EL QUE SE SABE PERDONADO, APRENDE A AMAR

EL QUE SE SABE PERDONADO, APRENDE A AMAR

Y entonces tú, Señor, con tu paciencia, con tu bondad, le cuentas a Simón aquella historia, aquella pequeña parábola de los dos deudores.

Uno debía mucho.
El otro debía menos.

Y ambos fueron perdonados.

Y la pregunta es:

«¿Cuál de los dos amará más?»

Pues fácil, fácil de responder.

Simón responde:
«Pues supongo que aquel a quien se le ha perdonado más».

Y dices algo tan bonito, Señor:

«Has juzgado rectamente».

Qué importante es descubrir esto:
el que se sabe perdonado aprende a amar.

¿Y que el problema no es tener pecado?

El problema es no reconocer que necesitamos misericordia.

Porque cuando yo creo que no necesito ser perdonado, me vuelvo dura.

Me vuelvo intransigente, brusca, inflexible.

Pero cuando veo cuánto me has perdonado y cuánto me sigues perdonando continuamente…

Algo se me rompe por dentro, Señor.

Se me rompe el orgullo.
Se me rompe la autosuficiencia.

Y brota a chorros la gratitud.

¿Y por eso dices:
«Sus muchos pecados han quedado perdonados porque ha amado mucho»?

No porque su pecado fuera pequeño.
No porque en su vida estuviera todo bien hasta ese momento.
No porque lo hubiera hecho todo fenomenal y muy perfecto.

Nada de eso.

Sino porque ella se dejó alcanzar por tu misericordia.

Señor Jesús, esta noche tengo que preguntarme delante de ti:

¿Yo me dejo perdonar por ti, de verdad?

Porque una cosa es saber que Dios perdona y otra cosa muy distinta es dejarse perdonar.

Y a veces conocemos perfectamente nuestros pecados, los recordamos, los repasamos y los llevamos encima.

Y hasta después de confesarnos seguimos viviendo como si tú todavía nos los estuvieras echando en cara.

Cosa que no has hecho jamás.

Y tú no eres así.

Tú perdonas de verdad.

Tú no dices:
«Te perdono, pero no me olvido».

Tú dices:

«Ve en paz».

¡Qué palabra tan bonita!

En paz.

No en deuda.
No humillada.
No señalada.
No condenada.

Sino en paz.

Porque tu perdón no consiste solamente en quitar una culpa.

Tu perdón, Jesús, devuelve la dignidad.
Devuelve la alegría.
Devuelve la esperanza.
Devuelve la vida.

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