Ser Jesús

 

En definitiva la santidad no es más que eso: configurarnos absolutamente con Cristo. Ser de verdad otros cristos. Es la plenitud de la fe cristiana. Ser Jesús. Que yo desaparezca y bajo la apariencia de esta persona que soy yo quede solo Jesús.

De la misma manera que en el sagrario, bajo la apariencia de pan es Jesús y es el amor de Dios.

En el sagrario vemos el pan, pero la verdad es que en el sagrario está Jesús bajo la apariencia de pan. Pues esta hostia que soy yo, entregada, ofrecida, como víctima al Amor Misericordioso de Dios, tiene que llegar a suceder que, bajo la apariencia de mi humanidad, de lo que yo soy, no esté yo, esté solo Jesús. Sólo Amor Misericordioso.

El Amor Misericordioso tiene que poseer e invadir de tal manera en nuestra vida que nos haga desaparecer totalmente, que consuma la hostia, que consuma la víctima y ver sólo a Jesús. Solo el amor. Ese es el fin de la ofrenda.

Tiene algo de impresionante, de maravilloso, de sobrecogedor, de esperanzador, de gozoso… pero yo no le veo nada trágico a que Dios tenga mi vida poseída por completo, yo desaparezca y al final quede sólo Él. Yo creo que es lo más grande que nos puede pasar.

Sabemos que nos va a pasar, por la misericordia de Dios después de la muerte. Pero lo grande es que pueda llegar a suceder ya aquí, ahora queIMG-20180610-WA0044.jpg pueda ser de verdad ya, en el presente.

La cuestión, dice Teresita es saber de dónde partirá el impulso de este movimiento. Y nos responde inmediatamente: sólo de Dios y siempre de Dios. La iniciativa siempre la tiene Él. No soñemos que por nuestra iniciativa vamos a hacer algo, porque somos estupendos, y tenemos una gran fuerza de voluntad, lo tenemos todo superclaro, nos han explicado la ofrenda, hemos hecho este curso, hemos reflexionado…

Todo eso es estupendo, pero si has hecho algo de todo eso es porque Dios te está moviendo a hacerlo. Por ti mismo ni podrías pronunciar el nombre de Jesús.

Es que no tenemos capacidad ni de decir “Jesús”. La iniciativa siempre es de Dios. De hecho es una llamada: ofrecerse como víctima al Amor Misericordioso de Dios, es una llamada, una vocación. No es una cosa que yo escojo porque me parece guay. ¡No! Es una llamada que parte del Corazón de Dios y El te va llamando a través de personas, a través de la misma santa, a través de este curso… poco a poco te va haciendo caer en la cuenta de ello, te está haciendo tomar conciencia de una vocación que Él ha puesto en ti, de una llamada que te está haciendo.

Sabiendo que Dios lo puede y lo desea ella dice: “Con qué satisfacción he puesto mi voluntad en nuestro Señor. Sí. Quiero que se apodere de todas mis facultades de tal suerte que no haga ya ella acciones humanas y personales sino acciones del todo divinas, inspiradas y dirigidas por este espíritu de Amor”.

Renunciamiento continuo y suave

La ofrenda supone también practicar el renunciamiento interior más absoluto, hacer morir completamente al yo, porque yo tengo que desaparecer, tengo que morir para ser sólo Jesús, sólo amor. Y la ofrenda es el medio más rápido y más corto y más directo y más seguro para llegar a esa configuración total con Jesús. Porque ataca al yo, no ya en sus manifestaciones, sino en sus profundidades. Es poner el hacha en la raíz del árbol que hay que quitar. Si el renunciamiento en un principio pudo tomar otras formas y parecer más preciso, era en realidad menos exigente que ahora.

En adelante no son actos de renunciamiento, es una actitud de todos los instantes de mi vida, de un renunciamiento constante, pero con una profunda paz, con una profunda sencillez, y con una profunda serenidad.

¿Yo puedo vivir en un acto de renunciamiIMG-20180609-WA0213.jpgento continuo sin acabar de los nervios? Sí. Porque en realidad la iniciativa parte de Dios y porque en realidad yo no tengo que hacer nada, yo no me tengo que despojar de nada, ni tengo que renunciar a nada, sino que, simplemente, tengo que abandonarme, y dejar hacer y puedo vivir en esa actitud de renunciamiento, porque esa actitud de entrega, de abandono, de aceptar vivir dependiente, es siempre del amor de Dios y es ya un renunciamiento.

Pero se trata de un renunciamiento fácil, sereno y gozoso, porque el verme recibir todo de Dios no me angustia, al contrario, me da paz, y me produce alegría.

Este renunciamiento consiste en un movimiento interior de conversión hacia el amor. No es una tensión contra tal o cual acto, no es que ya no tengo que hacer tal cosa, me tengo que vencer en esto… No. Es mucho más sencillo. Es volverme al amor, buscar simplemente el amor y todo lo demás se va a dar por añadidura.

Lo dice Jesús: “Buscad el reino de Dios. Buscad el amor de Dios y todo se dará por añadidura”. No tengo que estar continuamente diciendo: “me tengo que vencer en esto, me tengo que vencer en esto, no puedo hacer esto, tengo que renunciar a lo otro, no puedo…”

En un principio de la vida espiritual sí ha sido así, pero después de la ofrenda ya no es así. Es una actitud, es un modo de vivir. Toda la vida se transforma y de alguna manera el corazón siente de otra manera, la mente ya no piensa de la misma manera, la voluntad actúa de otra manera… Esa es la fuerza transformante del amor.

Y lo único que tienes que hacer es mantener esa conversión continua al amor de Dios. Pero sin tensión. Con una profunda paz. Ya no hay que estar todo el tiempo peleando y luchando.

El primer fruto inmediato de la Ofrenda al Amor Misericordioso, de la entrega de uno mismo al amor misericordioso, es el descanso, la paz profunda. No es evitar el sufrimiento, pero ya se vive sin tensión, ya no hay lucha, ya no hay angustia, hay siempre que dejarse amar. Hay simplemente lo que dice la ofrenda: “Dejar que las oleadas de la misericordia infinita que están encerradas en Dios, se desborden hacia uno mismo”. Y eso va transformando. Nuestra única ocupación es vivir vueltos hacia el amor, recibiendo… Que no se escape, que no se pierda, que no se malgaste. Pero no hay que hacer nada más.

Esto alimenta el amor, sin interrupción y sin desviar la atención, alimenta la corriente de amor y de vida que se está continuamente derramando en el alma que a Él se ha entregado.

Esto que acabo de deciros es la ofrenda en sí. Esto es vivir ofrecidos. La ofrenda es una oración que en un momento dado se reza, se hace… pero vivir ofrecidos es un modo de vivir, es una actitud de vida.

A modo de testimonio personal os comparto que yo, los primeros años después de hacer la ofrenda al amor misericordioso -fue el 6 de febrero de 1994- tuve la ocurrencia de ponerla escrita en un papel y la llevé en una bolsita de tela por el interior del hábito, yo la llevaba en el pecho siempre. Durante muchos años, por lo menos diez, lo he hecho así. Mi hábito era, durante el día, en determinados momentos, mi manera de hacer la ofrenda, de renovarla, de mantener esa conversión al amor, era simplemente hacer el gesto de apretar contra mi pecho la bolsita con la ofrenda, poniendo mi mano sobre ella. Con eso me IMG-20180609-WA0216.jpgrecordaba a mí misma que estaba ahí, que ese compromiso, y ese deseo estaba ahí.

Era un gesto muy simple pero que a mí me decía muchísimo.  ¿Por qué? Pues porque las veinticuatro mil cosas que te surgen en el día a día, pues había algunas en que yo sentía que necesitaba la fuerza de ese amor para superarlas.

Y ¿de dónde sacaba fuerza? Pues de ese gesto, que  era como… -es una tontería porque no es así, pero yo lo sentía así- como si de alguna manera yo le obligara a Jesús a que derramara su amor en ese momento para transformarlo en amor, y tener más fuerza.

 

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