Plenos derechos sobre su Corazón

“Esposa, todo cuanto este nombre hace presentir de amor dado y recibido, de intimidad, fidelidad, abnegación absoluta. Ser esposa es entregarse como Él se entregó, ser inmolada como Él, por Él y para Él; es Cristo mismo que se hace todo nuestro y nosotros que nos hacemos totalmente suyos. Ser esposa es tener plenos derechos sobre su corazón, es un cruce de corazones abiertos toda la vida, es vivir con, siempre con. Es reposar de toda cosa en El y permitir a ÉL reposarse de toda cosa en nuestra alma. Es no saber otra cosa que amar. Amar adorando, Amar reparando, Amar orando, suplicando, olvidando. Amar siempre y de todas formas. Ser esposa es tener los ojos en sus Ojos, el pensamiento obsesionado por Él, el corazón apresado totalmente, totalmente invadido, como fuera de sí mismo, traspasado a Él; El alma llena de su alma, llena de su oración, tener todo el ser cautivado y dado. Es ser fecunda corredentora, engendrar hijos adoptivos del Padre, los rescatados por Cristo, los coherederos de su Gloria. En fin, ser tomada por esposa es haber fascinado su Corazón hasta tal punto, que olvidando toda distancia el Verbo se derrama en el alma como en el seno del Padre, con el mismo éxtasis de amor infinito. Y así el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo invaden el alma, la deifican y la consuman en el Uno por Amor”  (Bta. Isabel de la Trinidad)

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Yo no sé si os habéis parado a desmenuzar estas palabras: “tener plenos derechos sobre su Corazón”. Ayer, mirando al Niño Jesús del coro… era lo que me venía contínuamente a la cabeza…  ¡Soy su esposa! ¡El es todo mío y yo toda suya! Luego… ¡¡Tengo plenos derechos sobre su Corazón!!

Significa que todos los tesoros y riquezas de su Corazón son míos porque soy su esposa y los puedo usar a mi arbitrio. El problema es que se me olvida y descendemos a un nivel más natural. Al tener plenos derechos soy infinitamente rica y -de alguna manera misteriosa, que nada tiene qu ever con la prepotencia ni la soberbia- esto me hace omnipotente. Hay una cosa que hay que tener muy en cuenta: para tener plenos derechos hay que ser verdaderamente esposa, haciendo vida todo lo demás que dice Sor Isabel en el texto:  tener el corazón obsesionado por Él, los ojos en sus Ojos, el alma llena de su oración, tener el ser inmolado, cautivado… ser inmoladas como Él, en Él, por Él y para Él… Es una realidad que tengo que encarnar en mi vida.

Cualquier mujer que sea atraída por El para ser Carmelita Samaritana, está llamada a “tener plenos derechos sobre su Corazón” y tiene que ser una verdadera y apasionada esposa. No se puede ser una esposa Carmelita Samaritana de su Corazón sin ser una esposa ardientemente enamorada y entregada. Me atrevo a ir a más, a perseguir, anhelar esa meta, porque así fue nuestra Madre Teresa: una mujer ardientemente enamorada de Dios. Conseguir -viviendo así- incendiar el mundo entero. En el punto y hora en que ardamos de esa manera y hagamos arder a otros estamos haciendo presente a Cristo en la Iglesia y el mundo. Entonces tendremos “plenos derechos sobre su Corazón” y todo cuanto pidamos al Padre en su nombre nos lo dará.

En el punto y hora en que vivamos así es que Jesús está siendo anunciado, su Evangelio proclamado, su amor irradiado, entregado… el Reino de Dios presente, Él está siendo Rey, estamos contribuyendo se realice la Gran Promesa. No hay que tener miedo en manifestar ese amor y hacerlo con sencillez y sin ñoñez. No tener miedo de decir con nuestra vida, con nuestra sonrisa: “vivo enamorada de Jesucristo y Él me hace feliz” y ser capaces de contagiar al mundo esta alegría: la Buena Noticia de que somos amados. Y cuando ya tengamos esos “plenos derechos” sobre su Corazón, nadie nos puede negar nada.

Viviendo así… la fuerza de nuestra oración llegará a cotas insospechadas, a pesar de que las evidencias puedan ser contrarias. Por eso aunque las dificultades de la vida algunas veces parezcan asfixiarnos… nuestra fe tiene que permanecer en pie, como la Virgen ante Jesús clavado en la Cruz. Manteniendo la fe, la esperanza y el amor en aquellas circunstancias tan adversas y contrarias a lo prometido por el ángel en la Anunciación. En el pleno “fracaso”, ella mantuvo la fe en la promesa y fue la primera en contemplar el Corazón abierto de su Hijo. Para eso tenemos que ser como ella: fieles, entregadas, amantes, perseverantes, constantes… y permanecer firmes, pase lo que pase. Conservar en el corazón la fe, la esperanza y el amor aún cuando los resultados puedan ser contrarios. Si permanecemos… seguiremos teniendo plenos derechos sobre su Corazón, aun cuando El pueda pedirnos la noche, la prueba, el aparente fracaso. No dudar nunca de que Él se manifestará a todos en el momento oportuno y reinará, y no dudar de que en su Iglesia el Señor nos cuida.

 

 

 

2 comentarios en “Plenos derechos sobre su Corazón

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