La obediencia a la Iglesia Católica

Todo eso nos habla de una obediencia que para ella tuvo que ser en algunos momentos sangrante, costosa, purificadora. En una persona que dejaba de lado –porque esto sí que lo hacía- sus razonamientos cuando se trataba de obedecer en todo lo que viniese directamente de la autoridad de la Iglesia. Esto es una cosa que la caracterizó y le supuso muchos sufrimientos en muchos momentos, pero ella… ante obedecer a la Iglesia… ¡nada ni nadie! Esa es una característica de la obediencia teresiana, porque no siempre en todas las Órdenes se vivía así y menos en el momento en que a ella le tocó vivir.

Acaba de aparecer en la Iglesia la Compañía de Jesús, acaba de aparecer, estaba todavía vivo San Ignacio cuando ella inicia la Reforma. No tenemos noticia cierta de que ella conociera el texto de los Ejercicios Espirituales –probablemente no y mucho menos los hiciera, claro– pero sí sabemos que tuvo trato con sacerdotes de la Compañía de Jesús y algunos insignes como, por ejemplo, San Francisco de Borja -el Duque de Gandía, el primer General de la Compañía de Jesús después de San Ignacio y un santo reconocido y de talla- sabemos que ella se confesó con él, sabemos que habló con él. Habló con el Padre Cetina, el mismo Padre Baltasar Álvarez era jesuita y la espiritualidad de los Padres de la Compañía, como ella les llamaba –“los Padres de la Compañía”, ella nunca utilizó el término jesuíta– le atraía poderosamente. Primeramente por el modo en que vivían y enfocaban la Humanidad de Cristo, que para ella es fundamental como veremos, y una de las cosas que a ella le impacta seriamente de San Ignacio es la máxima ignaciana de “lo blanco que yo viere decir que es negro si la Iglesia Jerárquica así lo determinare”. Evidentemente ella nunca lo oyó de los labios de San Ignacio porque nunca se encontraron en vida, pero es muy probable que lo oyera de cualquiera de sus hijos con los que trataba y eso a ella le cala.

Para ella la obediencia a la Iglesia es incuestionable. Un signo de la obediencia teresiana -si queremos ser hijas de Santa Teresa- es la obediencia a la Iglesia. Todo lo demás se puede negociar, todo lo demás puede ser relativo, puede ser de una manera u otra… pero la obediencia a la Iglesia -y cuando hablamos de Iglesia, hablamos de Iglesia Jerárquica– es incuestionable. ¡Esto es muy importante! A lo mejor os parece que no es tan relevante. Pues… ¡¡sí, que lo es!! Es un signo relevante de la obediencia teresiana y así nos lo enseñó a sus hijas. Y ella estaba convencida de que nada puede dar nunca fruto fuera de la obediencia a la Iglesia.

En los momentos en que vivimos, siglo XXI, inicio del siglo XXI, puede ser que haya quien considere –yo lo he oído, ¿eh?, de labios de personas y de personas consagradas– que esto que dice Santa Teresa como lo que dice San Ignacio está desfasado. Primero, no lo está, evidentemente: es verdad absoluta de que fuera de la obediencia a la Iglesia no hay nada real y verdadero que de fruto. De hecho, si él es San Ignacio de Loyola y ella Santa Teresa de Jesús es porque obedecieron a la Iglesia si no… hubieran sido el Padre Loyola y ella la Madre Teresa sin más, ¿no? Si son santos es porque obedecieron a la Iglesia. ¡Esto es muy importante!

Y aparte de que no está desfasado porque ese argumento ya sería suficiente, hay un argumento de peso evangélico que más adelante vamos a ver, porque a Santa Teresa le impresiona mucho y es Palabra del Señor. O sea, que ya no se puede cuestionar y es verdad absoluta: “quien a vosotros oye, a Mí me oye; quien a vosotros os desprecia, a Mí me desprecia”. Estas palabras las dirige Jesús a Pedro y a los apóstoles. Pedro y los apóstoles son el Papa y la Iglesia Jerárquica, los pastores de hoy: quien a ellos oye, a Jesús oye y quien a ellos los desprecian, a Jesús desprecia. Sobre todo, en lo tocante al Magisterio y la doctrina es incuestionable, ahí está la verdad y la única verdad.

Todo lo que sale de ahí es lo que puede ser perfectamente puesto en tela de juicio y discutible pero cuando la Iglesia en su Magisterio habla, en sus pastores habla no se puede cuestionar ni hay error: en la Iglesia está la verdad absoluta porque está asistida por el Espíritu Santo y no hay más. Y negar esto es negar a Cristo. Jesús lo dice: “Quien a vosotros desprecia, a Mí me desprecia”. ¡Es negar a Cristo! Esto ella lo sabe, y después la vamos a ver más desarrollada y dónde ella la cita en sus obras y que para ella eso es fundamental.

Santa Teresa no se siente ni desfasada, ni coaccionada, ni angustiada por tener que obedecer. El que en momentos determinados la obediencia le resulte difícil, como nos resulta a todos, no significa nada, significa simplemente que era un ser humano ¿no?, y como ser humano tenía sus sentimientos, sus ideas, sus momentos complicados… pero nada más. Que nos cueste obedecer significa simplemente que somos muy normalitos, gracias a Dios ¿no? Cuando no nos cueste nada obedecer y todo vaya sobre ruedas pues… bueno, puede significar dos cosas: el que hayamos llegado a un grado de virtud eximio o que nos hayamos “tronado”, porque lo normal es que la obediencia cueste. La obediencia, que es negarnos a nosotros mismos, lo normal, es que nos cueste ¿no?

Ella se siente una mujer libre, muy libre… para ella la obediencia es la expresión de una madurez humana profunda a la que ella llegó y una responsabilidad también llena, plena, a la hora de actuar. Ella responsablemente actúa porque responsable y libremente obedece.

Emplea todas las fuerzas de su inteligencia -que no era pequeña- de su voluntad y también todos los dones de naturaleza y de gracia que Dios le dio, que son incontables. ¿De naturaleza? ¡Muchísimos! Era una naturaleza humana muy bien dotada, era una mujer tremendamente inteligente y con cantidad de cualidades humanas… ¡pero muchísimas! Y además de eso, hay que decir -y se puede añadir- la cantidad de dones de gracia con que Dios la dotó, que son incontables. No hay más que leer las Moradas y comprender que ese fue su itinerario y efectivamente no ha dotado así a muchos el Señor, ¿no? Le dio los cinco talentos -o más de cinco o no sé cuantos- y, desde luego, ella los hizo rendir, sin duda. Bueno: pues ella pone eso libremente al servicio de Dios en la obediencia.

Es libre al ejecutar los mandatos de sus superiores y al cumplir aquello que se le decía o se le confiaba. En esto sintoniza perfectamente con lo que el Concilio Vaticano II nos dice en Perfectae Caritatis en el número 14, que es el número que trata sobre la obediencia. Perfectae Caritaris es un documento muy cortito, muy breve, pero que tiene muchísima enjundia y hay que desmigarlo ¿no? En el número 14 habla de la obediencia y dice en el segundo párrafo: “Los súbditos en espíritu  de fe y de amor a la voluntad de Dios, presten humilde obediencia a los superiores en conformidad con la Regla y Constituciones -¡atención!– poniendo a contribución las fuerzas de inteligencia y voluntad y los dones de naturaleza y gracia en la ejecución de los mandatos y en el desempeño de los oficios que se les encomienden, persuadidos de que así contribuyen según el designio de Dios a la edificación del Cuerpo de Cristo”.

Esto que es algo totalmente actual y que el Espíritu Santo en el Concilio Vaticano II nos ha entregado a los religiosos de hoy, como cuál es la directriz y el modo cómo en que debemos renovar nuestra obediencia y la vivencia de esa obediencia, eso que el Concilio dice, Santa Teresa lo hizo totalmente real y verdad en su momento, en el siglo XVI, lo vivió ella y por eso fue profética, ¿no?, porque se adelantó con mucho a los signos y a lo que iba a suceder después. Lo vivió ella así, en primera persona, y quiso que sus hijas lo viviéramos de esa manera. De hecho, así nos lo explica la obediencia, así nos lo inculca, así nos lo enseña, así quiere que obedezcamos según el estilo y el espíritu del Concilio Vaticano II.

Ella obedecía a la Iglesia, como os he dicho, para servicio de la Iglesia. Ella era muy consciente de que, por encima de cualquier gracia personal, de cualquier carisma personal o comunitario, siempre, siempre, siempre, absolutamente está la Iglesia Jerárquica e Institucional. Su mejor título – y lo hemos comentado muchas veces – del que ella se gloriaba, con el que muere es ser Hija de la Iglesia, Hija de la Iglesia Católica.

Y en esto, en este sentir con la Iglesia, en este vibrar con la Iglesia, también ella hace real otro párrafo posconciliar, bastante posconciliar, que nos da la Iglesia en Vita Consecrata en el número 46 cuando habla de sentir con la Iglesia. Yo creo que todos los santos evidentemente -si no no serían santos canonizados- han sentido con la Iglesia, ¿no?, pero de una manera peculiar, ella lo vivió así. De hecho cuando hubo la primera dificultad dijo: “pues paramos la Reforma, paramos el inicio de la fundación de San José hasta que se vea claro qué se debe hacer” y pensad que ella dice esto delante del Padre Ángel Salazar, cuando directamente el Señor en la oración le ha dicho que lo lleve adelante con todas sus fuerzas. Jesús le ha dicho: “Llevadlo adelante con todas las fuerzas” el proyecto de la nueva fundación. Que el Señor lo quería, ella lo tenía clarísimo porque El se lo había dicho. Ella tenía hilo directo con el Señor y el Señor le decía las cosas ¿no? Los demás tenemos que rezar, discernir, averiguar… pero a ella se lo dijo: “hemos tenido esta charla un grupo de amigas, ha salido esto, Señor, ¿qué quieres que haga?” Y la contestación en la comunión fue: “Llevadlo adelante con todas las fuerzas” y le dijo que el convento se tenía que llamar de “San José”, que daría mucha gloria a Dios, que no iban a faltar contradicciones –ya se lo pintó bonito desde el principio– pero que Él lo quería y que lo llevara adelante con todas las fuerzas.

Y ella se pone a ello y la primera dificultad es que no tienen dinero, no pueden fundar, no tienen dinero, no tienen casa, no tienen permiso… no tienen nada. Entonces -y para postre- el Provincial “se raja” porque… pues empezó a recibir críticas… censuras… “eso es una locura, un despropósito”… “en Ávila ya hay muchos conventos, que se arreglen donde están y que se queden como están y dejen de dar el tostón”… ¡En fin! una serie de argumentos muy “convincentes” -ninguno era sólido- pero él, ante las críticas y las primeras dificultades, pues el hombre se acoquina y dice que… Y cuando la Santa ve en su Superior inmediato esa reacción, dijo: “bueno pues, ahora hay que esperar, paramos.” El Señor lo puso otra vez en marcha enseguida porque como quería que se hiciera… Pero ella dijo: paramos porque no voy a oponerme al Superior, pero si Dios quiere saldrá”. Y efectivamente como Dios lo quería, se puso en marcha por otra vía y de otra manera, ¿no?

Pero a lo que voy es con qué espíritu de fe obraba y que -aunque el Señor le hubiera dicho una cosa, si sus Superiores legítimamente constituidos le decían otra- obedecía, porque sabía que no se equivocaba nunca y que, por encima del criterio del superior, iba a salir la Voluntad de Dios como Dios lo quisiera, como efectivamente fue ¿no? Esto es un sentir con la Iglesia del que también nos habla Vita Consecrata y que es otra característica de la obediencia teresiana, la sintonía con la Iglesia, “sentire cum Ecclesia”.

Dice Vita Consecrata en el número 46, en el apartado D: “En los fundadores y fundadoras aparece siempre vivo el sentido de la Iglesia que se manifiesta en su plena participación en la vida eclesial en todas sus dimensiones y en la diligente obediencia a los pastores, principalmente al Romano Pontífice. En este contexto de amor a la Santa Iglesia, Columna y Fundamento de la Verdad, se comprenden bien la devoción de Francisco de Asís al señor Papa; el filial atrevimiento de Catalina de Siena hacia a quien ella llama “Dulce Cristo en la tierra”; la obediencia apostólica y el “sentire cum Ecclesia” de San Ignacio de Loyola; la gozosa profesión de fe de Teresa de Jesús, “Hija soy de la Iglesia”; como también el anhelo de Teresa de Lisieux, “en el corazón de mi Madre, la Iglesia, yo seré el amor”. Semejantes testimonios son representativos de la plena comunión eclesial en la que han participado los santos y las santas, fundadores y fundadores, en épocas muy diversas de la historia y en circunstancias a veces harto difíciles. Son ejemplos en los que deben fijarse de continuo las personas consagradas para resistir a las fuerzas centrífugas y disgregadoras particularmente activas en nuestros días.”

Esto último, es una verdad que yo más de una vez he constatado. Y lo he constatado con pena entre los consagrados, pero es así. El querer alejarse, mantenerse al margen del sentir de la Iglesia e ir “a su bola”, a su aire. Yo esto lo he comprobado a veces.

Y cuando dices “yo no quiero hacer nada sin someterlo a la Iglesia” pues corres el riesgo de que te llamen retrógrada… Pero bueno: da igual, que nos llamen de lo que quieran. La realidad es que fuera de esa obediencia y de ese amor a la Iglesia no está Dios, no está el Espíritu Santo… Nada que se salga de ahí puede ser de Dios. El Espíritu Santo nunca va a suscitar nada que sea viable, real, que se pueda lograr fuera de ese amor, de ese sentir con la Iglesia y de la obediencia a la Iglesia, ¿no?

3 comentarios en “La obediencia a la Iglesia Católica

  1. Buen dia madre Olga y a todas las hnas que diariamente rezan y hacen la voluntad de Diis. Gracias Dios bueno por ponerlas en mi camino, ayudame a ser obediente como santa Teresa a tus desunios y humikde para cumplir con lo que me corresponde dentro de mi familia y mi comunidad.

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  2. Gracias Madre Olga.

    Our Holy Mother Saint Teresa is the great lover of Humanity of Christ and the obedient child of the Church.
    And she herself affirms: » in matters of faith, I would not violate the least Rubric of the Holy Mother Church.»

    Keep safe and God bless!

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