Programa de Santa Teresa para “ser monja”

Toda llamada espera siempre una respuesta. Cuando Teresa se rinde a Dios y centra su vida en hacer el camino de Cristo, cae en la cuenta de que ser monja es hacer de la vida una respuesta amor a Jesucristo. ¡Eso es ser monja! No es cumplir un horario, no es vestir un hábito, no es cambiarse el nombre, no es rezar la Liturgia de las Horas, no es…  Todo eso son aspectos de la vida de una monja, matices de la vida de una monja. Pero ser monja, ante todo, es responder a la llamada de Jesucristo en amor. Hemos recibido una llamada desde el amor, una llamada de predilección desde el amor, y hay que responder a esta llamada también desde el amor. No se puede responder de otra manera.  Antes que cumplir lo establecido o abrazar todos los trabajos que se presenten, está el amor de Dios que llama y el de Teresa que le responde. Ella nos habla de la postura que adopta y la que se mantiene para ser de veras monja.

En Vida 24, 5 dice: “No dejar de hacer nada cuando se trata de agradar a Dios”. Hay que aquilatar cada palabra. Ella nunca da puntada sin hilo. Repito la frase porque no tiene desperdicio: “No dejar de hacer nada cuando se trata de agradar a Dios”. ¡No escatimar nada! ¡No economizar nada! ¡No ahorrar nada! Y en cuestión de agradar a Dios, hay que decirlo: muchas veces somos tremendamente económicos, prácticos y -en definitiva- tacaños. Vamos a lo justo y ella dice justo lo contrario: que no hay que ahorrar nada, que no hay que ahorrar ningún esfuerzo cuando la cuestión es agradar a Dios.

En Vida 32, 7 dice: “Hacer todo lo que esté de su parte”. También nos dice que hay que proceder como enamorada de Cristo dejando de lado cualquier amor que pueda atenuar el amor de Cristo, o que no pueda ser enfocado desde el amor primero: Jesucristo. Esto lo podéis leer en Vida 24, 5-7 y V 37, 4-5.

En una carta a la Madre Ana de Jesús escrita el 30 de mayo de 1582, muy pocos meses antes de su muerte, dice la Santa: “Libres quiere Dios a sus esposas, asidas a solo Él”. Es una decisión nueva y radical de “seguir el llamamiento que Su Majestad me havía hecho a religión guardando mi Regla con la mayor perfección que pudiese” (Vida 32, 9).

Los capítulos 30, 31 y 32 sobre todo, es cuando ella empieza a describir en el Libro de la Vida el por qué de la Reforma, el llamamiento nuevo que recibe y le impulsa a fundar el Monasterio de San José y principalmente la razón fue esta que acabo de leer: “seguir el llamamiento que Su Majestad me había hecho a religión –o sea, ¡a ser monja!– guardando mi Regla con la mayor perfección que pudiese”. Esa fue la idea primera del inicio de la Reforma. Luego, conforme aquello se fue viviendo y sucediendo, ella va matizando esa idea, pero la idea primera fue vivir los consejos evangélicos y la Regla sin mitigación, con la mayor perfección posible. Para eso empezó Santa Teresa la Reforma y el Señor se lo pidió expresamente.IMG-20190807-WA0167.jpg

Ella estima y aprecia la vocación religiosa teniendo por grandísima merced que Dios la haya llamado: “Tener por grandísima merced el haberla llamado Su Majestad a ser monja” (C 8, 2). Para Santa Teresa la vocación es un regalo. Y eso es algo que yo he observado con pena en muchísimas almas consagradas, que yo no sé cómo empezarían su itinerario -no lo sé porque cada uno es cada uno- pero muchas veces te encuentras con religiosos y religiosas que arrastran penosamente la vocación como un yugo. Esto el que no se va, el que no coge directamente “las de Villadiego” y se va…

Y hay muchos otros que viven desencantados. Y si preguntas qué tal están y te contestan que “tirando”…. Lo peor que te puede contestar una monja es que “está tirando”. ¿Tirando de quién? ¿De los pelos del de al lado o de quien? ¿Tirando? ¡No, por Dios!

-¿Qué tal?

-¡Yo vivo feliz y yo estoy llena, yo me encuentro plena, soy dichosa, me siento afortunada y vivo agradecida!

“Ahí voy… tirando.” Y dices: “¡Ay, Dios mío! Y ¿hasta cuando tirará esta? Porque… ¡tirando no se puede vivir! ¡Dios no nos ha llamado para vivir tirando! ¡Nos ha llamado para que seamos felices y la vocación es un regalo, es una bendición, es un don, es un misterio de predilección!

Entonces estas personas que están en la Vida Consagrada… -que repito que, desgraciadamente, hay bastantes que van arrastrando la vocación como quien llevan un yugo pesadísimo– pues… primeramente, son un antitestimonio porque parece que Dios, al haberlas llamado, en vez de hacerles un regalo y un don, les ha hecho la faena más grande de todos los tiempos.

Yo lo que pienso es que tienen mal planteada la vocación. La vocación hay que vivirla siempre como un regalo, como una bendición, como una gozada. Lo cual no significa que todo vaya a ser rosa, idílico, romántico y maravilloso. Ni rosa –hay de todos los colores en la vida, pasando por el gris y a veces negro y negro oscuro- ni idílico, porque no, porque estamos en este mundo y la vida es como es y los idilios duran tan poco…

¿Romántico? Esto no es una novela, es la vida misma y… ¡claro! si no es romántica es porque la primera que no suelo ser muy romántica soy yo, sobre todo cuando digo al Señor: “¡déjame en paz!”, “¡estoy harta de no sé qué!”, “¡estoy hasta las narices de no sé cuanto!” Todo eso no es nada romántico. Y la nota del romanticismo la suelo yo poner yo en la relación. Dios no cambia, no tiene altibajos; la de los altibajos suelo ser yo. Él siempre está igual.

Y es muy triste –repito- que vivamos la vocación como un “mal rollo” que nos ha caído encima y “ya que estamos aquí… pues habrá que seguir”. ¡Pues no! ¡Aquí hay que vivir, no sobrevivir! No estamos en régimen de supervivencia ¡no! Estamos en una situación de vivir en plenitud, ya en esta vida, los bienes del Reino, los valores del Reino. Hacemos, de alguna manera, presente el Reino. La vida futura ya la hacemos presente aquí.

Por lo tanto nada de ir por el mundo arrastrándose y casi, casi… maldiciendo mi suerte: “la que me ha caído encima”. ¡No, por favor! Bendiciendo a Dios y dando brincos de alegría porque se ha fijado en mí y me ha escogido para vivir esta vida y para ser de Él. ¡Ser de Él es la mayor bendición que una persona puede recibir! ¡Pertenecer a Cristo, ser de Él, haber sido escogida por Él, es el mayor regalo! Y quien lo viva de otra manera, lo está planteando mal.

Santa Teresa habla muchas veces al principio del Libro de la Vida, sobre todo en el capítulo 4: “del contento” -ella dice– “del contento de ser monja”. Que nunca, aunque llegó al monasterio con aquella intención tan estupenda que os contaba ayer de no condenarse –que también el planteamiento era estupendo ¿eh?- ella llegó con una intención poco noble, con un ideal bastante bajito, bastante rastrero. Pero dice que se le puso tal “contento de ser monja” que no se le quitó nunca. Nunca le abandonó el “contento de ser monja” y no porque su vida fuera precisamente fácil.tempFileForShare_20190821-143921.jpg

Pero una cosa son las dificultades de la vida y otra cosa es el sufrimiento inherente a todo género de vida, porque no solamente se sufre en la Vida Religiosa, se sufre en todas partes porque la vida del hombre sobre la tierra es así. Pero no tiene nada que ver eso con la vivencia de la plenitud, del gozo, de la seguridad… lo que ella llama “contento”, que no significa alegría sensible. No tiene por qué ser alegría sensible. Habrá momentos que sí y habrá momentos… de mucha oscuridad o de mucha sequedad interior. Pero el “contento” no se quita, porque el contento no está en los sentimientos, a veces puede estar en los sentimientos, pero normalmente no. El contento está en la voluntad y la voluntad es libre. ¡Dios la ha hecho libre! Si yo no soy tonta y no dejo que me la esclavicen pues en principio, mi voluntad es libre. ¡Yo libremente tengo grandísimo contento de ser monja! Nunca me cansaré de dar gracias a Dios por ser monja.

Este contento de ser monja ella lo manifiesta y lo vive incluso en situaciones de pobreza extrema, porque a los inicios de la Reforma, por ejemplo en la fundación de Toledo, donde todo se preveía que iba a ser facilísimo porque estaba Doña Luisa de la Cerda, les habían dejado una herencia para fundar… Pues pasó todo al revés: la herencia nunca llegó por una serie de tonterías que sería prolijo de describir ahora. ¡Cosas del mundo!; Doña Luisa de la Cerda pues… viendo la perspectiva y lo que pasaba, recogió velas y se retiró discretamente… Y en total y resumiendo, la fundación de Toledo fue de las más complejas y desde luego, ¡de las más pobres! No tenían casa, tuvieron que poner a buscar al pobre Andrada una casa, tuvieron que tirar un tabique para poder levantar la casa… No tenían nada, o sea, cuando digo nada es nada… Y esto lo describe la Santa y describe el contento que tenían. Y cuando les empezaron a regalar cosas, se encontró a las monjas muy mustias y les preguntó “qué havían”: “¿Qué havéis, hijas?” Y le contestaron ellas: “¿Qué hemos de haver, Madre? ¡No parece ya somos pobres!” Porque les habían regalado una sartén y dos sardinas. ¡Ese era el lujo que tenían! Entonces perdían la alegría de la pobreza. Ella lo describe en Fundaciones 15, 14.

Insiste mucho en que centremos más la vida en la fe, la esperanza y el amor, las virtudes – las virtudes teologales – que en una ascesis que nos lleve a la crispación y a la tensión. ¡Ella siempre ha sido una mujer de virtudes!

-¿Y la ascesis?

-¡Sí, pero desde las virtudes y para las virtudes!

-¿Cosas raras?

-En Santa Teresa las justas.

-¿Penitencias estrambóticas, extremosas?

-No iban con ella. ¡No, no! Porque tuvo una época en su vida en que se vio tentada por eso y ella misma comprendió el error y ya lo dejó apartado para siempre.

Ejercicio de virtudes y amor de unas IMG-20190924-WA0242.jpgcon otras, y con eso ya tenemos tarea suficiente y posibilidad de practicar una profunda ascesis en la negación propia en favor de las hermanas. No hace falta buscar penitencias raras. Ella no está en contra de la ascesis, ni de la austeridad material, pero siempre bajo el sentido común. Nunca una cosa que nos produzca tensión y crispación, sino las virtudes bien vividas.

Todo este programa de vida ella comprende que solamente es posible poniendo la confianza en Jesucristo y determinándose a jugárselo todo por Él. Salió la palabra mágica: “determinarse a jugárselo todo por Él”. Y así empieza el Camino de Perfección, en el capítulo 1, en los números 1 y 2 dice esto: que estamos aquí para jugarnos el tipo y todo por Jesucristo. Vale la pena releer la cita:

“En este tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho estos luteranos y cuánto iba en crecimiento esta desventurada secta. Diome gran fatiga, y como si yo pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el ser servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo…”

Y se puede seguir leyendo el capítulo entero, que ahí ella describe bien todo esto. Ella se determina a hacer lo poco que puede -pero todo lo que puede- aunque sea poco. Estos puntos y otros más que podríamos ir entretejiendo, aún expresando la postura de quien decide IMG-20190929-WA0002.jpgno seguir haciéndose la sorda a Dios, son consignas válidas para cualquier persona llamada a la Vida Religiosa, no solo para las carmelitas.

Ella se había propuesto en serio vivir en un estado de renovación permanente -vivió veinte años luchando a brazo partido con Dios- y cuando ella se determina hacer ese poquito que ella puede, no quiere volver a apoltronarse, ni volver a instalarse, ni volver a acomodarse. Y para eso… ella es consciente de que hay que vivir en un estado continuo de renovación. Esto es algo necesario en todo proceso vocacional.

Y aunque la vivencia de la oración de Santa Teresa -que es un caso especial- desde el momento de su conversión estuvo siempre jalonada de gracias místicas, no significa que su doctrina no sea apropiada para los que sean llamados a hacer el camino del seguimiento de Jesucristo pasito a pasito, sin gracias místicas ni nada extraordinario. Ella habla de lo que cree que tiene que ser la Vida Religiosa, de lo que fue la suya y de cómo tiene que ser la vida de los que quieren seguir a Jesucristo.

 

Un comentario en “Programa de Santa Teresa para “ser monja”

  1. Buenas noches madre Olga.Bendito Dios que puedo leer sus mensajes.Gracias.Año lo que hago.Pues lo hago con el alma.Y siempre ofreciendo día a día a Dios nuestro Señor. Bendiciones.
    El jue., 3 de octubre de 2019 05:00 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Toda llamada espera siempre una respuesta. > Cuando Teresa se rinde a Dios y centra su vida en hacer el camino de > Cristo, cae en la cuenta de que ser monja es hacer de la vida una respuesta > amor a Jesucristo. ¡Eso es ser monja! No es cumplir un horario, no ” >

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