama de la Redención. Yo misma todavía he oído algo y he leído en libros antiguos cosas e ideas del tipo: “Jesús sufre y la ira del Padre no se aplaca”. Una visión semejante, basada en un concepto como… muy cuadriculado de la expiación: “El que la hace, la paga”. Algo así como… se hizo una cosa mal y Jesús la tiene que pagar.

La Redención no es eso; pero, a veces, cuando decimos que Él ha muerto por mí y ha muerto por mis pecados y ha cargado con mis culpas -que teológicamente es verdad– hay quien lo entiende como que ha tenido que pagar a mi deuda: si yo debía  8,25 tengo que pagar  8,25 hasta el último céntimo. Hay gente que lo entiende así y no es así; pero hay quien lo ha entendido así durante mucho tiempo, quien lo ha explicado así, quien lo ha vendido así, quien lo ha predicado así… Por eso mucha gente tiene el concepto de que el Padre es un tipo que hasta que no le paguen el último céntimo no te perdona. Y para eso ha cogido a Jesús y le ha exprimido sin compasión. Y entonces… ¿qué pasa? Que el concepto del Padre para muchas personas es un ser cruel que está lejos. Porque se dice que el Verbo se encarna, se hace hombre, es Jesús, está con nosotros, sufre con nosotros, vive nuestra vida, se ha hecho semejante a nosotros en todo menos en el pecado… pero el Padre se ha quedado ahí en su cielo tan pancho, tan tranquilo, viendo cómo sucedían las cosas, bien colocado, sin inmutarse y exigiendo hasta el último céntimo de lo que se le debía… Y ese no es el Padre -¡ni mucho menos!- pero durante mucho tiempo, sobre todo ante la piedad popular en Occidente, se le ha presentado así, se le ha predicado así, y eso ha creado una deformación.

 

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