Dificultades en el día a día

Y en la realidad había factores que dificultaban muchísimo la vida común. El primero: ¡el número! La Santa habla de un número en torno a 180 monjas… ¡un pelotón en toda la regla! Que estaban allí pero no rezaban juntas, muchas veces no comían juntas; no tenían ratos de recreo, vivían ahí pues… no sé… yo me lo imagino como una pensión: harían grupillos, unas se entenderían mejor que otras… Y bueno… ¿Esto está bien? ¿Está mal? 20191017_065555.jpgNo sé si está bien o si está mal; era la consecuencia lógica del estado en que vivían: ¡cada una se las arreglaba como podía! Si le añadimos que muchas no tenían muy claro por qué estaban allí… Estaban allí porque las habían puesto, porque no tenían con quién casarlas ni qué hacer mejor con ellas -esto es una realidad- pues… ¡sálvese quien pueda! Cada una hacía lo que podía, sin malicia, pero… “mira, yo estoy aquí porque me han metido. Pues a vivir que son dos días, lo menos complicado posible, ¿no?”

Además del pelotón que eran -que eran alrededor de 180 monjas- al mismo tiempo se daban otras circunstancias que influían. Una de ellas era la extrema penuria económica porque no trabajaban. ¡No! No, porque tampoco se veía bien el trabajo manual, no se entendía, no se veía bien y una “señorita” no trabajaba, pues una monja tampoco. Con lo cual…. 180 monjas para comer sin trabajar… ¡imaginad lo que era aquello! La Comunidad llegó a una gran penuria económica de la que hay constancia. Y para aliviar la situación, porque se morían literalmente de hambre, ¿qué hacen? Pues… como formaban parte de una Orden mendicante ¡salían a pedir! Y no cosechaban gran cosa porque para 180… Pero salían a pedir con lo que eso supone también. ¿Por qué señalo eso? Porque Santa Teresa después nos va a prohibir expresamente pedir nada nadie: que no pidamos, ¡que trabajemos! Otra cosa es que luego ella pedía con mucha gracia, pero ella era ella; el resto no pedimos –lo dice bien claro– y que no se porfíe, que cuando sea una labor, que no se discuta por los precios: que si no interesa no se coja, pero que no estemos ahí a la gresca con nadie y menos por cuestión económica. Por eso digo que, viendo lo que ella había vivido, se comprende mucho mejor lo que después decidió vivir, ¡claro!20191017_065723.jpg

Digo que algunas salían a pedir y a otras las enviaban largas temporadas fuera del Monasterio con sus familias o en casas de amistades porque así era una boca menos… un problema menos. La Santa Madre vivió esto cuando la enviaron a la casa de Doña Luisa de la Cerda, por ejemplo. Había que consolar a Doña Luisa porque estaba muy triste y a ella la enviaba nada menos que el Provincial; también la mandaron a la casa de Doña Guiomar a donde también estaba Mari Díaz: eran dos bocas menos… Doña Guiomar tenía dos hijas en la Encarnación, la Priora la apreciaba mucho, y tenía “posibles”, y entonces se ofrecía a ayudar a las monjas. Y una manera de ayudarlas era llevarse a alguna a su casa y mantenerla una temporada.  Esto era habitual en la Encarnación y como además no había voto de clausura, pues la Priora veía el cielo abierto: menos bulto y una menos para repartir. Era una realidad que existía. Nos sorprende mucho pero entonces era habitual y no solo pasaba en la Encarnación. Hablo del Monasterio de la Encarnación porque es la única referencia que tenemos y porque era donde la Santa estuvo y ella nos cuenta pormenores. Pero que eso era habitual en los monasterios.

Y otra de las cosas que hacía era atender personas en el locutorio porque…  lo mismo: iban a tener un rato de conversación con una monja piadosa, que les escuchaba que encima si, por ejemplo, era Doña Teresa de Ahumada que tenía cola en el locutorio: era simpática, era ingeniosa, tenía… don de gentes, entendimiento… encima era piadosa, era espiritual… tenían una “charlita” espiritual con ella y allí les daban una limosna al Monasterio. Con lo cual la Priora la tenía todo el santo día en el locutorio. Y ¡a ella le gustaba! Ella lo dice: que en el fondo su vanidad… ¡Ella sabía que agradaba! ¡Ella sabía que pedían expresamente hablar con ella!, porque había otras monjas. Pero era… “¡No, no! Con Doña Teresa.”

Y ella sabía que pedían hablar con ella porque era una persona con muchísimos dones, con muchísimo atractivo natural y se traía a todo el mundo “de calle”. Y ella lo sabía y la vanidad la tentaba. Ella se lo tenía muy creído, lo sabía, lo sabía y le gustaba “gustar”. Eso no es nada extraño, porque es muy femenino: significa que era una mujer muy normal. Pero a cualquier mujer le gusta “gustar”, le gusta agradar, le gusta caer bien y ella sabía que lo hacía muy bien. Con lo cual, la Priora la tenía en palmitas… era una fuente de ingresos, además…22382324_1422378984527761_6467598392509111552_o

Es que era todo junto, eran muchos factores, ¿no? Sin mala voluntad por parte de nadie, porque tampoco la Santa tenía mala voluntad; al fin y al cabo, estaba obedeciendo, hacía lo que le mandaban. Otra cosa es que a veces los Superiores tenemos que tener cuidado de mandar lo correcto y no mandar lo que no debemos también. Pero a lo que voy, es que no había mala voluntad tampoco por parte de nadie sino que era una realidad que sucedía así, que se estaba dando así. Esto si tenéis ganas de cotillear, cuenta mucho la Santa Madre en el Libro de la Vida en los capítulos 30, 31, y 32 todos estos chismes, dimes y diretes y jaleos que se traían y cómo a ella le gustaba.

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