La oración es un oficio de amor

Teresita no complica la oración. La oración para Teresa es un oficio de amor, y la define así: “La oración es algo grande, sobrenatural, que dilata el alma, y la une con Jesús. La oración es sencilla, porque todo puede venir a ser amor”.

La oración es un oficio de amor. Luego cualquier acto de amor es oración, aunque haya momentos concretos en que nos paremos de una manera más detenida a orar, Teresa ora sin interrupción, como nos manda el apóstol, ¿por qué? Porque cualquier acto de tu vida, cualquier situación de tu vida -hay un capítulo entero que vamos a dedicar a ello- puede ser transformado en amor, y la oración no es sino un oficio de amor. Con lo cual, es todo mucho más simple.

Si tú estás amando, estás orando, estás orando sin interrupción. Con mayor o menor perfección, mayor o menor consciencia, mayor o menor intensidad, eso es otro tema, pero amar continuamente es orar continuamente. Y amar continuamente es posible, perfectamente posible, ya veremos cómo, Teresita nos lo va a enseñar después.

Hay otra hermana que se acerca a ella quejándose -somos especialistas en quejarnos, en protestar, en refunfuñar, en gruñir, en desanimarnos…- de sus muchas distracciones, y Teresa le explica cómo las aprovecha ella, orando por las personas y las circunstancias que precisamente la distraen.

En el momento que viene a la mente cualquier cosa peregrina, de estas que te asaltan cuando estás intentando recogerte y orar, Teresa no se crispa, no se impacienta: “Ya no quiero pensar más en esta persona, estoy harta, o en este asunto…”, sino que, puesto que viene, en vez de ponerse de uñas y de irritarse, lo coge y de alguna manera, por decirlo así, lo rebota al Señor: “Viene… pues yo se lo remito a Jesús”.139882457

O sea, lo utiliza y de alguna manera empuja con ello hacia Dios: puesto que viene todo el rato, en vez de desesperarme, voy a orar con ello. Tengo que orar, y me molesta todo el tiempo esto, pues… de esto que me molesta continuamente voy a hacer también oración. En vez de desesperarme y crisparme, voy a aprovecharme de ello.

Una de las cosas que es difícil en la vida espiritual porque nos parece que no es correcto y estamos equivocados porque es muy provechoso, es aprender a hacer esto que os acabo de decir y aceptar vernos molestados por las distracciones y los pensamientos extravagantes que nos puedan asaltar. Una humilde resignación a vernos molestadas.

– Es que esto me molesta, me pone a mil.

– No te pongas a mil, porque si encima de que te molesta te pones a mil, o a cinco mil, o a diez mil… lo único que haces es empeorar la situación.

– ¿Te molesta y te distrae? Pues Señor: yo acepto estar así, todo el tiempo que Tú permitas, acepto que me moleste esto todo el tiempo que Tú lo permitas, con tal de no desagradarte. Lo acepto, no me crispo, no me enfado, no me pongo de los nervios, acepto verme así.

La oración de petición

A veces se acerca alguien a pedirnos oraciones por tal o cual intención. Y cuando días después se comenta el desenlace del asunto a encomendar, de repente te viene una monja: “Ay, pues yo no recé, porque se me olvidó”.

Esto pasa: “Ay, yo por eso no recé, porque es verdad que lo dijiste pero se me olvidó”. Y a Teresita también le pasaba, porque esto es universal… Es que es imposible, de verdad, que nos acordemos de todas las cosas que nos dicen, porque somos limitados y si contamos la lista de todo lo que nos dicen… no hablaríamos con el Señor nunca, estaríamos todo el tiempo pasando lista. Auténticamente pasando lista: ya hemos llegado a la última, borramos los asuntos que ya están arreglados, pero como hay que dar gracias los ponemos al final de la lista para dar gracias… ¡no acabaríamos nunca! Y tampoco es eso.

Y ella, con esa mente práctica y esa lucidez que tenía nos enseña: “Cuando nos dicen que hay que pedir por tal o cual intención, hay que tener la misma libertad de espíritu. Depositarlo en el Corazón del Señor en el mismo momento en que te lo dan, y no pensar más en ello”. Ella nos lo dice, porque si no… estaríamos todo el día dándole vueltas a la pelota y no haríamos otra cosa.

Viene a decir Teresita: “yo lo acojo, y como el Corazón del Señor es mío, porque Él es todo mío, yo deposito esto ahí, con mucho amor, y me quedo tan tranquila”. Si me acuerdo alguna vez vuelvo a rezar por esa persona y lo vuelvo a depositar ahí, y si no me acuerdo, no pasa nada, porque es que si no… se vuelve uno loco.images

Dice que Dios sabe lo que tiene que hacer con mis méritos, con lo que yo “gano”. Yo se lo he dado todo a Él, para agradarle, y me cansaría el espíritu estar diciéndole continuamente: “Dale esto a Pedro, dale esto a Juan, dale esto a Pepe, dale esto a Lucas…” Con lo cual… “no lo hago sino cuando alguien me lo pide, y después me quedo tranquila y no pienso más en ello.” ¿Por qué? Porque se fía de que Dios es Padre y es bueno y ha acogido su petición y no hay que estar todo el rato recordándoselo.

Dios no tiene amnesia. Y si lo dejas en el Corazón de Él, menos. En el Corazón del Señor está presente esa necesidad. Y como tú estás amando y estás orando ininterrumpidamente, eso está ahí presente todo el tiempo. Porque, además, lo que importa no es nuestra oración -no seamos ilusos- lo que importa es la oración de Jesús al Padre. Si tú se lo pones a Jesús en el Corazón, Jesús es quién se lo presenta al Padre y Él lo va arreglar, no nosotros.

Quien lo va a arreglar es Dios. Otra cosa es que estemos todos unidos y tú lo tengas dentro de tu corazón, porque al dejarlo en el Corazón del Señor y no pensarlo no te estás desentendiendo, sino que -simplemente- te estás comportando como un hijo de Dios, que vive libre y confiado en el Corazón de su Padre, en el Corazón de Señor.

29683110_1579033072195684_4586541193120057959_n

Esa es la verdadera libertad: yo se lo dejo a Él y me fío. No es que me esté desentendiendo y me importe un rábano. No es eso. Es que yo tengo que vivir libre. Todos mis cuidados, todas mis intenciones, todas mis preocupaciones… se las doy a Él. Yo para qué las quiero. Si yo… donde pongo la mano… lo estropeo. El que lo tiene que arreglar es Él. Esto es así.

 

Un comentario en “La oración es un oficio de amor

  1. Madre Olga María quería agradecerte con todo mi corazón estos escritos, estas relexiones, que tanto me aportan, de las que tanto aprendo, y que siempre me ayudan en esta etapa tan díficil y convulsa de mi vida. Muchas gracias porque con cada uno de estos textos aprendo a estar más cerca del Señor.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s