Algo de mis entrañas…

Algo de mis entrañas…

Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas.
Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo:
así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad.
Quizá se apartó de ti para que le recobres ahora para siempre;
y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido.
Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo. (De la carta a Filemón)

Estas palabras de San Pablo en la carta a Filemón me impresionan muchísimo: siempre han llamado mi atención al desvelarnos al ternura y la delicadeza de sentimientos del Apóstos de los Gentiles. Con frecuencia tenemos un concepto bastante equivocado de Pablo por aquello de: «¡Insensatos gálatas! ¿quién os ha embrujado?» Es verdad que tenía un genio explosivo,wp-1467961428322.jpg pero es igual de cierto que su amor apasionado a Cristo le llevaba esas reprimendas de la misma manera que le conducía a esta carta-ruego apelando a la compasión de Filemón hacia Onésimo.

Os invito a que desmenuceis ese texto despacio y palabra por palabra. Yo lo he hecho muchas veces a lo largo de mi vida y siempre me ha conmovido hasta las lágrimas. Pensemos en alguien concreto que conozcamos y que esté despistado, distraído o totalmente extraviado en la vida… alguien a quien amemos entrañablemente y que deseemos recuperar para el bien y la verdad.

Y aprendamos de Pablo con qué ternura y con qué humildad se ruega y se intercede. Y -al mismo tiempo- sin brusquedad, pero con qué firmeza al afirmar cosas como: » te lo envío como algo de mis entrañas», o » no he querido retenerlo sin contra contigo, así me harás este favor no a la fuerza, sino con total libertad»…. «recíbelo a él como a mí mismo». Bueno… la verdad es que si tengo que escoger frases… no sé con cuál quedarme. Todas son impresionantes.wp-1465187285303.jpg

Y en cualquier caso… tengo la impresión de estar escuchando a Jesús en vez de a Pablo. Así intercede Jesús ante el juicio de Dios por todos nosotros y Pablo lo ha aprendido muy bien.

Cada uno de nosotros hemos sido engendrados por Jesús en le prisión: en la prisón del pecado a la que voluntariamente quiso someterse en Getsemaní y El quiere que se me reciba como a El mismo, porque soy el fruto valiosísimo de la Redención. Sabe que el Padre me ha recobrado ya como hija querida, que ya no soy esclava…

Cada uno de nosotros somos Onésimo y  Jesús escribe al Padre esa carta de intercesión en cada Eucaristía, como Pablo escribió a Filemón. Somos Onésimo que muchas veces se aleja del Padre, pero ¡qué consuelo saber que Jesús está dispuesto a seguir escribiendo esa carta de intercesión una y mil veces por cada uno de nosotros!

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *