Asentándonos en la verdad

Teresita intenta evitar la crisis del escrúpulo, formando conciencias muy rectas. Fue muy veraz, porque la verdad es la única que nos puede conducir a Dios, y nos va a hacer libres. Por eso decir: “No pasa nada, no importa”, no es nada pedagógico. Eso da lugar al caos, porque como no pasa nada… Y si no pasa nada, no me pasa nada a mí, ni a ti, ni a la otra, ni a la otra… Y aquí, como no pasa nada y todo se puede hacer, pues… ¡ancha es Castilla! ¡Sálvese quien pueda y tonto el último! En la jungla el mandamiento nuevo es sálvese quien pueda y tonto el último. Aquí cada cual que salga por donde pueda, porque no hay que agobiar a nadie ni hay que angustiar las conciencias. Esa es la teoría de mucha gente.

Ella huye -porque además sería un cargo de conciencia para los que tenemos responsabilidad de formación sobre otros- de deformar conciencias. Tenemos obligación de formarlas, no de deformarlas. Y el permitir una conciencia demasiado ancha en la que dé lo mismo ocho, que ochenta, que ciento ochenta, es una responsabilidad… no del formando, sino del formador.

Y Teresita nos dice: “La delicadeza de mi amor a Jesús -dice Teresita– no me permitiría nunca hacer eso”. Porque al final, en todo este negocio, el que pierde es Él, porque como da todo lo mismo… ofender a Dios, no se lleva; el pecado es una cosa decimonónica, en el siglo XXI ya no hay pecado; hay malos rollos, malos días, pero pecado no… Entonces, al final, el que pierde es Dios.

El amor a Jesús no nos puede permitir una cosa así. Las exigencias de Dios permanecen. Lo que es así es así, y no se puede negociar, ni manipular, ni rebajar. En eso ella es implacable e insobornable, de una rectitud increíble. Pero nos dice: las exigencias de Dios permanecen, pero el pecador no tiene por qué desolarse, ni irse a llorar a un rincón. Una cosa es que las cosas son como son y si has metido la pata y esto es un pecado grave… o al menos IMG-20180420-WA0144.jpeges materia grave… pues lo blanco es blanco y lo negro es negro. Y somos conscientes de esa realidad, pero eso no significa que tú te pegues un tiro, que el mundo se ha acabado y que te vayas a llorar a un rincón. No. No hay por qué actuar así. Ahí es donde tenemos que confiar: no ocultando nuestra culpa, sino asumiéndola y fiándonos de quien es misericordioso.

Ante una realidad que es así -dice Teresita- debemos ir al Padre, que perdona todo, sin temer confesarnos culpables. Sin tener miedo a reconocer nuestra culpa. Sin negarla. Puesto que de ese modo atraemos poderosamente la misericordia de Dios.

Teresa es implacable en esto y obliga siempre a sus novicias a verse como son. Y si hay que desenmascarar algo, ella sin ningún tipo de ambages se lo destapa y le dice a la hermana: “mira, esto es así, así, así y así”. Y es curioso, porque la querían mucho, a pesar de que la juzgaban severa. Pero la querían mucho, porque al final, en el fondo, en nuestro fuero interno, queremos a quien nos lleva a la verdad, aunque a veces sea amarga.

Al que te está todo el día dorándote la píldora, dándote la razón… te halaga, te regala el oído, es agradable… pero en el fondo no te fías. Porque sabes que está mintiendo. Lo que pasa es que te está diciendo lo que quieres oír y… un pañito caliente, con vaselina, no escuece. Pero en el fondo tú sabes que si eso está infectado habrá que echarle iodo porque si no… Te están engañando y tú lo sabes, con lo cual aunque el otro te diga lo que tú estás queriendo oír, en el fondo no te fías porque sabes que te está dorando la píldora.

En el fondo no te fías, otra cosa es que, como tenemos tantos niveles y tantos estratos, en el estrato exterior es lo que te agrada, pero en el fondo de tú corazón sabes que te está mintiendo como un bellaco. Y Teresita obraba así y las novicias la querían mucho a pesar de que por los rincones -cosa que suele pasar- la juzgaban severa. Porque era veraz. Y confundimos la verdad con la severidad.

Las novicias sabían que era inútil dramatizar una situación para ser compadecidas o permitirse alguna emoción y… Que no, que no colaba. Que era contraproducente. Santa Teresita en eso era… se compadecía de la miseria, pero no de los melodramas. Y menos del teatro. Por eso ella las educó así, en esa reciedumbre y ellas sabían que era inútil dramatizar y menos hacerse las víctimas, y todas estas cosas que son muy comunes en el género humano. Teresita, en su realismo y en su mesura -era una mujer tremendamente equilibrada- las obligaba siempre a que todo guardara sus justas proporciones. Lo que ha pasado es esto, y nada más que esto. Nada más. Es esto. Y si tienes uPicsArt_07-06-11.54.17.jpgn grano no dices que tienes un quiste. Y menos un tumor. Es un grano, sólo es un grano.

Era muy veraz. Era sencillamente realista, objetiva. Y dice: “Te enorgulleces por una laudable iniciativa -le dice a una novicia-. ¿Cómo hubieras reaccionado si en vez de partir de tu iniciativa te lo hubieran impuesto?”

– ¡Qué estupendo, voy a hacer este trabajo!

– ¿Y qué hubiera pasado si se lo hubieran dado a la hermana tal y a ti otro? ¿Hubieras respondido con el mismo entusiasmo, con el mismo interés, con la misma energía?

Era muy realista y una profunda conocedora de la psicología humana, más de la femenina. Ella dice: “En toda circunstancia -o sea, siempre- tenemos que permanecer ecuánimes y juzgar objetivamente”. Dejando de lado nuestros sentimientos, nuestras pasiones, la realidad que es ésta, y la juzgo serena y objetivamente. Y con eso nos predisponemos para que la gracia actúe. Para ser receptivos a la gracia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en “Asentándonos en la verdad

  1. Gracias por tus palabras madre Olga. Hoy es mi cumpleaños 41 años de vida le doy gracias a Dios por haberte conocido madre.
    El mar., 10 de julio de 2018 02:15 PM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Teresita intenta evitar la crisis del escrúpulo, > formando conciencias muy rectas. Fue muy veraz, porque la verdad es la > única que nos puede conducir a Dios, y nos va a hacer libres. Por eso > decir: “No pasa nada, no importa”, no es nada pedagógico. Eso da ” >

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  2. Bueno pues he estado tan intrigada leyendo sus reflexiones sobre “el caminito” que me he comprado HISTORIA DE UN ALMA y me lo he leído de principio a fin, casi casi de un tirón. Lo primero que destaco es que me ha confirmado cuan diferentes son las interpretaciones que se le pueden dar a la misma cosa, a cualquier doctrina o pensamiento con el paso de los tiempos.
    Que más habría querido yo en mi adolescencia que oir eso tan bonito que usted dice: el cielo no te lo tienes que ganar, te lo van a regalar…..En los años de mi niñez era al revés, nos tenían atemorizaditos con el Juicio final y el Purgatorio. Los niños y niñas que vivimos aquellos años lo solucionábamos yendo a confesar cada dos por tres por si acaso. Quiero decir con esto que qué no oiría la pobre TERESITA cien años atrás, para tan decididamente “meterse a monja” a los 15 años. No en todas las épocas se interpretan y se transmiten las cosas de la misma manera, estoy segurísima, lo he aprendido de mi propia experiencia.
    Bueno pues esa será la razón (a no ser que sea la traducción) de la cantidad de “ñoñerías” que escribe una tras otra. Solo en el último capítulo, el manuscrito C, he encontrado algo mas contundente, lo que yo buscaba.
    No se asuste madre, no estoy criticando ni poniendo nada en tela de juicio: TERESA, TERESITA y todos los CARMELOS habidos y por haber, empezando por el de Valdedios, son para mí un punto de referencia y un motivo de mi más profunda admiración.
    Saludo y abrazo correspondiente.

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