Mientras más santas, más conversables

No es ella sola quien vive ese gozo, son todas las hermanas de la Comunidad y esto resulta más significativo si tenemos en cuenta las condiciones en que vivían en Ávila: la austeridad y la pobreza extremas en que vivían y una clave importante es el estilo de humanismo y de suavidad. Esto es una de las cosas más importantes en el estilo de vida teresiano, su suavidad y su humanismo, que es lo contrario de lo que nos suelen pintar:

“Santa Teresa de Jesús, las Carmelitas Descalzas… ¡puffff…! ¡Hay que ser “súper woman” para entrar en un convento de esos!”

Pues no debería de ser así, porque la Santa Madre era de una grandísima suavidad y una mujer muy humana, muy comprensiva, muy razonable, no era para nada rígida ni dura.

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Otra cosa es que era clara, pero ser clara no es ser rígida. Que llamaba las cosas por su nombre y no consentía que nadie le tomara el pelo y menos una monja… Y era exigente en el sentido de que era muy veraz y la verdad es siempre exigente, pero no era dura, no era inflexible… ¡no! Si vemos –ya llegaremos- los últimos capítulos del Camino de Perfección, sobre todo el 40 y el 41, ella habla de cómo tiene que ser nuestro trato y manera de ser y de hecho ella era así y por eso todo el mundo la quería. Resultaba atractiva en su modo de ser, por su grandísima suavidad y humanismo. A esto se añade una gran simpatía y gran gracia natural, pero era –sobretodo- muy suave y muy humana, porque cuanto más cerca está una persona de Dios más suave es y más humana.

Lo mismo pasa con San Juan de la Cruz, que al pobre le pintan en el 20191006_074146.jpgcuadro ese -que a mí no me gusta nada- con la disciplina en la mano y el dedo índice en los labios… que encima lo pusieron cómo emblema del IV Centenario y daban ganas de salir corriendo. Él no era así para nada pero también le pintan así. Entonces, la gente asocia Carmelo, San Juan de la Cruz y Santa Teresa a morirte de miedo y de angustia, y eso es una deformación contra la que tenemos que luchar, porque es una imagen totalmente falsa de la realidad. Santa Teresa es una mujer tremendamente suave y humana y San Juan de la Cruz igual.

De hecho, ella tiene una expresión preciosa en el Libro de la Vida capítulo 36, número 30, que hay que grabar y promover que es “gran perfección con mucha suavidad”. Utiliza esa expresión, que es netamente teresiana: “gran perfección, con mucha suavidad”. La perfección no tiene nada que ver con el rigor, sino con el amor y la entrega de uno mismo. Pero eso no es a fuerza de golpes, ni de puños, ni de hacer el bruto. “Gran perfección, con mucha suavidad”.

En Vida 35, 12, cuando habla de la austeridad y de la pobreza en que viven -porque los principios fueron arduos y de mucha pobreza, de muchas carencias materiales pero no les impedían para nada ser felices- dice ella: “Llévanlo con una alegría y contento que cada una se halla indigna de haber merecido venir a tal lugar”. Santa Teresa bendice a Dios por esta realidad. Él es quien ha convocado a estas hermanas, que son almas escogidas, que son un verdadero regalo suyo, porque “no supiera desearlas tales para este propósito”. Para ella sus monjas son lo mejor y lo más. Y esto nos lo dice en Vida 35, 12: “no supiera yo desearlas tales para este propósito” o sea, está convencida de que Dios le ha mandado las mejores monjas, los mejores sujetos para ese propósito, para esa vida, y está agradecida y está gozosa. ¡Solamente de Dios puede brotar tanta alegría! Si leemos esos capítulos del Libro de la Vida, son un testimonio de la alegría, de la gozada que tenían, de cómo disfrutaban y vivían felices.

Habría varios testimonios posibles, referentes a estos años, que confirmarían la misma realidad. Entre todos ellos –que repito que habría bastantes– vamos a citar uno que es el de María de Salazar, que más tarde fue María de San José.

María de Salazar era doncella de Doña Luisa de la Cerda y fue una de las hijas queridísimas de la Santa Madre. Yo creo que ella, junto con María Bautista –la Priora de Valladolid– quizás fueron las dos monjas, dejando siempre aparte a la Beata Ana de San Bartolomé (que esa tiene su puchero aparte), más queridas por la Santa. Entre sus hijas queridas, con las que no estaba porque las fue dejando en diferentes monasterios, María Bautista y María de San José eran especiales para ella y la correspondencia que intercambia con ellas así lo demuestra.

Bueno: pues María de San José, a quien la IMG-20191018-WA0145.jpgSanta quería muchísimo, nos dice, nos presenta, su impresión personal. Ella, María de Salazar, trabajaba en la casa de Doña Luisa de la Cerda en Toledo y conoció a la Madre Teresa cuando fue a fundar su quinto monasterio a Toledo. Y no sé si sabéis cómo va la historia, la resumo: como aquello no salía y parecía que iba ser la fundación de Toledo facilísima porque había una herencia, había una serie de cosas… y fue la más difícil porque -aunque había una herencia no se podía llevar a efecto- hubo ciertas dificultades con el Tribunal Eclesiástico en Toledo… bueno: ¡un lío! Total: que no había manera humana de hacer la fundación aquella por muchos medios humanos que parecía que había, y entonces la Santa consiguió la licencia para fundar “sin renta ni patrón” y fundó. Y fundó en precario, precario, precario: no tenía nada -literalmente nada- para empezar, ni casa. Fue aquel famoso Alonso de Andrada que les encontró la casa y entraron allí como pudieron, tirando un tabique, armando la de Troya y tal…  Y cuando estaban en casa de Doña Luisa de la Cerda hospedadas, esperando a resolver todos esos “bollos” de licencia, no licencia, que si el pleito, la herencia y la casa… es cuando María de Salazar, que era doncella de Doña Luisa, las conoce. Conoce a la Madre Teresa, que era amiga de su señora, y a las monjas que van a fundar con ella. Y dice que “quedó fascinada por la Madre Teresa –eso no era difícil– y por sus hijas, por la admirable vida y conversación; y, en especial, por la suavidad y gran discreción. Me llamó el Señor a la religión viendo y tratando a Nuestra Madre y sus compañeras.” ¡El testimonio de vida! Al final es lo que atrae y es lo que mueve, ¿no?

Posiblemente sea necesario bajar el diapasón -está muy alto- al referirnos ya a los años posteriores. Pues por muchas razones: la Santa se fue haciendo mayor, cada vez era más el trajín de las fundaciones y podía estar menos tiempo en cada sitio que fundaba –fundaba y salía corriendo a fundar otro sitio- no le daba tiempo a quedarse porque, por ejemplo, en Ávila estuvo cinco años seguidos; en Medina estuvo dos, consolidando aquello; en Malagón no estuvo casi nada; en Valladolid tampoco… Estaba lo justo: unos meses para dejarlo bien y se tenía que marchar: en Toledo muy poco; en Pastrana  ya… ¡ni te cuento! Ya aquello fue variando ¿no? pero al principio, la vivencia era otra. Nunca faltaron problemas -porque eran seres humanos- fragilidades e incluso contradicciones. A la misma Santa le tocará enfrentarse a ellos.

Hubo conflictos y al final cuando le hicieron Priora de San José -en 1580 creo que fue o 1579- que estaba la pobre ya hecha una pasa y la llaman porque las cosas en San José, su primer monasterio, no van bien. La llaman, la reclaman, la eligen Priora y es cuando ella dice aquella frase maravillosa: “en fin, hijas, que me han hecho Priora por pura hambre.” Porque resulta que en San José, que nunca había pasado nada malo, pasaban hambre por diversas circunstancias, por fragilidades humanas. Ya no estaba allí la Madre Teresa y las cosas fueron decayendo: el trabajo manual no era el debido, no se rendía, con lo cual había penuria material también y cuando hay penuria material… todo el mundo se da licencia para hacer de todo porque en fin…  Y en medio de todo ese follón, la avisan de que en San José las cosas no van bien y que vuelva. Y vuelve y… ¡¡zas!! … la eligen Priora, como si la pobre fuera la panacea. Y cuando se ve ya muy viejecita, porque ya estaba… -de hecho, cuando murió era Priora de San José, todavía no había expirado su trienio, su mandato– pues cuando ve que la eligen Priora y dice: “En fin, hijas, que me han hecho Priora por pura hambre”, ella era muy irónica.IMG-20180603-WA0416.jpg

Lo mismo en su último viaje: “Alabado sea Dios que ya no es menester la Santa!” porque ella se da cuenta de que la llevan allí como si fuera una especie de amuleto protector para que el parto de la da duquesa joven vaya bien, la pobrecita. Y cuando llega, ya ha nacido el niño y la duquesa joven está perfectamente, el niño también y… Bueno, pues, alabado sea Dios que ya no hace falta la Santa, “ya no es menester la Santa”. Ella tenía su punto de ironía en muchas cosas porque se daba cuenta de que… en fin… Era de todo menos tonta… y al final, era viejita, estaba viejita, pero no era tonta, tenía las cosas claras ¿no? Y el pico irónico, la punta irónica siempre lo ha tenido. La ironía, la guasa, la tenía…

Pues digo eso: que hubo dificultades, fragilidades, problemas, contradicciones… Decir que eran una comunidad unida y que se amaban de verdad y que habían creado un estilo nuevo, no significaba que fueran ángeles inmaculados bajados del cielo. No: eran seres humanos con las fragilidades propias de cualquier ser humano. Lo que pasa es que enfrentaban tambien esa condición humana frágil y pecadora y miserable desde una perspectiva nueva y desde una espiritualidad nueva y desde un estilo nuevo.

A pesar de todos estos problemas, la Santa da un testimonio precioso de admiración y de gratitud a Dios. Lo hace en un párrafo del capítulo 4 del Libro de las Fundaciones, en el capítulo 5. Dice: “…comenzando a poblarse estos palomarcitos de la Virgen Nuestra Señora, comenzó su Divina Majestad a mostrar sus grandezas en estas mujercillas flacas, aunque fuertes en los deseos y en el desasirse de todo lo creado…”

Como veis, era una mujer profundamente realista: “unas mujercillas flacas”, porque no somos otra cosa, pero Su Majestad obra ¿no? Y ella vive agradecida y gozosa de que “estas mujercillas flacas” hayan sido escogidas, hayan sido llamadas y sean sus hermanas, y de ser parte de ese grupo de “mujercillas flacas”. También exclama: “Algunas veces me es particular gozo cuando estando juntas, veo a las hermanas tenerle tan grande –ese mismo gozo– interior que la que más puede más alabanzas da a nuestro Señor” (6 M 6). En medio de todas las fragilidades hay almas buenas en las que Dios se complace y que se gozan alabando y bendiciendo a Dios. Y ella tiene en eso su alegría, al haber podido cooperar a esa obra, esa obra impresionante que es la Reforma, en la cual hay un grupo de mujeres que alaban a Dios, que viven para Él, que le aman a pesar de los pesares, de las pobrezas y de las fragilidades.

Y ahora vamos a ver cuáles son los caracteres de la comunidad teresiana. La comunidad teresiana a la que ella llama –es una expresión muy bonita de ella– “pequeño colegio de Cristo”. Esto lo hace la Santa en el Códice del Escorial, en el de Valladolid no sale. En el Códice del Escorial, en el capítulo 20, en el número 1, llama a la comunidad “pequeño colegio de Cristo”. Porque el “pequeño colegio de Cristo” no es una simple realización humana, no es algo puramente humano que hemos hecho nosotros por nuestras fuerzas, ¡no!: es algo que es de Cristo. Teresa de Jesús lo sitúa en una perspectiva de gracia, de regalo, de don: la vocación es un don, cada hermana es un don, un regalo. La comunidad pertenece al Señor y es obra suya –eso ella lo tiene muy claro- la realiza y sostiene por el Espíritu Santo y se lo recuerda a las monjas en tres afirmaciones.IMG-20180108-WA0141.jpg

1º.  El Señor nos ha reunido. Dice: “Gracias al Señor que nos juntó aquí” (Camino 1, 5)

2º.  El Señor mora en nosotras: “Ésta casa es un rinconcito de Dios, morada en que Su Majestad se deleita” (Vida 35, 12)

3º.  El Señor cuidará de vosotras: “Los ojos en vuestro Esposo, El os ha de sustentar” (Camino 2, 1).

La actualidad de estos conceptos teológicos es ratificada por el Concilio Vaticano II en el número 15 de “Perfectae Caritatis”. Si cogeis “Perfectae Caritatis” número 15 y lo leéis, ratifica estas tres cosas que os acabo de decir: que Dios nos ha reunido, que mora con nosotros y que providencialmente nos cuida.

2 comentarios en “Mientras más santas, más conversables

  1. ¡Alabado sea Jesucristo! Saludo muy afectuoso para usted Madre Olga María. Le escribo desde San Felipe, Chile. Estamos como país viviendo dias muy dramáticos, caos en todos los sectores de nuestro pueblo. Confío en que nos detengamos y podamos mirarnos a los ojos y escuchar al prójimo, sin hacer diferencias de ningún tipo; se quisiera en breve, pero a largo plazo es lo que se viene. Lo último que leí de su valioso mensaje fue del 27 de octubre; me llamo mucho la atención lo que decía Santa Teresa; ” pequeño colegio de Cristo”, son de Cristo; perfección con suavidad “, al ver una comunidad de Carmelitas descalza, son tan alegres, no me olvido jamás, que son seres humanas con sus propia fragilidad, dones, virtudes, preparándose día a día para el encuentro mayor con el Señor. Reciba un gran abrazo de ésta indigna hija.

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