Muéstranos al Padre (II)

Para buscar qué decir sobre el Padre y tener un esquema mínimamente lógico –porque si me pongo a hablar sobre el Padre en abstracto puedo estar hablando y divagando días y días sin decir nada ordenado- he acudido a quien siempre me ayuda para estas cosas, que es el Padre Raniero Cantalamessa.

Y él empieza comentando que todo lo que tenemos que saber sobre el Padre y el “compendio” más importante de lo que es el Padre, nos lo da San Pablo cuando dice que “Dios no escatimó a Su propio Hijo” y empezó a preguntarse: “¿Qué es lo que al Padre le pudo mover a obrar de esa manera? ¿Cómo llegan las cosas a ser así?” Dice San Pablo: “Quien no escatimó a su propio Hijo sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros ¿qué nos no va a negar?”

Ese es el Padre, el que nos ha dado lo más que tiene, que es su propio Hijo, entregándolo a la muerte por todos nosotros. Si ha sido capaz de darnos lo más importante para Él, lo más amado, que es su Hijo ¿qué nos va a negar si ya nos ha dado todo? Y eso nos tiene que llevar a la confianza al ver cómo es el Padre y el convencimiento de que -después de haber entregado a Jesús- para el Padre nuestra salvación es lo más importante; nuestra redención es lo más importante cuando ha entregado a su Hijo.

Y buscando, buscando… he visto –y eso lo he podido comprobar– que hay muchísimos textos y muchísimos autores en los que se pueden consultar sobre Jesucristo; sobre cristología hay multitud -verdadera multitud- de estudios, de libros, de artículos, de homilías… Si te pones a buscar sobre la persona de Jesucristo hay incontable material para leer, para consultar y aprender.

Y últimamente por los Movimientos Carismáticos, Pentecostales y los nuevos movimientos que nos surgen de espiritualidad en la Iglesia, también se habla muchísimo (¡pero muchísimo!) del Espíritu Santo. Y hay escritas muchas cosas también sobre el Espíritu Santo. Gracias a Dios, porque hasta hace tres décadas… del Espíritu Santo… con las justas sabíamos lo que se dice en el Credo.

Pero si te pones a buscar sobre el Padre –y es que no sé si habéis reparado en ello, yo no había reparado en ello, me hizo caer en la cuenta el Padre Cantalamessa– ¡ni siquiera tiene una fiesta litúrgica! El Espíritu Santo tiene su gran Pascua, su gran Solemnidad, que es Pentecostés. Del Señor… hay un montón de solemnidades del Señor. Pero el “pobre” Padre… ¡no tiene ni fiesta litúrgica! Es verdad que “sale” en todas las fiestas, evidentemente, porque -por lo pronto- en todas ellas y en cualquier acto litúrgico empezamos con la invocación: “En nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Pero… salvo cuando aparece en los principios y en los finales de las oraciones y que algunas oraciones van dirigidas al Padre o a Jesús y al Padre… realmente se hace muy poca mención de quién es el Padre ni en los prefacios ni en la liturgia en general y, por supuesto, no hay fiesta litúrgica.

Hay fiestas de los santos, del Espíritu Santo, de Jesucristo… de la Virgen hay multitud de fiestas, pero el Padre… ni fiesta litúrgica. Lo cual es significativo porque en la Iglesia tienen fiesta litúrgica hasta los Fieles Difuntos, que tienen su día, su conmemoración litúrgica. Existen las Témporas de Acción de Gracias… es decir: que tenemos hasta una fiesta litúrgica expresamente para dar gracias a Dios y para pedir… pero el Padre no tiene fiesta litúrgica y no me había dado cuenta hasta que el otro día lo leí. Realmente en una Iglesia como es la Católica, que tiene multitud de fiestas litúrgicas, que el Padre -que es el origen y la meta de todo- no tenga fiesta litúrgica ¡es bastante gordo! Si lo pensamos despacio es… ¡muy significativo! Es significativo en el sentido de que el Padre está presente en todo, pero no se le ha prestado la atención suficiente, porque si se le hubiera prestado la atención suficiente tendría su fiesta litúrgica. Espero no estar afirmando una barbaridad litúrgica y que los liturgistas sean indulgentes conmigo si lo estoy haciendo… Es sin querer: trato sólo de expresar una opinión.

Opino que es un dato a tener en cuenta y cuando lo vi, me dije: “razón de más para ocuparnos un poco del Padre y tratar de conocer al Padre. Y efectivamente… hoy está más vigente que nunca lo que dice Jesús en el Evangelio de Mateo: Nadie conoce al Padre” y es evidente que, si su Palabra siempre es verdad, en este caso también: el Padre es el gran desconocido.

 

 

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