Y ahora, Señor, no queremos hablar más.
Queremos quedarnos aquí.
Mirarte y dejarnos mirar.
Y repetir muy despacio, desde el corazón:
«Jesús, yo confío en tu misericordia».
Jesús…
Yo confío en tu misericordia.
Y si hoy traigo pecado, dame tu perdón.
Dame tu consuelo.
Dame tu descanso.
Si vengo con miedo, dame tu confianza.
Y si traigo poco amor, enséñame a amar mucho.
Como aquella mujer.
A tus pies.
Siempre, siempre a tus pies.
Porque allí, a tus pies, es donde el corazón aprende quién es.
Y ahí, a tus pies, es donde descubrimos que nunca dejamos de ser hijos amados.
❤️🔥 Jesús, yo confío en tu misericordia.
Siempre a tus pies.
