Progresando medio de la aridez

Teresita conoce el alma de los principiantes. Sabe que Dios ha colmado de dulzuras esas almas, que han gozado, disfrutado, saboreado, del sentimiento de su Presencia llena de amor, pero sabe también que Dios parece retirarse enseguida cuando quiere fortificar a esas almas.

Y esto sucede, en el caso de las monjas -es el que conozco mejor- casi inmediatamente que franquean el claustro. En cuanto se pasa la puerta del convento, no sabe una qué embrujo tiene la tal puerta, que se cierra y… ¡todos mis fervores de antes se quedaron fuera! Es una cosa que es el común denominador.

Y es muy gracioso, porque a algunas monjas les desconcierta mucho. Y como esto es una historia que se repite, ya las ves venir. Y según las ves venir, con la cara que traen, ya sabes lo que van a decir. IMG-20180513-WA0167.jpgY, en la vida de los laicos, no sé en qué punto sucede –pero tendréis vuestra puerta reglar particular, cada uno, porque la vida de las personas discurre de distintas maneras- pero también tiene que llegar un momento de la vida espiritual en que se acaban los caramelos y hay que chupar algo que no tiene sabor, no tiene gusto, no tiene sustancia, pero que es mucho más nutritivo y mucho más alimenticio.

En la vida de las monjas suele ser apenas se traspasa la puerta del convento. En la vida de los laicos no sé si es en el momento de casarse o cuando se acaba la luna de miel o… ¡no sé! Cada uno sabrá. Pero ese momento, en la vida espiritual, indefectiblemente llega.

Y sucede esto: que parece que Dios quiere retirarse, que de hecho nos abandona, al menos nos abandona ese sentimiento de plenitud, de consuelo, y Teresita, que es maestra -porque ha vivido todo esto en primera persona y además está iluminada del Espíritu Santo- de una manera muy eminente, conoce por experiencia esta táctica del Señor, y se apoya -para levantar a todas estas que vienen medio arrastrándose, porque están en esta situación de postración interior- en el recuerdo de las gracias pasadas. Y en las marcas que estas gracias han dejado en el alma.

Hay marcas que quedan indeleblemente grabadas en el ama y el recuerdo de ellas estimula y ayuda a seguir adelante cuando no sabes ni siquiera si tienes alma. “No sé si tengo alma, ‘corchopán’, corazón, patata, no sé… No sé si creo en Dios, en el demonio o en nadie”. Pues… hay un momento en la vida espiritual que es así. Y no hay que asustarse. No pasa nada. No significa que las cosas vayan mal. Significa simplemente que van yendo… Y como van yendo tienen que llegar a ese punto, y atravesar ese túnel para llegar a la luz y después a más túneles y después a más luces. Esto es así. Es el claroscuro de la fe y no hay que asustarse.Flores

Y entonces, Teresita, para pasar este primer túnel, se apoya en las gracias pasadas y en las marcas que han dejado en el alma cuando el “sabor” de esas gracias ha desaparecido.

Se apoya en la frase mágica -que no es mágica- en la gran verdad que es el sostén para ella y para sus hermanas, de la primera carta del Apóstol san Juan: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene, -lo hemos conocido, con los primeros mimos y fervorines y ahora es cuando llega el momento de agarrarse a la fe- y hemos creído en él”. Como hemos conocido ese momento, ahora nos apoyamos en la fe que tenemos en ese amor que hemos conocido.

Las almamagazine-unlock-05-2.3.822-_ad71c77848b844c9820e748c16251f2c.jpgs que hemos recibido de Cristo una íntima llamada a seguirle más de cerca hemos experimentado, en mayor o menor medida, su amor y el deseo de responderle, que nos ha llevado las hermanas a la vida religiosa, y en muchos cristianos a un compromiso más serio en la vivencia de su fe.

Este deseo está puesto a prueba en este momento del que estamos hablando y parece próximo a perderse. Llega un momento en que a uno le da lo mismo ocho que ochenta, y todo es adverso. El pensamiento del amor de Dios no basta para inflamar ese deseo. Al contrario: a veces se torna un agobio, algo turbador, algo que te arrastra, y la certeza de la llamada que hemos recibido al seguimiento de Jesús, pues… muchas veces se eclipsa, aparecen dudas… la conciencia de la propia miseria se acrecienta muchísimo, y no sabes qué pasa que de pronto te ves lleno de defectos, de imperfecciones, de miserias, y no entiendes por qué de pronto esta visión te angustia.

Y el asunto no es que sea nada nuevo en tu vida, sino que no te habías enterado hasta ahora, pero esto es de antiguo. “Es que yo antes no era así”. Eras así, pero no te enterabas, no lo sabías, y el hecho de ser consciente de esta realidad, aunque de entrada te cueste asumirlo… es bueno, es una gracia. La dificultad está en que todo se junta, todas estas cosas que os voy diciendo, todos estos factores, se juntan y los momentos de la fatiga, del cansancio, del desaliento y de la tentación, pues… se van multiplicando y… conseguir la santidad nos parece una quimera, un imposible.

La oración nos parece una especie de pérdida de tiempo y de fuerzas que una no entiende ni para qué sirve… Y en medio de todo este clima, el alma se encoje y muchas veces se rinde ante el abatimiento. “Esto no da más de sí… me equivoqué… no sé que estoy haciendo…” todas estas cosas que en un momento dado de la vida todos hemos experimentado, y si alguien no lo ha experimentado todavía… tranquilo, porque ya le llegará. Sin eso no escapa nadie de esta vida.

Entonces, aquí aparece Teresita, que es una gran maestra, y se centra en sostener a estas almas que le han sido confiadas, y que ella conoce en qué punto están. Se centra en sostenerlas, y sobre todo -y aquí llegamos a una cuestión espinosa-, la hija de san Juan de la Cruz se empeña en fijar las almas de sus hermanas, su espíritu y su voluntad, mucho más allá de todo lo sensible.

 

2 comentarios en “Progresando medio de la aridez

  1. hoy esto ha sido para mi una buenísima lección de vida espiritual.
    Como voy con mucho retraso, ahora, a mis años, me encuentro en el momento de la miel, pero ya he aprendido que llegará el del cansancio y la desgana. Ojalá tarde mucho, pero estaré preparada y como dice el dicho popular “que me quiten lo bailao”.
    Bueno, pues como el momento de la miel me ha llegado leyendo sus escritos, no puedo por menos de decir,una vez mas GRACIAS, GRACIAS, madre Olga, ni usted misma se lo hubiera figurado. Yo, a quien usted no conoce, era espiritualmente un pan sin sal y he pasado a ser una enamorada, con mayúsculas, de Dios en su Sagrado Corazón. A quien se lo debo ????. Está bien claro: Dios se ha valido de su carmelita samaritana……

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  2. A veces yo paso por la noche oscura, no se que santo paso por hay, y a veces me desespero…..y intento saborear ése caramelo que no sabe a nada. Y lo que hago yo es buscar a Dios cómo Padre, por que es mi padre, es nuestro Padre, y Él sabe mejor que nadie, y nos penetra, y sondea, y conoce nuestro corazón, nuestra alma, todas nuestras entrañas, y sabe el porque permite esto en nuestras vidas.
    Y yo creo que lo permite, porque Él desea que estemos junto a Él las 24 horas del día, nos quiere a su lado y quiere que le demos la lata, para tenernos a su lado, púes si viviéramos según el mundo, nos olvidariamos totalmente de Él.

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