Firmeza y mansedumbre

La otra cosa que es muy necesaria es la mansedumbre. ¿Por qué? Porque Teresita -y repito que era maestra- cuando tenía que combatir a alguien no la combatía de frente entrando en escena como elefante en cacharrería. Ella no se escandaliza, y primeramente explica, persuade, expone… despertando en la hermana el deseo de volver al amor primero. Intenta encender el deseo de volver a amar: “¿No te das cuenta que en el fondo esto no es tan necesario? Piensa en el bien que puedes hacer renunciándote. Piensa que estás haciendo espacio al Señor, que le estás diciendo con tu renuncia que le amas a Él, que le prefieres a Él, en vez de a esa otra cosa que te parece tan importante y tan estupenda”.

Ella no se escandaliza, porque una de las cosas que nos pasa a veces es que nos escandalizamos de las fragilidades que vemos.

– ¡Es que es un capricho!

– Sí, es un capricho, pero no te pongas así, no te indignes; sino intenta hacerle ver que es un capricho.

Lo cual significa que hay que permanecer firme, como os he dicho antes, y no ceder, pero tampoco es necesario comerse a nadie. Es muy contraproducente -pedagógicamente hablando- y muy poco caritativo, que te indignes y te rasgues las vestiduras. Porque con esa actitud no convences a nadie, ni enseñas a nadie. Así IMG-20180501-WA0005.jpgno educas. De esa manera, no despiertas el deseo de volver a Jesús, sino que lo que se van a ganar es un rebote contigo, perderán la confianza y se sentirán incomprendidos. Y, tristemente, somos así muchas veces.

Vamos a ver: al prójimo como a nosotros mismos. A nosotros mismos nos excusamos que es una monada lo bien que lo hacemos. Pues al prójimo igual. Y hacerle ver con paciencia y cariño -porque en ese momento no lo ve, está cegado- lo equivocado que está, y poner de relieve todo lo bueno que tiene. Firmeza y mansedumbre, porque Dios obra así con nosotros.

Yo no sé qué experiencia tendréis vosotros, pero yo, ante mi mal, ante mis errores, incluso ante mi pecado, cuando he ido al Señor reconociendo mi culpa… no me ha pegado voces, ni me ha reprochado nada.

De igual manera Jesús, a la mujer adúltera, no le hecha una bronca. Todo el mundo la quería apedrear: “Nos la cargamos, porque encima hay que aprovechar y nos ensañamos. Toda la rabia que tenemos y la violencia contenida, ahora la descargamos con esta”. Jesús les para y muy hábilmente los deja en evidencia: “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Y a ella no le recrimina nada. Lo único que le dice es:

– ¿Nadie te ha condenado?

– Nadie Señor.

– Vete y no peques más.

Pero no le hecha la bronca del siglo ni le suelta un rollo sobre la ley de Moisés y sobre el adulterio. No: Jesús no le reprocha nada. Le dice que no peque más. Ya le dice bastante: “No sigas pecando como pecabas”. Pero no la humilla. Con firmeza y claridad, porque está diciéndole que ha pecado y que cambie de vida, que se convierta, que no peque más. Pero nada más: la trata con respeto, mansedumbre y dignidad.

Desde luego, mi experiencia de vida es que, cuando yo he reconocido mis pecados, y he ido al Señor reconociendo mi culpa no me ha pegado gritos, ni me ha regañado, ni me ha humillado de ninguna de las maneras. No: si yo he reconocido mis errores y he ido a Él, he recibido su perdón. E incluso muchas veces, después de haber pedido perdón, se me ha concedido la gracia y el consuelo de experimentar su misericordia, su bondad, su ternura. Y si no lo he experimentado sensiblemente, he tenido la certeza en el corazón de saberme perdonada y amada.

Ese es nuestro Dios. IMG-20180327-WA0021.jpgY si Él obra así con nosotros, nosotros tenemos que obrar así con Él. Entre otras cosas… las monjas por un principio de coherencia: porque si estamos aquí para vivir junto al Corazón de Cristo, tenemos que encarnar en la vida las actitudes y los sentimientos del Corazón de Cristo. A mí no me vale que nos pasemos la vida hablando del Corazón de Cristo y salgamos en la adoración y le besemos y… si luego usamos el corazón de cualquier manera con los criterios de cualquiera que no es Jesús. No: eso no sirve. Es una hipocresía y una mentira.

Tenemos que intentar -no siempre lo lograremos pero tenemos que intentarlo- encarnar en nuestra vida a Jesucristo. Hacerle presente y que nuestro corazón sea un eco de lo que sucede en el de Él. Que nos duela lo que a Él le duele, que amemos como Él ama y que perdonemos como Él perdona. Y si no… pues somos un timo. Y a los que demás bautizados, que estáis intentando vivir del Corazón de Jesús… ¡pues más de lo mismo! nos toca a todos lo mismo, porque el Corazón de Cristo es para todos. Y si pasamos horas junto a Él, intentamos estar con Él y penetra el misterio que hay en su corazón, es para hacerlo nuestro e irradiarlo, vivir en coherencia y entregarlo… Es hacernos uno con Él para que Él viva en nosotros, y el Corazón de Cristo se haga presente en nuestra sociedad, en nuestro mundo, en lo que nos toque vivir de ahí. Cada uno tiene su escenario.

Un comentario en “Firmeza y mansedumbre

  1. Sr Jesús ayudame a suerte fiel siempre.
    El mar., 1 de mayo de 2018 03:07 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “La otra cosa que es muy necesaria es la > mansedumbre. ¿Por qué? Porque Teresita -y repito que era maestra- cuando > tenía que combatir a alguien no la combatía de frente entrando en escena > como elefante en cacharrería. Ella no se escandaliza, y primeramente ” >

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