Traslucir a Dios

Pues… yo lo he pensado más de una vez: cuando Moisés baja del Sinaí con la Ley, había estado hablando con Dios cara a cara y traía sus tablas y tal… Y sí: traía la Ley. Traía la Ley, pero lo que menos importaba a los que le ven bajar es la Ley, sino que él resplandecía. Todos sabían que él había estado hablando con Dios cara a cara porque su rostro reflejaba ese diálogo con Dios, y eso les llevaba a todos a cuestionarse cosas y aunque él no lo decía, todos entendían que allí estaba hablando con Dios cara a cara.

Y yo muchas veces me he planteado: cuando yo estoy con el Señor cara a cara, cuando yo estoy con Él… después, cuando me vuelvo a mis hermanas, ¿resplandezco? ¿en mi rostro se nota algo? En mi rostro, en mis actitudes, en mi modo de vivir, en todo… ¿se ve que de verdad he estado con el Señor o, si no se sabe si he estado con el Señor o con el cascarrabias de la esquina? ¡Esta es la gran pregunta! ¡Ese es el diálogo! ¡Eso es lo que yo tengo que anunciar, lo que tengo que aportar a la comunidad: ese contacto con Dios! Y que lleve a las demás a ese mismo contacto, a desear ese contacto. No hace falta hablar. A veces sí hará falta. Con esto no estoy condenando las palabras, sino insistir en que de verdad en mi vida se vea, se transluzca que estoy íntimamente unida a Dios, estrechamente unida a Él, de modo que quienes se acerquen a mí vean que resplandezco, que transluzco a Dios, que rezumo a Dios en todo mi ser.

Eso quizás sería una de las características más importantes del diálogo teresiano y ella en eso fue una mujer dialogante al cien por cien porque parecía efectivamente, acercarse a la Santa Madre, quienes estuvieron cerca de ella y quienes tuvieron esta dicha de vivir con ella lo dicen: era ver a Dios continuamente, palpar la Presencia de Dios en ella, tocarle en ella, olfatearlo en ella, verlo en ella, intuirlo en ella… De alguna manera, ella era un velo muy tenue que cubría esa Presencia de Dios en ella, ¿no?, esa unión íntima -¡intimísima!- estrechísima que ella tenía con Dios. Ella, en ese aspecto, fue una predicadora contínua aunque no hablara de Dios: su misma persona, su porte, su estar, traslucían a Dios.

¡Ese es el diálogo, esa es la comunicación a que tenemos que tender las hijas de Santa Teresa!, sirviéndonos de muchos de ellos y también a veces del diálogo sirviéndonos de las palabras, ¿no? Pero ante todo que manifestemos a Dios en nuestra persona, en nuestro estar.

Esto contribuye a crear un ambiente apropiado para entenderse, para hacer que el grupo se una más, se cohesione más cada día. Este lenguaje nos dice la Santa que hay que aprenderlo cuanto antes, esto nos lo dice el Camino de Perfección en el capítulo 20. El lenguaje que nos enseña Santa Teresa a las que formamos la comunidad, a las que somos hijas suyas, puede extrañar a los de fuera -eso nos lo dice ella- pero esto no nos tiene que preocupar. A veces no obsesionamos o nos preocupamos excesivamente porque nos entiendan los de fuera. Y ella dice que no, que eso no es lo más importante. Ella precisa con claridad cuál tiene que ser nuestra postura -la postura de sus hijas- si el mundo quiere comunicarse con nosotras. Nos dice en el Camino de Perfección en el capítulo 20. Leo algunas frases, no todo el párrafo:

“Hijas mías, vuestro trato es oración… Éste es vuestro trato y lenguaje. Quien os quisiere tratar, depréndale; y si no, guardaos de prender vosotras el suyo; será infierno. Si os tuvieren por groseras, poco va en ello; si por hipócritas, menos… Si los que os trataren quisieren deprender vuestra lengua, podéis decir las riquezas que se ganan en deprenderla. Y de esto no os canséis, sino con piedad y amor y oración, porque les aprovechen… Vayan a buscar maestro a que se le enseñe.”

Se trata de animar a los demás a que aprendan nuestra manera de vivir y de dialogar, de comunicarnos. Todo esto que os acabo de decir de la propia vida. Que les enseñemos a esto, que si no nos entienden pues peor para ellos, pero que no nos turbemos por eso. Que lo que importa es que ellos aprendan nuestro lenguaje, no nosotras el del mundo, porque nuestro lenguaje al fin es el del Evangelio, es el de Cristo y se trata de atraerlos hacia nosotros, no de irnos nosotros hacia ellos. Y llegará el momento en que se engancharán porque al final, lo que sacia es este lenguaje, el otro cansa, fatiga, aburre, harta. Les puede costar acercarse pero al final, les va a llenar y se van a enganchar y lo van a aprender.

Santa Teresa dice que, para el diálogo fraterno, no vale cualquiera. Hay que estar entrenado para las reglas del juego, que exigen varias cosas:

  1. Saber escuchar
  2. No hablar por hablar
  3. Tener claridad de ideas
  4. Respetar al otro
  5. Acomodarse al modo de ser de Aquel a quien se trata. Lo dice San Pablo: “hacerse todo a todos para ganarnos a todos para Cristo”.
  6. Participar en todo lo concerniente a la comunidad: No descolgarse de la comunidad, no aislarse de la comunidad, no ser un inadaptado… Lo que decíamos antes: si no es imposible dialogar y llegar a una comunicación íntima.

Y a esto hay que añadir, pues sino falta un ingrediente -y esto ella lo hacía muy bien- que además de todo eso hay que ser: espontáneo, alegre y recreativo. O sea: hay que entrenarse en ser muy suelto, muy espontáneo, muy alegre y muy recreativo, porque si eres un pesado de preocupar, y lo que cuentas duerme al más despierto pues… no hay comunicación, hay dormición y no es eso. O sea: tienes que ser capaz de comunicar y mantener la atención del que te está escuchando, además de respetarle, comprenderle, tener claridad de ideas, no hablar por hablar, saber escuchar… O sea, unos pocos requisitos… Entonces cuando ya se aprende todo, aprendes a dialogar. Por eso digo que dialogar es una cosa muy concreta y cotorrear… otra muy simplona, que no tiene nada que ver.

Como resumen de todo -y esto es precioso, es uno de mis párrafos favoritos del Camino de Perfección– así nos presenta Santa Teresa a una hija suya que sabe dialogar fraternalmente. Es un párrafo muy conocido, precioso:

“…todo lo que pudiereis sin ofensa de Dios procurad ser afables y entender de manera con todas las personas que os trataren, que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar y no se atemoricen y amedrenten de la virtud. A religiosas importa mucho esto: mientras más santas, más conversables con sus hermanas, y que aunque sintáis mucha pena si no van sus pláticas todas como vos las querríais hablar, nunca os extrañéis de ellas, si queréis aprovechar y ser amada. Que es lo que mucho hemos de procurar: ser afables y agradar y contentar a las personas que tratamos, en especial a nuestras hermanas.” (Camino de Perfección, 41, 7)

5 comentarios en “Traslucir a Dios

  1. Hoy se habla mucho de la inteligencia emocional,está de moda. Y mira tú por donde que Sta. Teresa de Jesús nos tomó la delantera. Gracias Madre Olga por sus comentarios a las obras de La Santa del Carmelo. Así es más fácil entederla y sacar mejores frutos de sus enseñanzas.

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  2. Maravilloso cada texto, cada expresión e interpretación de la exquisita Madre Olga María del Redentor de nuestra amada Santa Teresa.
    Gracias, admirable Madre, un regalo de Dios al mundo.
    Hermanos en Cristo, los abraza
    Isabel Pérez
    Montevideo, Uruguay
    🕊🌹

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  3. Gracias a Dios por este nuevo dia. Gracias madre Olga por escribirme ya la extrañaba. Es reconfortante saber de usted y mas aun leer sus palabras en medio de un mundo de violencia y falto de valores. Que Jedus sea nuestro camino y guia. Dios la bendiga y tambien a todas las hnas en cristo. Saludos desde Ciudad de Mexico.

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  4. Gracias Madre Olga!!! Vuestras palabras son un bálsamo de amor, para la humanidad!! Cuanto aprendo de ellas!! Jesús y María sigan bendiciendola a usted y a todas sus hermanas!!!

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