No a la mediocridad

Uno de los empeños más grandes que tenía Teresita era poner a sus hermanas en la verdad. Cuando veía en ellas algo equivocado, algo no recto, luchaba por desenmascararlo y ponerlas en la verdad. Porque hay que partir de la base de que si no vivimos en verdad, no hay nada que hacer, ni en la vida espiritual ni en la vida humana. Pero desde luego, en la vida espiritual… ¡absolutamente imposible hacer nada si no se vive en la verdad!FB_IMG_1525199251387.jpg

Hay que entender que cuando Teresita habla del renunciamiento, para ella no es una ascesis por la ascesis en sí misma, renunciar por renunciar, sino lo que busca es crear un espacio de libertad, porque mientras renunciamos a nosotras mismas, estamos haciendo espacio a Dios y a lo que es de Dios.

Si ella reclama en algún momento la mortificación de los afectos, del propio juicio, del amor propio… es porque está segura de que si un alma se deja llevar por todas sus inclinaciones naturales, es imposible que viva en Dios y de Dios, como Él quiere y como es preciso para avanzar en la vida espiritual. Un alma que dice que quiere llegar a la perfección, que quiere llegar a la santidad, y se deja arrastrar por todos sus apetitos y tendencias naturales sin ponerles ningún coto, pues… no es lógica ni es coherente. Se podría decir que esa alma es una ilusa.

En el caso de una monja, para nada coincide con el impulso primero que la trajo a la vida religiosa. Ese impulso primero no tiene mucho que ver con seguir todas las inclinaciones naturales “lógicas”, porque si hubiera sido así… nos hubiéramos quedado fuera.

Si hemos venido a la vida religiosa es porque nos hemos sentido llamadas a vivir de una manera diferente. Vivir de una manera diferente implica no vivir según los deseos naturales, que es el baremo por el que se miden las cosas fuera de la vida religiosa. Se supone que en la vida religiosa no es que vengamos a renunciar; venimos, en principio, a vivir de una manera diferente, a vivir en coherencia con el Evangelio, haciendo de Dios un Absoluto en la vida. YIMG-20180501-WA0010.jpg eso… no es que vengamos expresamente a renunciar, pero si venimos a hacer de Dios un Absoluto… implica tener que renunciar a muchas cosas.

Y cuando ya estamos en el convento, decidir que no vamos a renunciar nada de nuestros apetitos naturales, pues… es una gran incoherencia con ese primer impulso que nos trajo a la vida consagrada y un gran absurdo.

Eso ella lo denuncia muy contundentemente. Nos avisa seriamente de que, quien no se renuncie a sí mismo nunca en nada, tampoco es fiel a la llamada primera a amar. A la persona que se siente llamada a amar y a hacer de su vida amor, un acto continuo de amor… y se instala en sí misma, Teresita la avisa muy en serio. En concreto sabemos que a una novicia, le dijo: “Si piensas proceder así siempre -a una que se tomaba la vida con demasiada, excesiva pachara y calma-, mejor hubieras hecho quedándote fuera”. Ella lo decía así de claro, y si hacía falta, la acompañaba a la puerta. No tenía el mayor problema.

Pues lo mismo: si pensamos vivir toda la vida como los mediocres, mejor nos bajamos del tren y nos dedicamos a otra cosa, porque ni cristianos comprometidos ni monjas de verdad. Para ser un fraude al consumidor, pues mejor lo dejamos. Y el que siga, que siga auténticamente, coherentemente, convencido, y el que no… que se quede en el camino como el joven rico. No seríamos ni los primeros ni los últimos. Es muy triste, lo más triste a mi juicio, pero puede pasar. Pero es mejor que pase eso a que vayamos siendo un lastre en el tren; porque en esto… el que no empuja para delante está siendo un peso, luego impide el avance del resto.

Así que hay que tomarse la vida en serio para no ser impedimento en el camino de nuestros hermanos. Porque se nos puede ocurrir decir: “Bueno, pues yo, si soy una incoherente, y una vaga y una mentirosa en mi planteamiento vital, pues es mi problema, ¿no?”. Pues no, no es tu problema, porque eso es algo que nos afecta a todos los de alrededor.

Si tú eres santa vas a tirar IMG-20170602-WA0100de los otros hacia Dios, y si tú eres una mediocre, vas a ser un lastre para el resto. No les vas a impedir ser santos, no. Pero no olvidemos que vamos encordados, vamos subiendo a la cima encordados, y si uno tira para arriba, todos tiramos, y si uno se descuelga y queda colgado, los demás tienen que pararse en el ascenso y tirar de él.

Eso es lo que pasa en la montaña: si uno se queda ahí, colgado, el resto tienen que pararse y tirar de Él, no le vas a dejar ahí, colgado del todo. ¿Qué pasa? Que ni él avanza, ni deja avanzar a los demás. Pues en esto es lo mismo, y Teresita lo dice. En la vida religiosa, por supuesto, y en la vida cristiana también: si piensas proceder así siempre, pues mejor vete y dedícate a otra cosa. Es una cuestión de honestidad, de sinceridad con nosotros mismos y con Dios y también con nuestra comunidad cristiana, con nuestra comunidad de fe.

3 comentarios en “No a la mediocridad

  1. Estamos encordados si,unos con lazos familiares,amigos,compañeros de fatigas,de muchas maneras nos relacionamos con gente ,que yo de un tiempo a esta parte veo cosas en alguna persona que no me gusta,me choca,pero no me atrevo a decir ni mu.Puedo en un momento dado ,así ,tomando un atajo,soltar alguna perlita para ver si se pispa,a veces ,funciona,pero otras no.Entonces dejo pasar tiempo,y vuelvo a la carga.Es muy difícil ver y oír a gente comprometida “en el fondo no se con quién”diciendo y haciendo cosas ,que no tienen nada que ver con una vivencia evangélica.De otro lado,otro grupin,que parecemos jugar en el mismo equipo,es una bendición,ahí sí que una comparte sus vivencias y se siente bien,porque tiramos todos en la misma dirección:JESUS.Un abrazo.

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  2. Que gran reflexión madre Olga María del Redentor, pido al Espiritu Santo la siga iluminando en su vocación y servicio como la buena samaritano que es.
    Un abrazo desde santiago de Chile

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  3. Como comprometernos a serejores laicos.?
    El miér., 2 de mayo de 2018 02:08 PM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: ” Uno de los empeños más grandes que tenía > Teresita era poner a sus hermanas en la verdad. Cuando veía en ellas algo > equivocado, algo no recto, luchaba por desenmascararlo y ponerlas en la > verdad. Porque hay que partir de la base de que si no vivimos en ve” >

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