Permanezcamos en Galilea

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Estamos a punto de terminar este tiempo de Adviento… Apenas nos quedan 24 horas para celebrar la Natividad de Jesucristo. Propongo vivir este “sprint” final hacia Belén con la Virgen, contemplándola con el Misterio de la Encarnación a punto de “estallar”en Ella…

La misión de la Virgen fue la de esperar con un corazón vigilante y una ternura inmensa viviendo atenta a lo que sucedía en su interior.

En definitiva, lo único que importaba, lo único que de verdad era interesante y a lo que había que poner atención era lo que sucedía en su interior: porque en su interior estaba tomando forma de hombre el Esperado de los siglos, el Omnipotente, el Omnisciente, el Dios del Sinaí, el Dios de su pueblo, el Dios que todos esperaban porque iba a liberarles, a salvarles… Era la Promesa de Dios la que estaba tomando forma de hombre en el seno de la Virgen María. Y Ella comprendió, con esa inteligencia clara y diáfana que le daba el no tener ninguna mancha, ninguna malicia, que lo único que importaba en el universo en esos momentos estaba en su seno.

Todo sucedía en el marco de una vida enteramente sencilla, simple y ordinaria, como era la que ella llevaba en Nazaret. Y en vez de dispersarse, perder el tiempo y quedarse en asombro y exclamaciones vanas, centra toda su atención, todo su amor y toda su vida en la contemplación -silenciosa y gozosa al mismo tiempo- de ese misterio inefable que lleva en su seno, porque Ella sabe que, como dice una canción que a mí me gusta muchísimo, “el que hizo las estrellas le fue a mendigar a ella su carne para poder ser hombre.”

Y yo creo que lo más bonito del Adviento es eso: vivir atentas a la vida que llevamos dentro de nosotros, porque dentro de nosotros cada uno llevamos a Jesús, y le llevamos por la inhabitación de la Santísima Trinidad. Sabemos que somos templos del Espíritu Santo y que de verdad somos portadores de Dios, y sobre todo somos portadoras de Jesús, entre otras razones y otras cosas, porque comulgamos todos los días ¿no?

María es la que nos enseña cómo se vive atenta al propio interior, recogida en el propio interior, cuidando esa presencia interior que lo llena todo, que plenifica todo… Y nos enseña que eso se vive en la sencillez más absoluta.

Por eso mi insistencia últimamente en que hay que volver a Galilea, porque dice la Escritura, hablando de los cristianos, que “la cosa empezó en Galilea”.

¿Qué es Galilea? No os voy a dar ahora una clase de geografía, no tiene sentido. Pero sí es necesario entender que Palestina estaba dividida y se dividía en tres Provincias: la del Norte, era Galilea; la del sur era Judea; y en el medio, entre las dos, quedaba Samaria. Jesús era galileo y continuamente lo afirma la Escritura que era un rabí de Galilea, el galileo… Él vivía en Nazaret, era nazareno, su Madre era nazarena, José también lo era…

¿Y qué significa volver a Galilea? Volver a Galilea se supone que es volver al interior, a la intimidad, a encontrarnos con Dios en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo de todos los días. Las cosas más íntimas, más de dentro, más de cariño, más de familia las vivió en Galilea. A los doce llamó en Galilea y de hecho la mayoría de ellos eran galileos, su predicación empezó en Galilea. Y sobre todo –y eso es lo más importante- el ángel del Señor buscó a una doncella que vivía en Galilea y allí se produjo el hecho transcendental que cambió a la historia, que fue la Encarnación.

Galilea es el sinónimo de la intimidad, de lo oculto, de lo cotidiano, de lo entrañable, de lo sencillo, pero no por eso menos transcendente y menos importante. Nazaret está en Galilea, Caná está en Galilea, Tiberíades está en Galilea, Genesaret está en Galilea, el Tabor, donde se transfigura y donde predica las bienaventuranzas están en Galilea… Y los primeros milagros los hizo en Galilea y la Virgen adelanta la hora de Jesús en Caná ,que está en Galilea. En Galilea es donde de verdad la Palabra se hace Carne y se entraña en la vida cotidiana de los que están a su alrededor.

Galilea es la Encarnación, Galilea es Jesús entre los hombres, Galilea es Jesús en el día a día. Galilea es para nosotras nuestro recogimiento, nuestra celda, nuestro monasterio, nuestra clausura, nuestra vida interna de comunidad en la intimidad, en la familia, en nuestro trato familiar… todo esto es Galilea. Y hemos vuelto a Galilea para pasar el Adviento preparando y esperando el momento de ir a Judea para que nazca Jesús.

¡¡Ya es la hora!! Ella sabe, porque conoce las Escrituras y las profecías, que su Hijo tiene que nacer en Judea. Sabe que su Hijo tiene que nacer en Belén, porque está así predicho desde antiguo por boca de los profetas. Pero nos se mueve de Galilea, no se mueve de Nazaret, porque nadie le ha dicho que tiene que irse. Ella se queda quieta donde está, viviendo atenta a su interior, atenta a su Hijo, sabiendo que cuando llegue el momento de partir, Dios le va a dar la señal necesaria para decir “ahora te tienes que ir de aquí”.

Y mientras tanto no se inquieta, prepara todo y hace todo como si su Hijo fuera nacer en Nazaret. Porque, usando el sentido común, ninguna mujer en avanzado de gestación se sube en un burro y se pone a recorrer los cerca de los 200 Km que hay entre Galilea y Judea, entre Nazaret y Belén. Ella se queda ahí quieta porque está esperando un Hijo y su Hijo va a nacer pronto y nadie le ha dicho que tenga que irse a ningún sitio, se queda en su casa y prepara todo para que su Hijo nazca. Dentro de la pobreza que viven, de la sencillez prepara las cosas lo mejor que pueden, pero no se mueve.

Y cuando llega el momento, Dios -por estas carambolas de Dios, ¿son casualidades? ¡No, son providencias!- organiza todo, para que efectivamente el Mesías nazca en Belén como estaba previsto y como estaba profetizado. Y obedeciendo a un edicto del Emperador José y María se van a Judea.

Ir a Judea significa por supuesto salir de Galilea, significa salir de su entorno, salir de su vida de familia, de su casa de Nazaret, de su hogar… que sería pobre y humilde, pero era su hogar, donde ellos vivían felices y gozosos su día a día, queriéndose muchísimo y haciendo el mayor bien posible; como dos judíos piadosos, orando, yendo a la sinagoga, trabajando… Ellos vivían ahí felices, esperaban su primer Hijo y obedeciendo al Señor, salen de Galilea. Nótese que solo salen de Galilea obedeciendo al Señor, no se van por un capricho propio.

Ella sabe a quién lleva en su seno y sabe que Ese que lleva en su seno la va a guiar adonde tenga que ir, porque ella ha dicho que es su esclava y está  disponible. Y mientras Él no mande nada… Ella queda quieta, permanece en Galilea porque ese es su lugar, esa es su casa y ella sabe que, cuando Él quiso pedirle algo, fue a buscarla en su casa, y allí la encontró.  Ella sabe que, si Él ahora quiere ir a Belén, va a ir y le va a mostrar el camino. Y mientras tanto permanece en paz.

Nunca debemos salir de Galilea si no es por una obediencia pura a Dios, sino es apoyadas totalmente en la Voluntad de Dios, en el designio de Dios. Irnos a Judea por cuenta propia, porque nos parece mejor, porque nos parece que va a ser más efectivo, porque va a dar más fruto, porque vamos hacer más apostolado, porque… ¡es vano, es estéril, es inútil, es un engaño! Tenemos que permanecer en Galilea, porque el Verbo vive encarnado en Galilea. Jesús vive en Galilea y Jesús en su vida solamente salió de Galilea por imperativo, porque el Padre quería.

3 comentarios en “Permanezcamos en Galilea

  1. Jesús esta por nacer, todo nacimiento es un comienzo, una oportunidad, celebremos el regalo de Dios, que nos perdona y se olvida de nuestras faltas para que libres de nuestras cargas no nos desviemos del camino que nos lleva a su infinito Amor. Vayamos todos juntos a nuestra Galilea. Gracias madre por tan hermosas palabras.

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  2. Gracias por introducirnos en las entrañas de Galilea, de su milagro y de poder sobretodo acompañar a la Virgen desde el momento de su “fiat” incondicional hasta Belén donde la más hermosa criatura va a nacer y donde todos nos encontraremos a sus pies, admirandolo y regalándoleo mejot de cada uno. Qué bueno es San José! Permanece allí pendiente de María y de su pequeño pero no dice nada.Obedecesiempre y sin preguntar a la Voluntad de Dios!
    Que aprendamos de María a decir “sí” a aquello que el Señor nos va mostrando en el día a día. Y de José, a fiarnos totalmente de la Voluntad de Dios sin más.

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