Aceptando la realidad

Seguimos con el movimiento de abandono. Terminamos de ver el primer tiempo de este movimiento que decíamos que tiene tres tiempos. Primero -lo recordamos brevemente- es conciencia de la realidad, el segundo aceptación de la realidad, y el tercero ofrecimiento a Dios de esa realidad que ya conscientemente hemos conocido y aceptado. Habíamos desarrollado el primer tiempo y ahora vamos a ver elIMG-20180513-WA0230.jpg segundo tiempo que es la aceptación de la realidad.

Y esto… ¿qué implica? Pues ante todo no desanimarnos, porque cuando uno toma conciencia de su propia pobreza la tentación primera e inmediata es el desánimo. Decir: “esto no da más de sí, por más que lo intento no puedo…” Y luego todo eso se tiñe con esos epítetos maravillosos con los que nos autocalificamos: “soy un desastre, no valgo para nada, esto es un rollo…” y otras cosas que no procede seguir enumerando, pero que muchas veces decimos.

Primera objeción: no son verdad, no somos nada de eso. Somos hijos de Dios y redimidos por Cristo, y eso es lo más grande que puede pasar, la dignidad más alta. Segunda objeción: que Teresita, cuando nos dice que tomemos conciencia de nuestra realidad, no pretende hundirnos, ni desinflarnos, sino simplemente que seamos realistas, que no vivamos como Alicia en el país de las Maravillas en que todo es estupendo y mágico y maravilloso.

 ¡No! Ella quiere que de verdad seamos conscientes de la verdad, de nuestra realidad… y no pasa nada, porque nuestra realidad es la misma, seamos conscientes de ella o no Antes yo no era así… -Eso no es verdad. Antes no te enterabas de que eras así. Pero eras igual, sólo que no te habías enterado. Pero la realidad es la rIMG-20180627-WA0081.jpgealidad.

Y ella quiere que la aceptemos sin desanimarnos, sin hacer una tragedia. Teresita es consciente de su nada y se empeña en confesarla y en aceptarla, no en ocultarla y esconderla. Estamos en lo de siempre. Un niño, cuando se ensucia tiene dos reacciones posibles: ocultar la mancha a ver si no se entera nadie, pero en el fondo la mancha sigue ahí, o decírselo a su madre. “Mamá, mira, me he manchado”

Esto último es mucho más fácil y mucho más liberador por una razón muy sencilla: que al dejarle a su madre el problema, su madre lo limpia y soluciona el problema, y él no lo oculta, y ya se despreocupa del asunto, porque su madre se encarga de ello. Mientras que si tiene la mancha ahí escondida… está con miedo de que le descubran, de que se van a enterar, de que lo van a saber… y eso le quita la paz, la transparencia, y le impide ser libre y jugar y disfrutar, por decirlo de alguna manera.

El hombre no tiene que huir, ni apenarse por ser pequeño y pobre, y menos aún complacerse en sus propias llagas, y caer en esa cosa tan tremenda que es la autocompasión y el victimismo: la lástima de uno mismo.

Estar todo el día lamentándose, quejándose, diciendo que qué desgraciada soy, no valgo para nada, pobrecita de mí… Esas personas no generan compasión, lo que sucede es que todos huimos de ellas como del demonio, porque son profetas de desventuras y te hartan, te acaban hartando. Pero… ¡qué pelmas! aquí viene esta con la tragedia setecientos quince de su vida personal. Es que ya… ni te preocupas.

– Es que está muy mal.

– No, es su estado habitual. Siempre está así. Está normal. El día que tenga una sonrisa de oreja a oreja y diga que el día esté radiante y diga que la vida es bella, nos asustaremos todos; pero si está lamentándose… pues es que es así, no hay que preocuparse. Entonces no da ninguna pena: cansa, aburre, satura…

Si tenemos caridad cristiana y dominio propio disimularemos, sonreiremos -o haremos una mueca parecida a una sonrisa- y seguiremos aguantándola, pero mover interiormente… esa persona no mueve a nadie. Y si nos pilla en un mal día y no tenemos ese movimiento de caridad cristiana y esa capacidad de sobreponernos, la mandaremos directamente a paseo. Esa es la realidad.

Entonces… no hacer dramas, no caer en la autocompasión, no pararnos a lamer nuestras propias heridas: lo que nos pasa, es todo tan tremendo, es tan trágico, es: “¡Ay lo que me han dicho!” Es que no sabes lo que me ha hecho, es que…

– Pues… ¿qué te han dicho?

– Pues que soy idiota.

– A lo mejor es que es verdad. No sé, vamos. Puede ser que sea verdad, o simplemente que sea probable que sea cierto y eres idiota, y suponiendo que sea mentira tampoco es una gran calumnia. Ya está. Quizás no habrá acertado en lo que te tenga que decir, pero en cualquier caso… alguna deficiencia tienes, aunque no le haya atinado.

– Estas viva ¿no?

– Sí.

– Tienes la vida por delante, Dios te quiere.

– Sí.

– Pues entonces qué más te da lo demás. Lo demás es todo muy relativo. No hagamos montañas de granos de arena..

 Reírse de uno mismo

Hay que tomarse uno a sí mismo con humor, con paciencia, reírse uno de sí mismo. Esto es muy difícil, muy difícil, pero es necesario. Dios tiene un gran sentido del humor, por eso es necesario tener sentido del humor y reírse de uno mismo, que es todo un arte.

– ¿Dios tiene sentido del humor?

– Muchísimo. Fijaos si tiene sentido del humor que me ha elegido a mí, por ejemplo. Si lo piensas despacio… ¿qué habrá visto? Mejor no le pregunto. Yo le gusto y me basta. Encantada de gustarle. Pero hay que tener sentido del humor, porque si no…

IMG-20180706-WA0208.jpgPues Dios se ríe -en el buen sentido- de mis cosas y me quiere por encima de ellas. Es más, no solamente me quiere, sino que es que le encanto: me ha mirado con un amor de predilección -me lo dice por el profeta Isaías- y me ha escogido para ser suya, en mi caso concreto. Entonces, si Él está encantado conmigo, le gusto muchísimo, se ha enamorado de mí… pues voy a dejarle que disfrute, no voy a estar amargándole la vida y diciéndole lo fatal que soy. Si ya lo sabe también. Y por encima de lo horrorosa que yo pueda ser a Él le encanto. Entonces… voy a intentar mirarme como Él me mira, con esa paciencia, con ese sentido del humor, con esa ternura, con esa condescendencia… y no machacarme a mí, ni machacar a los que están a mi alrededor.

Todo esto venía a propósito de aceptarnos a nosotras mismas como somos, porque Dios sabe de sobra cómo somos y nos quiere, y los que están a nuestro alrededor también. Que a veces traemos unos jaleos para que no se enteren de cómo somos…

– Es que me acabo de descubrir -fíjate- egoísta, mezquina, chinchorrera.

– ¿Y te acabas de descubrir hoy? Desde que lo sabemos los demás… ¿Y te has enterado hoy? Pues enhorabuena. Más vale tarde que nunca. Pero los demás ya lo sabíamos y no te preocupes porque lo tenemos asumido, te queremos así, o sea, que no hay ninguna sorpresa.

2 comentarios en “Aceptando la realidad

  1. Desde que leo sus escritos ,cada día me convenzo más de que me no me importa si la gente me ve así o asa.Una realidad superimportante “Dios me hizo así y me quiere”El si sabe todo de mi: Mis errores y mis aciertos.Que puedo ir puliendo alguna cosilla? Por supuesto,pero no me preocupan las caídas,cuando El sabe y está conmigo para ayudarme a levantarme.Un abrazo.❤️❤️❤️❤️

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  2. querida madre Olga: Feliz, FELICISIMO día del Carmen para todos los habitantes y habitantas de su querido Carmelo Samiratano
    Su amiga PILAR, que hoy no puede olvidarse de ninguna carmelita ni de los marinos que reciben su despacho en la Escuela Naval al son de la Salve Marinera.
    BESOS

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