Igualdad evangélica y sinceridad en el trato

Las Constituciones de la Carmelitas Descalzas que fueron aprobadas en 1581 -la Santa Madre las conoció ya al final de su vida– sintetizan en algunos puntos la vida comunitaria y el nuevo estilo, para que todas se sientan miembros comprometidos y activos de la comunidad, que se trata según una determinada escala de valores espirituales y humanos. Es -más o menos- lo que os acabo de decir, no es un diálogo puramente humano, sino que tenemos unos principios y unos valores porque para eso estamos en la Vida Consagrada: para regirnos por el baremo de todo el mundo… pues no hace falta estar aquí. Hemos recibido un llamamiento que significa que tenemos unos valores y unos criterios a la hora de regirnos en todos los ámbitos de la vida y también en el diálogo.IMG-20191103-WA0081.jpg

¿Cuáles son nuestros valores espirituales y humanos que están ahí en esas Constituciones sintetizados? Pues… sentido de igualdad evangélica y de franca sinceridad en el trato.

Éstas son dos cosas que, en el trato humano, son plantas exóticas, no se cultivan, no existen prácticamente nunca y en la Vida Consagrada tampoco estamos mucho mejor.

¡Igualdad evangélica y sinceridad! Y ¡¡eso hay que entenderlo bien!! Porque la igualdad… ¿es que todos somos iguales? ¡Bueno, pues, sí pero no! Porque si tengo un diálogo con Dios no estoy teniendo un diálogo con un igual, por muy confiado que sea mi diálogo con él. Pero yo soy consciente de que no estoy tratando con un igual. No puedo tener un mismo diálogo con Dios que con una monja, con una monja sí se trata como con un igual.

¿Confiado el diálogo con Dios? ¡Confiadísimo! Yo os puedo decir que mi trato con el Señor es de absoluta confianza: pues si yo no tengo confianza con el Señor, vosotras ya me contaréis con quien… ¡apaga y vámonos! Pero aunque es mío y todo mío y para mí y la confianza es absoluta… es mi Señor, ¡no es mi hermano, no es un igual! Porque hay quienes entienden que la confianza es que todos somos camaradas, todos somos iguales, nos damos palmaditas en la espalda… Pues, mire usted: ¡¡No!! ¡No, no es así!

Y lo mismo pasa en una comunidad: ¿somos todas iguales? sí y no. “¡Somos todas iguales!” Sí, somos todas hijas de Dios, somos todas hermanas, pero un superior no es igual que un súbdito. “Es que dicen que el Concilio ha dicho que los superiores son iguales.” Que me digan donde dice eso el Concilio -que no lo dice- ¡no lo dice! Lo que pasa es que cada cual interpreta el Concilio…

En ningún sitio dice el Concilio que el Papa sea igual que los obispos y que los obispos sean igual que los sacerdotes y que los sacerdotes sean igual que los fieles. ¡No! somos todos hijos de Dios y miembros de la Iglesia, pero el Papa no es igual que yo. A mí no se me ocurre -si algún día Dios me concede la gracia de una audiencia con el Papa- le trataré con todo el cariño, con toda llaneza, pero no voy a dar dos palmaditas en la espalda diciendo: “¿Qué tal? ¿Cómo hemos dormido esta noche, Santo Padre?” Pues ¡no!, ¡porque no procede! Le besaré el anillo y procuraré hablarle con toda llaneza, como yo soy, pero siendo consciente de quién es él y de quién soy yo.IMG-20191210-WA0054.jpg

Pues en una comunidad religiosa pasa igual. “Sí, sí los superiores tenemos que estar a la altura de todos y todos somos iguales…” Pero ¡no! Un superior no es igual que un súbdito. Yo por lo menos cuando no era Superiora, he tratado a mis Superioras con muchísima confianza y muchísimo cariño, pero no eran igual que yo, la Priora era la Priora y no hay más vuelta de hoja. Es que esto es así… “Entonces… es que no somos todas iguales…” ¡No, eso es un error!

Y, en el diálogo se tiene que reflejar eso, porque creemos que la confianza es… Muchas veces confundimos la confianza con la vulgaridad, con la falta de respeto, con la falta de… ¡No, no! Yo puedo tener muchísima confianza con una persona y, porque tengo confianza y da respeto, mantengo un diálogo en los términos adecuados. Yo lo entiendo así, yo no puedo hablar con todo el mundo igual. Yo no hablo igual con mi madre que con la madre de una hermana cuando venga, aunque trate las madres de las hermanas con muchísimo cariño, pero que no son mi madre. Mi madre es la mía con quien tengo un trato aparte. Esto es evidente y esto Santa Teresa nos lo dice y San Juan de la Cruz lo dice de otra manera, pero no voy a entrar ahí ahora, porque si no… esto sería muy largo, ¿no?

Una cosa es la igualdad evangélica y otra es el respeto debido, el saber estar cada uno en su lugar, eso es importante. Que no tiene nada que ver con la desconfianza, ¿eh?, ni con la lejanía, ni con ser unos estirados o gente rara… ¡No! Pero cada cual tiene que saber estar en su sitio y comprender quién está por encima y quién está por debajo, que aquí nadie es más que nadie, pero cada cual tiene su puesto, su lugar. De hecho, Jesús lo dejó así:

-¿Todos los apóstoles eran iguales?

-¡Sí!

-¿Todos eran apóstoles?

-¡Sí! ¿A todos llamó Él?

-¡Sí! Pero dijo: “¡Éste es Pedro! Y a éste le hacéis caso.”

-“¿Es que Pedro era más que los demás?”

Era igual que todos incluso más mendrugo que muchos, pero había sido investido para una misión y Dios le había designado y le había señalado para algo y ha dicho al resto que lo que Pedro diga se haga.

Y Pablo, que era mucho más culto que Pedro y con mucha mejor formación religiosa, porque era fariseo y por muchas otras cosas, cuando se convierte, va a ver a Pedro porque sabe que Pedro es Pedro. Luego, otra cosa es que, también con mucho respeto, cuando Pedro se cuela, le dice: “¡Esto no es así!” Pero lo que Pedro dice es lo que Pedro dice y reconoce la autoridad de Pedro siempre aún cuando, repito, Pedro era un pescador que en muchas cosas era inferior a Pablo, pero era el que Jesús había señalado.

Screenshot_20191206_233000.jpgLuego Jesús no dijo: “Sois todos iguales. Haced cada cual lo que os de la gana o lo que Dios os de a entender.” ¡No, no! Sí: todos sois Iglesia,  pero éste es Pedro y sobre Pedro se edificará todo. Y eso lo dejó clarísimo en su momento y lo reafirma después de la resurrección en Tiberiades: “Apacienta mis corderos”. Eso se lo dice solo a él. A predicar… ¡les mandó a todos! Pero al frente del rebaño queda Pedro.”

-¿Entonces Jesús tenía favoritismos?

-¡No! No son favoritismos. Es la misión de cada uno y el lugar de cada uno en el Cuerpo Místico.

-“Sí tenía favoritismos porque a Getsemaní se llevó consigo a Pedro, a Santiago y Juan.”

-Pues mira, eso no es favoritismo porque murió por Pedro, Santiago y Juan igual que por el resto. Pero era un llamamiento diferente y ahí entramos en el terreno del misterio, no tiene nada que ver con los favoritismos.

Es que eso hay que entenderlo muy bien porque hay gente tan divertida que acaba acusando de “favoritista” a Dios mismo, mira que… ¿¿?? Hay que decir que no, que en Dios no cabe eso. Y tampoco da a todos igual, porque lo mismo nos lo dice en la parábola.

-“Entonces… ¿es injusto?”

-¡No, Dios es infinitamente justo porque la justicia no es dar a todos lo mismo, es dar a cada uno lo que necesita! Ésa es la justicia y eso es lo que Dios hace. Pero no da a todos lo mismo, da a cada uno lo que necesita y todos estamos cuidados y atendidos por su Providencia. Pero no de igual manera.

Eso hay que entenderlo muy bien porque la igualdad, la igualdad, la igualdad, la igualdad… suena a partido comunista. La igualdad es una cosa y la justicia es otra. Iguales son los clones y no han sido creados con amor y Dios nos ha creado a cada uno y a todos distintos.

-Fíjate tú si es malo Dios que no nos ha hecho iguales. Claro, si es por la igualdad… podría habernos hecho a todos en serie. Y no nos ha hecho todos en serie. El ADN de cada uno es una etiqueta única que la persona tiene.

-Entonces no sé yo si ha sido bueno porque no ha sido igual con todos.

-¡Menos mal! Porque si hubiera sido igual con todos… la Virgen María… sería igual que todos: también con pecado original. Y ya puestos… si nos hace en serie, nos hubiera redimido con una máquina de código de barras.

-¡Yo que sé…! Es que el amor no existiría, porque el amor es personal, es único y es singular.

-Entonces… ¿¿??

-Que en Dios todo eso no cabe.

-Pero entonces… ¿Dios es malo, es injusto?

-¡No! ¡Es Dios! Es que la igualdad es una cosa y la justicia otra.

Y la igualdad en el sentido del mismo amor. Sí, porque somos todos amados hasta el extremo, pero cada uno de una manera diferente; en eso hay igualdad. Pero Dios, gracias a Dios, no se repite, ¿no? Esto hay que entenderlo muy bien porque en las Comunidades se arma cada lío la gente con esto de la igualdad y…

Luego la sinceridad… ¡puffff…! Capítulo aparte, porque hay personas que en aras de la sinceridad… son como los elefantes en cacharrería y entran: ¡plam, plam, plam…! “Porque yo soy muy sincera.”

¿Eres muy sincera o eres una bruta? Porque la sinceridad es una cosa… Dios es sincerísimo ¡es la Verdad! Pero la verdad no sirve para pegar a otros en la cabeza. Y, si la estás usando para pegar al otro en la cabeza, no es verdad porque Dios mismo es la Verdad. La verdad no es un arma arrojadiza y además… la verdad plena no la tiene nadie ¿sabes?

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La Verdad es Dios y a Dios en plenitud -en esa vida- no le tiene nadie. La Verdad es algo tan grande, tan grande, tan grande, tan grande que se identifica con Dios mismo. Y no es que el mundo esté lleno de mentirosos, sino que de esa verdad cada uno capta o percibe un poquito, una parte, un aspecto, porque nadie tiene capacidad de percibir toda la verdad. Entonces yo voy con mi verdad, tú vas con la tuya, la otra va con la suya, cada cual con la bandera de su verdad… queriéndosela meter al otro por la cabeza sí o sí. Y eso es absurdo. Y, claro… “como yo soy muy sincera, tengo que decir todo lo que pienso”. Pues eso no es ser sincera, eso es ser una bruta, una imprudente y probablemente una metepatas. Todo lo que piensas no lo puedes decir nunca porque vas a meter la pata 99,9% de las veces.

Hay que pararse y ver si, la verdad que voy a decir construye o no construye. Una cosa es que yo sea sincera en lo que diga y lo que me parece que no tengo que decirlo me lo calle; eso no es ni ser sincera, es ser prudente muchas veces y no decir una cosa por otra, ¡vale!, porque eso sería ser mentirosa, ser falsa, ser mendaz. Pero en aras de la sinceridad, yo no puedo decir todo lo que pienso de todo el mundo porque si todo el mundo dice lo que piensa de el de al lado… ¡agarrémonos! que en diez minutos la Tercera Guerra Mundial va a ser un juego de niños al lado de la que se podía liar.

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¡No se puede, porque no se debe! Porque Dios no lo hace, Dios no viene con su Verdad como un tanque atropellándonos, porque “¡como es muy sincero…!” Dios no hace esto, Dios no actúa así, Jesús no lo hizo. A veces hay que tener mucha paciencia a la hora de decir las cosas y hay que decirlas, pero en el momento oportuno.

¿Qué pasaba con Jesús cuando vienen aquellos -blá-blablablá-blablablá- discutiendo? No venían dialogando, venían discutiendo, y Él se vuelve: “¿De qué hablabais por el camino?” ¡Ya no le han contestado! Quién era el más importante, quien era el menos importante:

-“¿Por que no voy a ser el primero?”

-“Pero le dijo a Pedro”.

-“Pero, bueno, por lo mucho que le digan Pedro, a quien cuenta las cosas es a Juan”.

-Y Juan dice: “¿Yo? ¡A mí no me cuenta nada!”

Entonces aparece la madre diciendo que “el puesto a la derecha y el puesto a la izquierda”…

¿Eso era un diálogo? ¡No! Eso era una confrontación, porque allí nadie dialogaba, allí cada cual quería arrimar el ascua a su sardina, defender sus intereses y… Jesús no se vuelve y les echa una filípica, sino que les hace cortar la conversación con una pregunta estratégica. No dice: “¿Queréis dejar de decir estupideces que ya llevo quince minutos oyéndoos?” ¡Eso lo diríamos nosotros! Él se vuelve y dice: “¿De qué habláis? ¿Qué conversación traéis por el camino que os veo tan animados?” ¡Se acabó la conversación! No consta en el Evangelio que nadie contestara. Eso también es muy humano, ¿no? desde la primitiva Iglesia: cuando algo no nos interesa, miramos para otra parte, silbamos, no contestamos… es una cosa como muy normal.

5 comentarios en “Igualdad evangélica y sinceridad en el trato

  1. Me ha dado tanto que pensar, que no se ni que decir.
    Toca tantos temas importantes, temas que te separan de las personas, y te hacen daño.
    Justicia, igualdad, sinceridad.
    Dónde están los limites??
    No será cobardía tanto esperar el momento.
    Qué información callo y cual doy???
    En manos de Dios y dejándome guiar, ese es mi único consuelo

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  2. El amor a Jesús en lo más amplio de la palabra Amor, la ecuanimidad, la madurez y equilibrio sumado a los años de espiritualidad del Carmelo y como bonus elegida de Jesús como esposa, resulta como fruto valioso lo que acabamos de leer además, estudio y cultura. Ay Madre Olga que bendecida Religiosa y Madre Priora. Y nosotros que la seguimos con sed de conocimiento somos bendecidas y no que decir sus hermanas que la tienen al lado. Carmelitas Samaritanas la solución de Dios al mundo de hoy.
    Muchas gracias en Cristo Jesús.

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  3. hoy la lección me ha gustado de veras. Aquí, en el mundo, también nos pasa lo mismo con la igualdad, la sinceridad y todos esos valores que tergiversamos a conveniencia propia.
    Cuando me dices Madre Olga que a vosotras también os pasa, con lo que yo os admiro, (no te asustes), no por eso os desadmiro, al revés os admiro más todavía porque encima tenéis que cargar, además de con lo vuestro, con lo nuestro. Os he hecho un lío, verdad?. Me lo estaba imaginando…..Un fuerte abrazo y se deshace el lío.

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  4. Es posible que muchos lo tengamos claro eso de la igualdad evangélica pero cuando nos toca ponerlo en práctica…. uuufff!! el amor propio salta como un leon o se disfraza y alega el igualitarismo. Necesitamos la gracia de Dios para crecer en humildad

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