Una vida nueva

Y ¿qué pasa con esto? Que después de la ofrenda al amor misericordioso, empiezas una vida absolutamente nueva. El amor misericordioso renueva. Es como un segundo bautismo.

El bautismo, sabemos, instaura la vida de la gracia en el alma, y purifica de todos los pecados anteriores y la persona queda limpia, purificada, perdonada de todo lo anterior. Pues la ofrenda al amor misericordioso es como un segundo bautismo, una segunda efusión de amor, una segunda efusión de gracia que purifica, que borra todo lo anterior de tu vida, que pasas página y empiezas a ser una criatura nueva y renovada por el don. Y, efectivamente, la ofrenda al amor misericordioso, si se hace de verdad, con todo el corazón y con verdadero deseo de vivir en esa donación constante del amor de Dios, da lugar a una vida totalmente nueva.

Teresita nos ha convencido de que al que entregarnos al amor, nuestro gran deseo de amar a Dios va a estar satisfecho y ello aún en medio de nuestras miserias. En efecto, la ofrenda al amor está formulada de manera y realista: “A fin de vivir en un acto de perfecto amor, yo me ofrezco”. La intención de la ofrenda es vivir en un acto de amor perfecto continuo.298618103-ranoculo-de-los-pirineos-campo-de-flores-primavera-estacion-cesped

Volvemos a confirmar que es la fórmula más rápida y más eficaz de la santidad más rápida y más eficaz. Vivir en un acto de amor perfecto. Esa es la santidad, ese es el fin de la vida, llegar al amor perfecto.

Teresita no pretende solamente amar mejor, que está bien. Ella no se conforma con eso, ella quiere amar mejor. Y aspira a vivir continuamente en un acto de amor, que supera con mucho a amar mejor.

¿Y esto no es una ambición loca e irrealizable? ¿No será un poco fantástica la mujer esta? ¿No es un poco pretenciosa? Pues ella no lo cree así, porque lee en el Evangelio: “Mi Padre obra sin cesar y yo también obro”. Esto decía Jesús a los fariseos que se escandalizaban por verle obrar milagros en sábado. Y Teresita dice: “En un alma purificada y que está despojada totalmente de sí misma, y se ha puesto en Él y no desea otra cosa sino a Él, Dios obra sin cesar y obra milagros”. Verdaderos milagros.

Y obra -esto es lo más grande y donde radica nuestra esperanza- aun cuando esta alma no tuviera su atención continuamente en Él.

Porque claro… santa Teresita, tú lees, como era una persona excepcional, por un lado dice: “Desde los tres años nunca le he negado nada a Dios”. Yo tengo casi cincuenta y le estoy negando la tira de cosas. Y después dice que no recuerda haber pasado más de tres minutos seguidos sin pensar en Dios. Y yo me paso horas “cazando gamusinos por las Batuecas”. Y pensando cosas no necesariamente malas, pero que no son precisamente pensar en Jesucristo, sino estar en la ‘inopia’ o en otros asuntos. Entonces cuanto tú lees eso dices:

– Claro, para ella esto de la ofrenda… facilísimo. Pero para los demás que pensamos un montón de cosas y le negamos a Dios un montón de cosas, ¿cómo hacemos?

Y ella nos dice:

– No pasa nada, no importa. Dios obra los milagros aun cuando no estemos continuamente atentos a Él. Con tal -pone una condición- con tal de que seamos fieles al entregarnos.

– Uy. Ya empezamos. Entregarnos. Ser fieles al entregarnos… ¡Ay Dios mío! Se me olvida lo de entregarme, se me va la especie, me distraigo.

¿En qué consiste esa fidelidad al entregarnos? Esa es la gran pregunta. Porque claro, con esto nos puede entrar un agobio de muerte.

Ser fieles a la entrega realizada. Pues muy sencillo. Hay que mantener… es muy sencilla la explicación. Muy difícil hacerlo, porque la naturaleza humana se rebela y se resiste. Queremos: “Yo solito”.

La fidelidad a la entrega consiste en mantener voluntariamente una actitud continua de dependencia apacible de Dios. O sea:

– Yo no puedo nada, no valgo nada, no soy capaz de nada. Dependo totalmente y para todo de Dios.

Y ahí descanso. Lo dice ella: “Es necesario consentir en permanecer siempre pobres y sin fuerzas”. Y eso para el amor propio es… Es una pugna entre el amor propio y el amor misericordioso de Dios que quiere obrar. Entre dos amores.

– Yo solito, yoooo.

Y Dios dice:

– Si me dejas a lo mejor puedo hacer algo.

– A no, no, no, no, no. Quita, quita. Yo solito.

– Pues si es mucho más fácil que Yo lo haga.

– Yo. Yo. Yo. Yo. Yo quiero hacer, yo me quiero purificar, yo me quiero preparar, yo me quiero ofrecer, yo quiero obrar, yo quiero ser santa.

Y Dios:

– Si me dejaras… sería más sencillo y puedo hacer más cosas, puedo hacer milagros contigo, pero te tienes que dejar.

Eso Bienaventuranzas-Nick-Jio-Unsplash-e1488963006957es lo que más nos cuesta. Mantener esa dependencia de Dios. Y aceptarla y amar esa dependencia de Dios. Amar mi propia pobreza. Amar verme así.

Para nuestra naturaleza humana que quiere la independencia como sea, vivir en esa dependencia absoluta de otro… ¡Si hoy todo el mundo quiere emanciparse! Lo más triste es que nos queremos emancipar de Dios.

La emancipación que está tan de moda, lo único que denota es el egocentrismo que tenemos, el amor propio. Y eso que sucede de los hijos hacia los padres, hoy en día, que es lamentabilísimo, en la vida espiritual nos sucede con Dios con toda paz.

Sólo nos falta rezar la jaculatoria al Corazón de Jesús al revés: “Sagrado Corazón de Jesús, confiad en mí.” Confiad en mí. Hay gente que te lo cuenta así. ¿Y el Señor?

– No si yo me fío de ti, hasta dónde puede llegar. Más bien, fíate tú de mí. Tú déjame, que yo este defecto, en cuestión de un par de meses, rezando, haciendo penitencia, esto yo lo arreglo, esto yo lo venzo. Tú confía en mí.

Y el Señor debe de decir:

– Ah. Yo tranquilo, si yo soy el Tres veces Santo, el Innombrable, si yo quiero que te fíes de mí para que seas feliz y pueda hacer algo contigo.

Porque nunca nos va a forzar. Entonces, nos dice Teresita, obra aun cuando no nos demos cuenta, y no seamos conscientes, si permanecemos en esa actitud de dependencia amorosa a Dios. Y esa actitud de dependencia amorosa a Dios es dificilísima. Es una gran obra ascética.

Efectivamente, dice Teresita: “Nada hay más fácil al amor, que moverlo continuamente, incluso sin que ella lo aperciba, si se abandona a Él. Entonces, en ese momento, el alma ama a Dios no con su propio amor, sino con los latidos del propio Corazón de Cristo”.

Esa es la meta. Para eso estamos aquí, para eso rezamos: “Tened entre vosotros -dice el apóstol- los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. Pues también eso se logra con la ofrenda si le dejamos a Dios que lo haga.

Ese es el amor al que Teresa aspira, el que desea para nosotros, y para todas las almas pequeñas. Las almas grandes aquí… fatal, no tienen nada que hacer. Lo primero que es necesario hacer es empequeñecerse. Si no, no hay nada que hacer.

Para un alma entregada la fe en el amor viene a ser la fe en la acción incesante del amor en ella. Habiendo tomado posesión de su corazón, Dios realiza en él, secretamente, su obra consumadora y transformante. La cuestión es que sea de verdad, que sea real, que vaya sucediendo. Nunca repetiremos bastante que Teresita no sintió de ordinario la acción de Dios, sino que creyó en ella indefectiblemente. De hecho ella lo dice: “No hablo de lo que siento. Hablo de lo que creo y de lo que quiero sentir”.

El amor del alma que se entrega al Amor, se queda como estaba. No vayáis a pensar que haces la ofrenda hoy y mañana resplandeces y te salen rayos por las orejas. No: te quedas en lo que estabas, refunfuñas igual que todos los días. Te pasa todo igual. No cambia nada.

Todo sucede igual spring-bird-2295434_960_720que sucedía antes: te sigue sin gustar las alubias y te sigues muriendo por el chocolate. Todo permanece igual. La naturaleza al exterior no cambia. Principalmente se queda con su impotencia, no hay una perfección repentina e inesperada. No es magia: es una ofrenda.

En concreto, las novicias de Teresita van a quejarse porque sienten que las ha timado. O sea, después de que se han preparado, les ha explicado, han hecho la ofrenda, y tal y cual… ven que siguen igual. Es para decir que… bromas las justas y menos de ese tipo. No tiene ninguna gracia.

Se ven, días después, como antes de su entrega y la contestación de Teresita a sus reclamaciones, es tan simple como que se han entregado y lo que tienen que hacer ahora es seguir haciendo todo lo que puedan, con más fidelidad. Eso es lo que ellas tienen que hacer. Lo que el amor haga no es asunto de ellas.

 

 

 

Un comentario en “Una vida nueva

  1. Buen dia madre Olga .Doy gracias a Dios por todo lo que he recibido ,por vivir ,por poder leer tu palabra.Gracias Madre por estos textos que animan mas al corazon.

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