Esperando con el Principito al Príncipe de la paz

p8200039-e1450824625284

En medio del clima de preparación intensa para la Navidad que tratamos de vivir en el monasterio, nos llega con fuerza la repercusión que los resultados electorales del pasado día 20 han tenido en muchas personas cercanas y queridas. Percibimos -es muy evidente- la preocupación, el nerviosismo, la consternación… y nos causa cierto asombro, porque nosotras seguimos nuestro ritmo con una paz inmensa y una alegría innegociable… aún a costa de que nos llamen ilusas o ingenuas. Hemos dado un voto incondicional a la sencillez, a los niños, al Niño que llega y que preside para siempre nuestra vida sin haber hecho nunca campaña: simplemente nos ha mirado a los ojos y… ¡ya!

En esta situación reafirmo mi decisión de ser y permanecer pequeña, ser niña, porque de los que intentamos ser así es el Reino. Los niños somos los pequeños del Reino, los que seguimos esperando todo de Jesús y del Evangelio, los que nos permitimos soñar y creer que la única fuerza verdaderamente capaz de cambiar el mundo no es ninguna idea ni formación política, sino el amor entregado hasta el final, como el de Jesús.

Permitidme una reflexión en nombre de todos los que somos “así”, (raros, ilusos, ingenuos, idealistas…) los de esa “formación no política” que es el Reino de los Cielos, los que somos como niños. Me he acordado de un personaje entrañable que supongo que conocéis: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry, que -de alguna manera- es el líder de esta “formación de pequeños” frente a los adultos que siguen pensando que las fuerzas sociales y políticas van a arreglar algo. Con ellos, con los adultos, nos dice el “Principito”, tenemos que tener mucha indulgencia, comprensión y paciencia

¿Cuál es nuestra posición, la posición de los niños? Como dice el “Principito”, la indulgencia; y por otro lado, tengamos en cuenta y vayamos asumiendo que siempre nos considerarán niños y siempre nos tildarán de ingenuos. “Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan.)”

Pero… el “Principito” y los amigos del “Principito” estamos seriamente preocupados viendo a las personas mayores tan angustiadas por cosas que realmente no son importantes. “A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle.”

Decía el “Principito”: “Hay un cordero que se puede comer a mi rosa, a mi flor ¿y me voy a preocupar de otras cosas? No lo entiendo”. Pues a mí me pasa igual. Viene Jesús, está punto de nacer la Vida y la Ternura de Dios en carne, tenemos que preparar su llegada… ¿y me voy a preocupar de otras cosas?

¿Cuál es mi prioridad? ¿Pensar como las personas mayores o ser indulgente con ellas, pero seguir pensando que mi flor es lo más importante del universo? Claro que… no podemos olvidar que “Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar.”

Hay un momento precioso en el que el “Principito” se enfada muchísimo con Antoine y le dice: “Hablas igual que las personas mayores”. Entendedme bien lo que digo, porque no hay sombra de censura ni de reproche en lo que os voy a decir a continuación, pero tenemos que tener cuidado los corazones samaritanos de no hablar como las personas mayores, como los sensatos y razonables de este mundo. “Conozco un planeta en el que vive un señor muy colorado. Nunca ha olido una flor. Nunca ha contemplado una estrella. Nunca ha amado a nadie. Nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día diciendo, como tú: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!”, lo que le hace hincharse de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!…”

Apuntémonos a la insensatez de Dios, a la insensatez de apostar todo por la ternura absurda y sin sentido, por lo que no es práctico ni útil. Dejemos hablar al corazón y detengamos nuestra lógica, nuestra mente, nuestra razón, que tantas malas jugadas nos hace. Precisamente porque somos corazones samaritanos no podemos olvidar nunca que “no se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.

Lo que realmente importa es que esta semana es Navidad, que el 24 de diciembre, jueves, vamos a celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Eso es lo verdaderamente importante y lo que yo quiero adivinar en medio de todos estos acontecimientos aparentemente adversos. “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso”. Jesús va a nacer en medio de esta adversidad, Jesús quiere nacer en mi vida y yo no voy de ninguna manera a renunciar a prestarle la atención y dedicación que Alguien como Jesús merece y -por supuesto- espera de mí. “Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas.” La inmediatez de la Navidad debería empujarnos a tener nuestros ojos sólo en las estrellas atisbando a Aquel que desciende a nuestro mundo para prender su fuego en él…

7 comentarios en “Esperando con el Principito al Príncipe de la paz

  1. Madre, agradezco a Dios haberla puesto en mi camino, es usted la mejor catequista, conocí a Jesús más profundamente en estos dos años que en toda mi vida anterior. Dios nos da estos regalos inesperados, personas para que nos acompañen y nos sostengan, tenga usted un feliz nacimiento, Jesús viene a recordarnos que no nos ha abandonado, que fuimos nosotros los que estos lejos de El, que nos ama tanto a pesar de nosotros mismos. Un saludo afectuoso,

    Le gusta a 1 persona

  2. Madre Olga, leyendo la semblanza biográfica que has redactado con tu proverbial humildad me agradó especialmente esa mención a la gratuidad, a esa labor callada de las contemplativas por las demás vocaciones y carismas. No pude evitar acordarme de las bellísimas palabras de otra monja, en este caso jerónima, Sor Cristina de Arteaga:

    Sembrad!

    Sin saber quién recoge, sembrad,
    serenos, sin prisas,
    las buenas palabras, acciones, sonrisas;
    sin saber quien recoge,
    dejad que se lleven la siembra las brisas.

    Con un gesto que ahuyente el temor,
    abarcad la tierra,
    en ella se encierra
    la gran esperanza para el sembrador.
    Abarcad la tierra!

    No os importe no ver germinar
    el don de alegría. Sin melancolía,
    dejad al capricho del viento volar,
    la siembra de un día.

    Las espigas dobles romperán después;
    yo abriré la mano
    para echar mi grano,
    como una armoniosa promesa de mies
    en el surco humano.

    Brindará la tierra su fruto en agraz,
    otros segadores cortarán las flores,
    pero habré cumplido mi deber de paz,
    mi misión de amores.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s