Voluntad de entregarnos

 

 

Para ser víctima del amor yo tengo que tener voluntad de entregarme al amor. Teresita ha comprendido que esto es imprescindible, es como la fe. Y ella, como siempre, apoyada en el Nuevo Testamento es exigente en su doctrina. Uno de los problemas que ha tendido Teresita es que ha tendido varios factores en contra para ser comprendida: ser mujer, a finales del siglo XIX, de la burguesía francesa, y luego que en sus escritos proliferan los diminutivos, todo es en diminutivo: caminito, Teresita, pajarillo, pequeñuelo… ahora mismo no me vienen más palabras.

Pero la reflexión general sobre santa Teresita -que yo he tenido en su momento y lo confieso- es de que es una cursi y con poca enjundia. ¡Tremendo error! Yo era una detractora de santa Teresita hasta que me convertí a santa Teresita; tuve un proceso de conversión, pues para mí santa Teresita, cuando yo entré en el convento, era una especie de repollo con lazos. Una cosa cursi, repipi, afectada… que no me gustaba nada, muy dulzona y empalagosa. Yo, a mí me sedujo Teresa la grande, Teresa la magna. Teresita me parecía una cursilada de preocupar, que tenía que leer y no entendía por qué. Efectivamente no entendía nada, luego entendí.

¿Qué quiero decir con esto? Detrás de todos esos diminutivos y esa aparente fragilidad, hay una fortaleza impresionante. Y con una exigencia ascética interior, que es la que me vale que… ¡nos podíamos dar con un canto en los dientes si le llegáramos a Teresita a la suela del zapato!

En sus procesos, quienes declararon, coincidían en que la virtud que más eminentemente sobresalía en ella fue la de la fortaleza. Teresa fue ante todo una mujer fuerte, tremendamente valiente, tremendamente osada, intrépida. ¿Por qué? Porque, como todo en el Evangelio, exige radicalidad.IMG_20160529_230555.jpg

El Evangelio es lo más opuesto, pero lo más diametralmente opuesto a la mediocridad, al relativismo, a un merengue, a la blandenguería dulzona. El Evangelio es sí o no: “El que no está conmigo está contra mí, y el que no siembra conmigo y recoge conmigo desparrama”. Jesús es así. Y… “si tu mano derecha te hace caer córtatela, y si tu ojo derecho te hace caer sácatelo”. Pues… ¡qué duro! ¿Duro? Es Jesucristo, es la Palabra del Señor.

El Evangelio no es duro, es exigente, es radical, como el amor mismo: radical. Y Teresita propone una entrega sin reservas al amor de Dios.

En el fondo de su espiritualidad hay siempre una fe viva, siempre una fe profunda, en la realidad de la misericordia, unida a un conocimiento experimental de nuestra naturaleza caída.

Por eso este curso se llama así: El realismo espiritual de Teresa de Lisieux, porque era enormemente realista.

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