Una ascesis “en espíritu y verdad”

El deseo de Dios es en lo único en que hay que apoyarse, y potenciarlo, y liberarnos de todo lo demás, que suele ser polvo y paja, que se entrecruza en el camino, y que entorpece el avance. Teresa nunca habla de renunciamiento sino en la perspectiva de la unión con Dios. Pero así planteado le parece indispensable, porque permite la obra de Dios.

La única cosa que nos tiene que importar es esa: que Dios sea absolutamente libre para obrar en mí. Tengo que renunciar a todo aquello que me impide ser libre y que le impide a Dios obrar libremente en mi alma. Lo único que importa es que Él tenga amplitud absoluta, libertad total, para poder obrar sus designios en mí.IMG-20180329-WA0006.jpg

Y los designios de Dios, si le dejáramos, son inconmensurables. Tenemos un destino eterno. Los designios de Dios son de santidad para todos… si le dejamos. Nuestro principal trabajo es el del renunciamiento, para dejar espacio, porque luego ya no hay que hacer más. Cuando tú le dejas espacio a Dios, luego ya Él obra.

“Dios nuestro Señor -escribe Teresa-, el huésped de nuestras almas, sabe que nada podemos por nosotros mismos”. Esto lo dice Jesús: “Sin mí nada podéis”. Nada. “Y vienen Él a nosotros con la intención de encontrar una tienda vacía en medio del campo de batalla de la tierra. No pide otra cosa y Él mismo se encarga de lo demás”.

Tal enseñanza tiene sonido de absoluto. De hecho, Teresa pide a sus hermanas una ascesis interior más exigente y más temible a la naturaleza, que todas las penitencias corporales. No tienen nada que ver las penitencias corporales con la ascesis interior continuada, sin tregua. No se descansa ni los domingos, ni el día del Señor, de la ascesis interior. Las penitencias corporales nunca se ejecutan en el día del Señor ni en los días de fiesta. La ascesis que Teresa pide es para todos los días, incluido el día del Señor, y las solemnidades. No hay tregua nunca. De esa no se descansa nunca. ¿Por qué? Porque es una vigilancia continua del propio corazón, y ahí no se puede bajar la guardia.

Es una lucha enconada contra el egoísmo. En cualquiera de sus facetas y versiones. Algunas son muy sutiles. Hay que estar muy atentas porque el egoísmo se disfraza muy sutilmente de muchas cosas. Hasta de cosas buenas, como hemos visto en la comunión. Ella lo sabe y es a dónde nos conduce.

Teresa enseña a sus novicias a descartar todo lo creado, que no es nada, para hacer lugar al Increado, que es la realidad. Todo lo que nos rodea es un espejismo. El único que de verdad es Verdad, es Dios. Entonces hay que hacer hueco de todas esas cosas que nos puedan impedir ser una tienda vacía para que la realidad, la Verdad, con mayúscula, que es Dios, more en nosotros.

Quiere habituarnos a vivir solos bajo la sola mirada de Dios. Teresa va a la raíz, y este trabajo profundo lleva al exterior sus frutos visibles y preciosos. Almas formadas desde el comienzo según estos principios no tendrán más que vivir Dios en ellos, para mantenerse por encima de todas las fluctuaciones humanas. Las fluctuaciones humanas son esas de las que hablábamos anteriormente: los sentimientos, las sensaciones, la sensibilidad, las opiniones… todas esas cosas que nos zarandean y nos hacen fluctuar. Si tú estás fundamentada en la roca, en la verdad, todos los vaivenes propios del a naturaleza humana van a ser vaivenes, no te van a afectar casi.  Pero hay que aprender a vivir por encima de todo eso.

Tú no eres dueña de tu naturaleza, de tus sentimientos. Eres dueña de tu voluntad, para elevarla por encima de todo eso. No puedes dejar de sentir. Pero sí puedes vivir por encima de todo eso que sientes, ponerlo todo como estrado de tus pies. Ser dueña y señora absoluta de tu vida. Esa es la libertad verdadera, la libertad gozosa de los hijos de Dios.

– No, es que yo no quiero sentir esto.

– Toma. Y yo tampoco. Y cuando me levanto por la mañana y hay cinco grados bajo cero y no funciona la calefacción no quiero sentir frío. Pero está ahí el frío. No está en tu voluntad. Otra cosa es que tienes capacidad para reaccionar y obrar como si no sintieras ese frío. Por encima de eso y no te vas a detener. Eso no te va a detener, eso no te va a frenar, eso no te va a parar.

A eso es a lo que nos quiere llevar Teresa, a vivir por encima de las fluctuaciones humanas. Almas así podrían ser probadas, pero no se detendrían en ello, sino solo en Dios. Fijas en Él, que no cambia, no se verán desamparadas, el día que dejando el noviciado o dejando el cuidado de quienes las guían, se vean más solas, más entregadas a sí mismas y a sus propias fuerzas. Porque ya van siendo educadas. El espíritu hay que educarlo. Y la ascesis es esa educación. No es chincharse por chincharse: es educarse para avanzar, para crecer. La vida y las nuevas responsabilidades que encuentren después de salir del noviciado no las encontrarán eufóricas o replegadas en sí mismas, que son los dos extremos.

Por un lado, están las que ese día están efervescentes y, no se sabe bien por qué, pero están efervescentes, y entonces todo el mundo tiene que estar efervescente y aguantar las burbujas y la efervescencia, magazine-unlock-05-2.3.836-_9d8fc56f08904a45ad93b6f134e9e4b8.jpgy al día siguiente, horchata. Ni sangre en las venas. Horchata o agua destilada. Una cosa así.

Pues esos extremos… es vivir esclavo de “hoy siento esto y mañana siento lo contrario”. Hoy estoy en el punto más alto de la felicidad, y mañana en el punto más bajo del desaliento, la oscuridad y la desgracia personal. Y… ¡ni lo uno ni lo otro! La virtud, el dominio propio, nos llevan a vivir en el medio, a vivir por encima de las fluctuaciones. De modo que, cuando -por decirlo de alguna manera- nos arrojen a la vida, cuando nos tiren a la piscina, pues… no te quedas así a ver si flotas o no flotas. Nadas porque no hay más remedio, pero para eso hay que aprender a nadar.

– Es que, es que, si me sueltan a la piscina y no sé nadar, fijo que me ahogo.

– Desde luego. Pero para eso es la ascesis y la educación. Para que cuando te suelten… ¿Has estado en una piscinita, ¿no?, que era el noviciado, de las que no cubren Cuando ya te ponen en mar abierto tienes que saber nadar igual que antes.

– Es que ahora… ¡Es que es mar abierto!

– Y qué. ¿Tú no sabes ya nadar? Pues sigue nadando.

– Es que, es que…

– Es que no hay ‘es que’. Es que tú ya sabes lo que tienes que hacer, ya has aprendido a vivir.

Por eso es necesario el renunciamiento, porque sin renunciamiento nunca nos vamos a educar para saber vivir.  Y no es que tengamos que ser independientemente egoístas ni autosuficientes, pero tenemos que ser capaces de vivir a solas con Dios solo.

– Es que necesito muletas

– ¿Por qué, si no eres coja?

– Es que como siempre he andado con muletas…

Pero no porque estuvieras coja sino porque no sabías andar. Ahora que ya has aprendido, fuera las muletas, y a caminar.

Pues en la vida espiritual es igual. Cuando te dicen: “No te hace falta”, fíate. Que el que te lo dice… no te lo dice con mala idea, sino porque sabe y tiene conocimiento de lo que te está diciendo y no quiere que te estrelles. Si te dicen: “Esto no lo necesitas”, no lo necesitas. Si te dicen: “Nada”. Nada. Porque es que ya sabes nadar.

Y Dios es así. Y cuando te quita todo no le chilles, porque si te quita todo es porque no necesitas nada. Le necesitas sólo a Él. Y eso Teresa lo sabe. Por eso con las novicias es inflexible. Era así, con ellas, pero primero lo fue consigo misma.

De esta manera las nuevas responsabilidades, la nueva vida, nos las encontrará eufóricas o replegadas en sí mismas, sino con los pies en el suelo. Y como quería santa Teresa de Jesús, Nuestra Madre, viriles, poseyendo una clara conciencia del valor de las cosas y capaces de no obrar en todo si no por amor.

IMG-20180505-WA0270.jpg

Porque Teresita era muy consciente de que estaba formando hijas de santa Teresa, no merengues, y en eso ella era muy hija de la Santa. Ser hija de la Santa no es ser dura, es ser fuerte, que no es lo mismo. Generalmente la persona dura es porque es débil y tiene que esconder su debilidad detrás de una apariencia de dureza, y solamente pega mandobles y da voces. Mientras que la persona que es fuerte es mucho más compasiva, mucho más misericordiosa, mucho más paciente… y por eso es firme. Porque además es libre para amar de verdad: no necesita la máscara de la dureza. La persona que no es dura es fuerte, es recta, es valiente y es veraz.

Y así es una verdadera hija de Dios y de santa Teresa. Y Teresita nos quiere llevar por ahí, porque el otro camino, el de la dureza, no es de santidad. El yugo del Señor es suave, y su carga es ligera. Pero con el yugo suave del Señor nos dice: “el que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”. Ese es el yugo suave: negarnos a nosotros mismos… y dices: “¡Caramba! ¿Negarse uno a sí mismo es suave? Entonces, el día que sea áspero…”.

Sí: es suave, porque tú no te niegas a ti misma por negarte a ti misma. Te niegas a ti misma para ir con Él, y lo que importa es ir con Él. Hay que poner los ojos en Él y en la alegría de estar con Él. Si no… ¡te caes con todo el equipo! De otra manera caeríamos en un rigorismo absurdo que no conduce a nada. Y no es eso… La abnegación evangélica, el renunciamiento, es otra cosa.

Con el deseo de renunciarse sin reserva y la certeza de que los mejores medios nada son por ellos mismos, ellas pasarán a través de todo, sencillas y fuertes, no buscando nada más que a su Dios. Esta es una formación fecunda si la hay, que da a las almas un impulso inicial tan poderoso y tan puro que les basta seguirlo para ser fieles a Dios y llegar hasta el final apoyadas en su gracia.

Es una formación preciosa que las prepara -esto es lo más bonito- a todas las futuras invasiones del amor. Porque el amor embiste e invade el alma. Y para eso el alma tiene que estar preparada porque si no, se quiebra. Bueno. No es que… Dios en su sabiduría infinita, si ve que el alma no está preparada no va, porque si no la aplasta. Como no quiere matar a nadie, hasta que un alma no está preparada, no la invade, no la embiste. Y claro… la tonta es el alma que se queda sin prepararse, que se lo pierde. Y se pierde lo mejor, lo más grande que le puede acontecer a una persona en esta vida, que es esa invasión de amor y gracia. Porque, lo que hemos dicho hasta aquí no es nada más que el pórtico, el portalillo, la entrada, a la vida espiritual.

Un comentario en “Una ascesis “en espíritu y verdad”

  1. Buenas noches madre Olga. Hay cosas que aun no entiendo y otras que me han pasado.Dios debería ser mi prioridad.
    El sáb, 5 de mayo de 2018 11:54 PM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “El deseo de Dios es en lo único en que hay que > apoyarse, y potenciarlo, y liberarnos de todo lo demás, que suele ser polvo > y paja, que se entrecruza en el camino, y que entorpece el avance. Teresa > nunca habla de renunciamiento sino en la perspectiva de la” >

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s