El amor auténtico es el diálogo auténtico en la comunión

En repetidas ocasiones, sobre todo en el Camino de Perfección, la Santa aconseja a las que sintiéndose llamadas pero remisas a aceptar las exigencias de este nuevo estilo de vida, que se vayan a otro monasterio. Ella lo dice buen claro: “¡Esto es lo que hay! Si no os parece bien… ¡pues idos! No hay ningún problema.”

Ella lo dice muchas veces en el Camino de Perfección: “Éste es el nuevo estilo de vida: esto supone, esto implica, éstas exigencias conlleva y a la que no le guste… pues nada, que se vaya y que Dios la bendiga y sea feliz en otra parte, pero aquí es así. Y, si no es así y no os gusta lo que hay aquí, pues entonces es que no es aquí. Idos a otro sitio. Pero esto es lo que hay” Ella no baja, no rebaja el listón, ni echa agua al vino. ¡No! Ella ha creado un odre nuevo para que el vino nuevo esté ahí y envejezca ahí y llegue a su plenitud de sabor, de aroma y madurez en el odre, pero echarle agua al vino porque el vino nuevo este les parece muy… Pues si no te gusta, no lo bebas. Vete y punto. Pero no se echa agua al vino.

También aconseja a la Priora que a la que no conoce la vida de comunidad la invite a marcharse, con mucha monada, pero le diga que se marche. O que la eche directamente o que le diga con mucha monada que se marche. Esto lo dice en el Camino de Perfección capítulo 7 en el número 11: “La que viera que no es para llevar lo que aquí se acostumbra, lo diga. Otros monasterios hay adonde se sirve también al Señor”. ¡No es para esta casa! No está diciendo que esto sea la única alternativa ni la mejor, ni la… sino que esto es así y en otros sitios pues servirás al Señor de otra manera, a lo mejor, más conforme a tu modo, a tus exigencias, a tus aspiraciones… pues te vas y ya está, pero no estropees lo que hay aquí. Ella en esto es muy clara. Entonces les dice que directamente que se vayan o la Priora que con mucha… hummm… la invite a marcharse pero que no nos fastidie, definitivamente. Mente práctica de Santa Teresa: esto es lo que hay, ¿no?

Y en Camino 13, 1 dice su famosa frase, de todas conocidas: “La que no quisiere llevar cruz, sino la que le dieren muy puesta en razón, yo no sé para que está en el monasterio; ¡tórnese al mundo!” Esto es el principio del capítulo 13. Si no hay ningún problema, si no es obligatorio estar aquí y las que estamos, estamos porque queremos estar; y la que no quiera estar, pues que se marche y no pasa nada, no pasa nada. Pero que dejen de dar el tostón, que dejen de intentar manipular lo que hay y que dejen de intentar aguarnos el vino. La que no está a gusto que se marche y ya está, no hay ningún problema. Pero que no importune -lo dice ella- que no alboroten, que no perturben.

Quizás donde la Santa se muestra más exigente para que una candidata entre para formar parte de la comunidad es en el capítulo 14 del Camino. Ahí ya es… va subiendo el tono del 7 al 14 va subiendo, el 13 ya ¡humm! sacude bien y en el 14 sacude sin piedad ninguna, ¿no?, da firmemente.

Primero, las ha invitado a irse y, si alguna se ha colado y no se ha ido, ahora dice a la Priora que las eche sin más coplas pero ya no amablemente sino, si hemos llegado hasta aquí, si nos ha colado alguien… pues ¡fuera! Cuanto antes la mandemos fuera, mejor -eso se lo dice ella a la Priora- y todo porque no están capacitadas para conversar, para tratarse como conviene ¡Qué importante es esto! Ha asentado desde el principio que “no viene nadie a esta casa sino quien trata de esto” (Vida 36, 26).

Aquí en este capítulo 36 del Libro de la Vida el número 26, la Santa identifica el diálogo –para que veáis lo importante que es para ella y lo que es el diálogo teresiano– con el amor espiritual de unas con las otras, que nos ha explicado en los capítulos del Camino. Para ella dialogar es amarse, no es necesariamente hablar sino que haya una comunión de corazones, de oraciones, de deseos. Cuando esto se da, cuando esto sucede, es un diálogo aunque no haya palabras. Cuando las hermanas se quieren, están unidas y se profesan ese amor espiritual del que ella nos ha estado explicando en el Camino de Perfección, entonces hay una comunicación íntima, hay un diálogo auténtico, porque los corazones están unidos. Entonces hay una comunicación, hay una relación íntima, profunda, muy por encima de las palabras, a veces habrá palabras y a veces no habrá palabras.

Y la Santa dice que la que no es capaz de amar de esa manera, de vivir de esa manera, pues… que no es para esta casa, que tenemos que tratar de esto, o sea, profesarnos ese amor espiritual unas a otras. Y luego, habrá veces que se demostrará en palabras, otras veces con gestos, otras veces con nada porque se lleva dentro y no hace falta exteriorizarlo siempre… pero la cuestión es que sea una realidad que exista, que se de en la comunidad.

Esto es muy importante porque nos está hablando del amor auténtico y de la importancia que Santa Teresa da a ese amor y a esa comunicación. Porque ese amor y esa comunicación, ese diálogo auténtico, no siempre con palabras, son la misma cosa para ella. Para ella el amor auténtico es el diálogo auténtico en la comunión.

Cuando dos almas están unidas, muchas veces no necesitan hablar, porque están unidas y están viviendo lo mismo, están compartiendo lo mismo y muchas veces las palabras estorban. Ya os lo he dicho muchas veces: que las palabras son nuestro medio más común, más habitual, de comunicación, pero son el medio más pobre a la hora de expresar… el medio más limitado. Aunque sea el más habitual, es el más pobre, el más lleno de límites.

Y para la Santa ese amor auténtico es sinónimo de diálogo auténtico en la comunión, diálogo auténtico en Cristo, diálogo con Cristo y en Cristo. Y el amor no-recto, el amor en el que se infiltra le egoísmo, la búsqueda de uno mismo -todas esas cosas que también nos explica en el Camino de Perfección- esas aficiones desordenadas que en realidad son manifestaciones del egoísmo… ella dice e identifica que ese amor no-recto, ese amor no-espiritual, es igual que las palabras huecas, la palabras vanas, las palabras vacías: un parloteo que no es diálogo, ¿no? y querer llenar de ruido nuestra vida. Porque esas palabras, ese diálogo nunca van a ser amor, nunca van a llegar a Cristo. Sino que es un ruido que nos llena por dentro, pero que, en el fondo, no une, no comunica, no comparte, no es de Dios… porque ese parloteo hueco, esa palabrería vana, es fruto del egoísmo, no es del amor. Luego -si es fruto del egoísmo- no lleva a la unidad, no lleva a la comunión, no nos lleva a Cristo. Esto es muy importante y ella lo identifica así. Cuando Santa Teresa cuenta con la comunidad, piensa en equiparla con los medios necesarios para que se consolide, para que se fortalezca y cumpla con el fin para que el Señor las juntó allí. Eso a ella le importa muchísimo: para que estamos aquí, cual es nuestro llamamiento.

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