PEREGRINANDO DE LA SINCERIDAD A LA VERDAD

PEREGRINANDO DE LA SINCERIDAD A LA VERDAD

Llevo unos días dándole vueltas a una conversación en la que me ví metida y en la que una señora me decía que ella tenía que explicarme lo que opinaba y sentía sobre un determinado tema moral que le afectaba de cerca, porque -decía ella- siempre fue muy sincera y no iba a dejar de serlo ahora por no llevarme la contraria y quedar bien conmigo. Que tenía a gala ser muy sincera y que -siempre sincerísimamente- ella tenía que expresarse, me gustase a mí o no.

Ante esta introducción me preparé para escuchar cualquier cosa, y pronto vi a qué llamaba ella sinceridad. El tema moral con el que ella pretendía que yo estuviera de acuerdo era simple: su hijo se había enamorado de una mujer y estaba conviviendo con ella. Y defendía la situación frente a mi supuesto “conservadurismo” con un sinfín de argumentos. Yo le expliqué que no es conservadurismo, sino que soy católica comprometida y eso significa regirme por un determinado código moral con el que trato de21314602_1394690190629974_5775441227273932222_n ser coherente siempre. Aún así y todo… ella insistía en que yo tenía que cambiar y abrir mi mente.

Finalmente le pregunté por qué tenía tanto empeño en que yo aceptara esa situación, que para ella era buena y justificada. Le dije que cada uno tiene su conciencia y sus puntos de vista, y que si ella estaba convencida en su fuero interno de que su hijo estaba haciendo lo correcto… mi opinión -siendo además yo una persona ajena a la familia- no tenía importancia; que se quedara tranquila con sus apreciaciones, pero que no insistiera en intentar convencerme.

Cuando le dije esto… se quedó callada un momento y me dijo que no quería que juzgáramos a su hijo. Yo le dije que ahí ya… dejaba claro que no era tan libre,  ni tan sincera, ni tan fuerte como aparentaba: yo no juzgo a su hijo, sino un hecho objetivo, pero no a una persona. Y ya ahí ella se vino abajo y confesó el resto de la historia: su hijo estaba casado y era padre de dos niños pequeños, pero al enamorarse de otra mujer… abandonó a su esposa y a sus hijos para irse con su amante.

Con todo el cariño de que fui capaz, porque bastante herida estaba ya, le hice ver que la sinceridad es una hermana pobre de la verdad. Que no basta ser sinceros, como ella decía al principio, sino que hay que ser auténticos y verdaderos.

La sinceridad es reconocer un hecho: mi hijo se ha enamorado de una mujer y se ha ido a vivir con ella; eso -aparentemente- no es malo y soy sincera cuando lo expongo. Pero la verdad es que tiene una esposa y unos hijos que ha abandonado, con la irresponsabilidad egoístaIMG-20180710-WA0004.jpg que eso supone y el dolor que causa. La verdad es cruda y dolorosa y la sinceridad pone tintes de libertad y progresismo -y no sé qué más- a algo que de suyo es malo porque causa un daño objetivo a otros. No nos engañemos y no confundamos sinceridad con descaro, ni tampoco amor con egoísmo. Lo realmente valioso es ser auténtico y coherente con aquello que constituye mi esencia: si soy padre de familia, tendré que ser padre de familia hasta las últimas consecuencias y vivir siempre en coherencia con ese compromiso, renunciando a aquello que perjudique o dañe de cualquier manera a mi familia. A esto yo lo llamo ser auténtico y verdadero, que es mucho más que ser sincero. Es necesario peregrinar de la sinceridad a la verdad.

 

5 comentarios en “PEREGRINANDO DE LA SINCERIDAD A LA VERDAD

  1. como estoy metida en este blog supongo que puedo expresar mi opinión.
    Bueno pues opino que una madre siempre defenderá a su hijo haga lo que haga, esté bien o esté mal, aun cuando el hijo esté actuando en contra de ella, lo encontrará justificado. Como he estado muchos años en la enseñanza lo sé por experiencia.
    Asúmalo Madre, es prácticamente imposible que la madre vea que lo que hace uno de sus hijos esta mal, ni siquiera regular. Debe ser consustancial con el hecho de ser madre, yo no lo soy, hablo por lo que he visto y oído en la escuela, durante mucho tiempo. (Nunca emito ninguna opinión como no sea que me la avale la pura experiencia).
    El hecho que usted cuenta y que le ha tenido preocupada es obvio pero ni así lo ven.
    Y qué me dice de esas otras ancianitas que viven solas en una residencia sin que nadie las visite y aún dicen que es que sus hijos están muy ocupados ??? También lo sé por experiencia porque he sido muchos años voluntaria en una de ellas.
    Un abrazo madre Olga, no se desanime.

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  2. Se nota que las personas necesitamos sentirnos amados, aceptados, acogidos…
    Qué cierto es que debemos peregrinar de la sinceridad a la verdad y también del buenismo al amor verdadero.

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  3. Buena tarde madre Olga y gracias por tus comentarios que siempre me ponen a pensar.
    El vier., 26 de octubre de 2018 05:04 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “PEREGRINANDO DE LA SINCERIDAD A LA VERDAD Llevo > unos días dándole vueltas a una conversación en la que me ví metida y en la > que una señora me decía que ella tenía que explicarme lo que opinaba y > sentía sobre un determinado tema moral que le afectaba de ce” >

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