El lenguaje: dialogar con la vida

Entre otras cosas, no se le escapa un factor que no siempre si es tenido en cuenta cuando se trata de dialogar: el lenguaje. El lenguaje, que es ese conjunto de palabras y formas de expresión por medio de las cuales se relaciona una comunidad determinada. Un lenguaje, un modo de hablar. Cada comunidad tiene su lenguaje -si es una comunidad normal- como cada familia tiene su lenguaje y cada grupo de amigos tiene su lenguaje, ¿no? Un lenguaje que todos comprenden, que todos interpretan de la misma manera y que le sirve para comunicarse.

Ella quería para sus comunidades el mismo lenguaje. El diálogo se facilita cuando todos los que intervienen, hablan el mismo lenguaje, si no sería un “guirigay”: si una habla en inglés, la otra en francés, otra en portugués y otra en ruso… pues no habría manera humana de entenderse ¿no? Pues en el mismo idioma puede haber diferentes lenguajes, diferentes maneras de utilizar las palabras, diferentes sentidos… Y ella quiere que todas utilicemos el mismo: que demos a las palabras el mismo significado, que busquemos los mismos objetivos y que se expresen estos objetivos desde la misma vocación. Primero es hacia dentro, en la comunidad, donde todos están llamados a usar el mismo lenguaje para comunicarse y poder comprenderse. Todas se van a entender y podrán comunicar sus ideas, sus sentimientos, seguras de ser comprendidas y de no ser malinterpretadas. Esto es importante porque es muy liberador.

Si tú te vas a comunicar a otro y estás pendiente de cómo te van a entender, cómo van a interpretar, qué van a pensar, qué van a decir… pues eso es como… ¡¡..!! Te quita libertad y no expresas ni das todo lo que tienes que dar ¿no? Si tienes que ir con cuidado de no pisar… pues eso mismo te cohíbe, te coarta. Pero si tú tienes libertad porque sabes que no te van a interpretar mal, que no te van a juzgar, que no van a dar lugar a equivocaciones, que no van a manipular lo que tú expreses… pues eso libera muchísimo y hace que la comunicación sea mucho más fluida, ¿no?

El diálogo fraterno en comunidad no queda reducido para Santa Teresa a comunicarse entre sí desde la palabra, eso ya lo hemos dicho antes. También se dialoga -y esto es lo más importante y lo que más suele pasar desapercibido cuando se habla del diálogo en comunidad y de la comunicación- que los diálogos más importantes no son con palabras sino con las obras, con la vida. El diálogo más importante es mi vida, el mensaje que yo transmito con mi vida y lo que yo comunico con mi vida. Y al mismo tiempo soy receptiva al mensaje que otras me comunican con su vida, a la respuesta a mis actitudes en las actitudes de las demás, en su vida y en su entrega.

Ese es el diálogo más importante y al que menos atención se presta en las comunidades. ¡La vida! ¡Lo que hacemos! Porque yo os puedo contar maravillas pero luego, en mi vida, no doy pie con bola, no hago nada de lo que digo, soy la incoherencia personificada. Entonces… ¿qué aporto a la comunidad? ¡Nada! Un cacareo hueco bla-bla-bla-bla-bla-blá… Y diréis: sí, qué bonito lo que dice, pero si es que no nos acaba de convencer, porque parece que ni ella misma se lo cree, puesto que no lo vive…

Muchas veces hay que expresar las cosas con palabras, de acuerdo. Pero lo aconsejable es que primero vivamos, dialoguemos con nuestra vida, con nuestra actitud, y luego ya expresemos con palabras eso que vivimos. Entonces nuestras palabras van mucho más llenas de sentido, de contenido… y son mucho más convincentes, son mucho más creíbles.

Lo más importante es dialogar desde las obras, desde la disponibilidad en el servicio a los demás, desde gestos y posturas que expresan valores humanos y espirituales, desde el espíritu de sacrificio callado que es mucho más elocuente que todas las palabras del mundo. ¿Qué manifiesta que yo sigo a Cristo paciente? mi sacrificio callado ¿no? A veces lo más expresivo es cubrir con un manto de silencio un montón de cosas que hay a nuestro alrededor que, lo primero que nos ocurre, es denunciarlas: “¡es que hay que decir!” A lo mejor… lo primero que hay que hacer… es callar. Y eso puede ser mucho más elocuente, mucho más revelador, mucho más expresivo, mucho más convincente, que todas las palabras del mundo. La actitud, el espíritu de sacrificio callado, que me une a Jesús y a Jesús sufriente, a Jesús paciente, a Jesús Crucificado. Yo sigo a Jesús Crucificado y lo sigo desde mi silencio muchas veces.

También hay que dialogar desde la oración que va cambiando progresivamente la mira de cada una de las que forman la comunidad. Muchas veces decimos: “es que hay que cambiar. Es que Fulanita no cambia, ¡esta hermana no tiene remedio! ¡No cambia!” Eso es muy fácil decirlo ¿sabes?, ¡Cualquier tonto lo dice! “Fulanita no tiene remedio, no cambia. Llevamos así no sé cuanto tiempo y no se ha movido de su sitio, no ha avanzado un palmo…”

Y la pregunta es: ¿qué he aportado yo para que esa persona cambie? ¿Qué he aportado yo con mi vida? ¿Cuál ha sido mi entrega? ¿Cuánto he orado yo para que esa persona cambie? ¿Cuánto me sacrifico yo para que esa persona cambie? Esa oración, ese sacrifico, esa entrega… es diálogo de verdad, diálogo de comunión y mucho más convincente que decir: “¡Es que Fulanita no cambia!” ¡¡¡Noticia fresca!!! Ya lo sabemos todas y ¿qué? ¿Y tú cambias? ¿Y yo cambio?

La oración, el trato con Dios es un diálogo comunitario, mi unión con Dios es lo que me hace tener qué comunicar a los demás. Esa entrega, ese estar con Él, es la noticia más importante ¿no? y quizá la que menos se da en las comunidades. ¿Cuál sería la noticia más importante, la más interpelante, para una comunidad?

5 comentarios en “El lenguaje: dialogar con la vida

  1. Estimada madre. Creo que en este mundo en el que vivimos es muy necesario el silencio, la escucha interior primero y a los demás después,para poder llegar aún buen lenguaje, a una buena comunicación con los demás. Por poner un ejemplo en España todos hablamos el mismo idioma, y aunque usted sea del norte y yo del sur,,si nos escuchamos seguro que nos entendemos.Si vaciamos nuestra mente de todo ese ruido ensordecedor que nos rodea y que muchas veces es vano e inútil, seguro que si hablamos nos entenderíamos. Y lo más principal , como dice el evangelio : aunque hablara las lenguas del mundo si no tengo amor de nada me vale.
    Muchas gracias por compartir sus reflexiones.

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  2. Me encontré con ustedes gracias a Santa Teresa, viendo los videos de las Moradas. Soy Mexicana, pertenezco a la Orden Seglar de las Carmelitas Descalzas del Centro de Guadalajara, aún Novicia, me llenó de emoción al escuchar sus Comentarios a las Moradas, dedicare mas tiempo para escuchar más lo que comparten, espero un día poder pasar a saludarlas, Dios las llene de Bendiciones por siempre. Gracias infinitas

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