Libertad de espíritu y renunciamiento

La libertad de espíritu y el renunciamiento son las dos exigencias principales que se desprenden de la espiritualidad de Teresita. ¿Cuál es el principio y fundamento de esta libertad de espíritu y de renunciamiento para hacerlos complementarios? Porque parece que la libertad de espíritu suena fenomenal, qué bien, qué alivio, eso va a ser una maravilla y el renunciamiento suena a: “Ya nos están aplastando otra vez”. Pues no. Esa es la idea negativa que tenemos, y equivocada. La libertad de espíritu y el renunciamiento se complementan, porque el renunciamiento es lo que nos libera. Y la libertad de espíritu nos lleva gozosamente a ese renunciamiento que, bueno… Teresita utiliza la palabra renunciamiento, y san Juan de la Cruz habla de ascesis. A mí me gusta más, es una palabra que yo utilizo más, pero significa lo mismo, que es el desprendimiento.magazine-unlock-05-2.3.850-_997d915974934f0482113c649c46620a.jpg

El renunciamiento en realidad es desprenderse de esa mochila que llevas encima de ti y que te está machacando la espalda, que te está agotando y que no te deja vivir. Si yo llevo un saco de cincuenta kilos a la espalda y me ponen a subir y a bajar escaleras… acabo molida. Y si me desprendo de él no voy a decir, con voz victimal, que esté “renunciando” al saco de piedras. Me estoy quedando más ancha que larga. Pero somos tan tontos, y el demonio tan listo que nos dice: “Son unas renuncias tremendas”. Mentira. El renunciamiento es la puerta abierta a la libertad absoluta. A volar libres y sin peso.

A continuación, os ofrezco la fórmula que, para mí, personalmente, ha sido en mi vida espiritual de lo más iluminador y mí me ha hecho un bien inmenso. De entrada suena fuerte, pero lleva un gran realismo, es muy sanjuanista y es muy esclarecedor. Creo que hay que aprenderlo de memoria, escribirlo en algún sitio, repetirlo a todas horas… Yo hubo un tiempo, que aunque me había entrado en la cabeza, pero todavía no me había entrado en el corazón, me lo apunte en una tarjetita y lo puse el breviario. Lo apunté en otra tarjetita y lo puse debajo de la servilleta, y luego lo apunté en otra tarjetita más y lo pegué detrás de la puerta de la celda, y cada vez que entraba y salía lo veía. Y dice así: “Todo lo que no es Jesús, no es nada. Es preciso deshacerse de todo ello para hacer lugar a Jesús solo”. Esta es la fórmula mágica de la libertad. Todo lo que no es Jesús, no es nada. Es preciso deshacerse de ello para hacer lugar a Jesús solo. Apaciblemente, suavemente, pero con constancia y con firmeza.

Porque creemos que la firmeza es una cosa tremenda. Confundimos muchas veces a firmeza con la dureza, con la inflexibilidad, y eso es una gran mentira. La firmeza es la herramienta necesaria para poder avanzar en el camino hacia Dios. Con constancia y con firmeza incansable -no vale raarse al tercer día, ni al quinto, no al décimo, ni al año-, hasta el último día de nuestra vida, con constancia y firmeza incansables, hemos de descartar de nuestra vida todo aquello en que tendemos a detenernos.

¿Qué significa esto? Que está previsto que hasta al final de nuestros días vamos a quedaros enredados en esto, en lo otro y en lo siguiente. No hay que asustarse. Forma parte de nuestro hombre viejo, de nuestra naturaleza pobre, pecadora. Es normal: lo raro sería que viviéramos siempre en un desprendimiento absoluto, siempre y sin ningún esfuerzo. Seríamos muy muy raritos. La gente normal, su corazón, su voluntad, tiende a quedarse en una cosa, en otra, en otra… Cuando ya mejoras de eso y te has acostumbrado, tienes esto controlado, y de repente descubres que te cuesta otra cosa… A volver empezar. IMG-20180414-WA0062.jpg¿Qué pasa? ¿Que hay que desprenderse de todo lo que a uno le gusta, hay que vivir toda la vida retorciéndose? No. No es eso. Hay que desprenderse de todo aquello en lo que tú te apoyas de modo que Jesús esté desplazado. No sé si me explico.

Vamos a ver: es normal que las cosas nos agraden. Y Dios nos ha dado la capacidad de gustar y gozar con cosas, personas, situaciones… nos ha puesto sentimientos positivos, cargas afectivas positivas hacia las cosas, eso que se llaman simpatías o empatías. Y luego tenemos, por causa del pecado original, cargas negativas hacia otras cosas: eso que se llaman antipatías. Eso lo tiene todo ser humano que pasa por este mundo. Y si no lo tiene es que algo no le funciona bien. Esa es la base de que somos gente normal. ¿Cuál es el problema entonces? ¿De qué nos tenemos que liberar? De que esas simpatías y antipatías gobiernan nuestra vida. Esas simpatías y antipatías tienen que estar bajo el control de mi voluntad.

Yo siento una simpatía irresistible hacia el chocolate. ¿Qué pasa? ¿Que me doy el atracón del siglo? No. Eso no estaría muy bien. Ni aún humanamente. Desde el punto de vista de la teología moral diríamos que el pecado de la gula y toda esta historia. Entonces, por el renunciamiento ¿no vuelvo a probar el chocolate nunca jamás en mi vida ni lo miro, porque si lo miro no puedo dejar de comerlo? Mentira. Sí puedes dejar de comerlo aunque lo mires. Lo dejas donde está y no lo tocas. A la boca solo no va a venir. Lo dejas donde está y no pasa nada. Y sí que puedes dejarlo donde está. Tienes que educarte a ti mismo, educar tu voluntad.

-“¿No lo voy a tomar nunca más?”.

– No. Sino que en determinados momentos tendrás que renunciar a ello, o tomarlo con una moderación, una cantidad lógica. Te tomas un poquito. Te tomas un bombón de la caja, dos. No los cuarenta y ocho de la caja.

-“No, espera. La caja directamente la tiro por la ventana y ni la miro”.

-No, el Señor no te ha dicho eso. No tienes que mirar esa caja de bombones con prevención y con miedo, porque de suyo los bombones no son malos.

Es mala -puede ser mala- la actitud que tú tomes frente a ellos. Pero en sí, los bombones son de las cosas más buenas e inofensivas, dosificados.  Son inofensivas. No son algo malo. Lo malo es tu actitud hacia ellos. Puede ser mala tu actitud. ¿Hay que renunciar siempre? No.

Tú tienes que ser dueño de tu actitud ante esa realidad. Tienes que ser capaz de usar de eso, que es un bien que Dios te ha brindado, con responsabilidad, mirando la razón que hay para hacer las cosas por Dios. Hay que rectificar la intención viendo la razón que hay para hacer las cosas por Dios, o para dejar de hacerlas por Dios. Ese es el hombre libre. El que ante una realidad, sea una caja de bombones o una decisión trascendental en su vida, se pone delante de Dios y dice: ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué quiere Dios que haga? IMG-20180414-WA0049.jpgEse es el hombre libre. Y el que tira la caja de bombones por la ventana, para no caer en la tentación tremenda de los bombones, ni el que se la come entera y se da la tripotera del siglo. Ese es el hombre que no es libre, ni por un extremo ni por otro. El hombre libe es el que serenamente mira lo que tiene que hacer y lo que quiere Dios, y obra en consecuencia. A eso hay que llegar.

Evidentemente a eso no se llega tan fácilmente. Y el que está acostumbrado a comerse los cuarenta y ocho bombones de la caja de una sentada, cuando vea la caja, si no se come los cuarenta y ocho se puede comer los cuarenta y seis y haciendo un esfuerzo inaudito deja dos. ¿Qué pasa? Que hay que educarse. Esto no se improvisa. La naturaleza, no la podemos forzar de repente e improvisar las cosas. Las cosas de Dios no vienen con violencia. Dios no actúa así. No es todo a lo bruto. Cuando hablamos de renunciamiento es de un renunciamiento libre y consciente de decir: “No, voy a comer dos bombones, como mucho tres. Y los demás tranquilamente los dejo ahí, no pasa nada. Voy a estar viendo la caja tranquilamente y hasta mañana no voy a probar ninguno.”

Esto nos parece un ejemplo tonto, pero en el día a día hay miles de ocasiones similares y ahí se forja la voluntad y ahí es donde de verdad las personas llegan a ser y a vivir libres. O sea: no tenemos que renunciar a las cosas por miedo o por considerarlas malas. Si no que luchamos por tener el corazón libre. Cuando no soy capaz de controlarme ante una caja de bombones es cuando me tengo que cuestionar qué está pasando, porque Jesús no está siendo el centro de mi vida. Y esa caja de bombones no es Jesús, y lo que no es Jesús no es nada. Y a lo mejor, de entrada, sí que es necesario a veces un renunciamiento radical.

¿Qué tiene de malo que a mí me encante la ropa? Hay gente que tiene ropa para vestirse los próximos cinco siglos y le sobra. De suyo tener ropa, y que te guste agradar, no es malo. Es normal. Ahora, si ese deseo es prioritario en magazine-unlock-01-2.3.850-_67763a9a6f354fa39f61ca94df8fa365.jpgtu vida y no eres capaz, en un momento dado de -por poner un ejemplo simple- decir: “Voy a ir toda la semana vestido de la misma manera.” Porque se te hace un mundo, ahí es cuando te tiene que saltar la alarma y decir: “Algo me está pasando. Estoy excesivamente apegado a eso.”

Y eso en sí no es malo, pero en mí empieza a serlo porque si pienso en dejarlo ya me agobio, pierdo la paz, me angustio, ya no puedo… Entonces sí empieza a ser malo, porque te está esclavizando. Si vives desprendidamente y te da lo mismo ir un mes con la misma ropa, no importa que te cambies de ropa por la mañana y por la tarde, y te pases media vida delante de los espejos -una pérdida de tiempo irreparable- mientras tú seas capaz de vivir despegado de eso, sin hacer una tragedia, puedes servirte de los bienes de este mundo. El problema es cuando ocupan tu corazón de tal manera y tu voluntad está asida a ello de tal modo, que cuando te planteas un momento dado dejarlo, te angustias. Entonces ya no es bueno. En realidad la vida espiritual es bastante más sencilla. Lo que estoy diciendo es como un termómetro para medir, pero no es tan complicado.

2 comentarios en “Libertad de espíritu y renunciamiento

  1. Todo lo que no es Jesús no es nada.Ayudame Dios a hacerlo en mi vida diaria.
    El sáb, 14 de abril de 2018 04:25 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “La libertad de espíritu y el renunciamiento son > las dos exigencias principales que se desprenden de la espiritualidad de > Teresita. ¿Cuál es el principio y fundamento de esta libertad de espíritu y > de renunciamiento para hacerlos complementarios? Porque pa” >

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