El único temor admisible

Somos tan bobos que ponemos entre Dios y nosotros, como si fuera importante, nuestro pecado. Que no, que nuestro pecado no es importante. El importante es Dios, que es más fuerte que nuestro pecado. Luego no tiene ningún sentido que, entre Dios y yo, a todas horas, ponga mi pecado en medio. Mi pecado no es importante. No lo ha sido nunca. El importante es Él, que me perdona, y de ese pecado va a sacar bienes.

No nos olvidemos nunca de que Dios con el estiércol saca flores. Lo importante no es el estiércol, lo importantes la flor que va salir después. Lo importante es que El me quiere. A pesar de todo mi mal, Él me quiere, y nunca va a dejar de amarme, por mucho que yo peque.

Esa es otra: nunca va a dejar de amarme por mucho que yo peque. La tragedia del pecado es que me impide a mí amarle a Él, que me impide a mí estar con Él, que me impide a mí gozarle a Él, pero Él me sigue amando en mi pecado. Nada, nunca, jamás, puede separarme del amor de Dios. El amor de Dios es omnipotente. Sólo mi libertad me aleja a mí que no a Él de mí. Ese es el pecado. Ese es el drama, esa es la tragedia. Eso es lo único que nos tiene que dar miedo. Que seamos tan idiotas -perdonadme la expresión- que nos quedemos mirándonos la punta de la nariz y se nos olvide quién es nuestro Padre. Quién es Dios y cómo me quiere.

Y la tentación más grande y la más esclavizante es no confiar en Dios. Y cuando hablo de no confiar en Él, me refiero siempre a no confiar en el amor que Él me tiene. Me lo tengo que creer ciegamente. Podré dudar de todo en esa vida, hasta de si estoy viva, muerta o resucitada. Pero no puedo dudar de que Él me quiera. Porque eso es lo que de verdad le traspasa el Corazón. La afrenta que le traspasa el Corazón y le hace desfallecer IMG-20171023-WA0006.jpges esa: que dudemos de Él. Eso es lo más esclavizante y de lo que hay que librarse.

Las almas sencillas no necesitan medios complicados. Deja a un lado todo lo que presiente que puede ser inquietud o reprensión, en todos los terrenos. Lo mismo que se trate de la unión con Dios como de la oración, de la búsqueda de la perfección y de la misma mortificación. Teresa siempre muestra a Dios y hace que sus hermanas corran haca Él, sin dejar a nadie detenerse en los medios. Dios sólo es el fin, el todo, hacia el que tenemos que tender. Los medios no tienen valor ni importancia, sino en la medida en que son queridos por Él. Esto es muy importante entenderlo bien: los Sacramentos son importantes y tienen valor en cuanto que son queridos por Él.

Hace poco me encontré con una persona que estaba viviendo una situación personal difícil, y como su situación personal es bastante irregular no puede comulgar. Y se lamentaba y decía que le costaba mucho. Venía a misa prácticamente todos los días, y no poder comulgar… Y yo le comprendo porque pensaba: “Vamos a ver -me ponía en su lugar- si a mí me quitaran mi comunión diaria, me costaría mucho, sería un gran sacrificio”. Intentaba hablar con esta persona y consolarla de alguna manera y ¿qué le digo? Porque se quejaba y me decía:

  • Si yo al final no he hecho nada malo. Yo no soy el responsable de esta situación. ¿Por qué no puedo comulgar? ¿Sería mejor que comulgara?

Le dije:

  • No, estás haciendo lo correcto, tienes que permanecer así.
  • Ya madre, pero me cuesta mucho no comulgar.

Y yo decía:

  • Te entiendo porque a mí me costaría mucho.

Pero le dije:

  • Lo que importa no es comulgar o dejar de comulgar. Lo que importa es Dios y lo que Él quiere en ese momento.

La comunión es lo más de lo más. Casi lo más grande, pero lo más grande al final es Dios, y es obedecerle. Jesús no nos salvó comulgando. Jesús nos salvó obedeciendo. Para Jesús lo más importante era el Padre. Dios, lo que Dios quiere, y ese es el fin. La comunión es en medio para unirnos con Él. pero si yo dejo de comulgar no por mi desidia, no porque yo no pongo los medios, sino por obedecer a lo que la Iglesia me dice que Dios quiere, probablemente le esté agradando más y esté más cerca de Dios que comulgando sacramentalmente.

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Y eso Teresita lo entendía muy bien. Porque a veces nos pasa eso: que nos quedamos en los medios, en las cosas, y nos olvidamos de Dios. Tenemos que ir a Dios y no quedarnos en los medios. De suerte que si en un momento dado un medio que nos parece imprescindible, desaparece de nuestra vida, no nos tenemos que tambalear. De todo se puede prescindir. Todo es prescindible. El único imprescindible es Dios. El único absoluto es Dios. Todo lo demás, aún las cosas mejores -estoy hablando de la misma comunión- son medios. Dios solo es el Fin, el Todo. Los medios no tienen valor ni importancia sino en la medida en que son queridos por Él

A una novicia que se lamentaba de no saber orar y dirigir su voluntad hacia Dios y de no saber decirle nada de lo que querría decirle. Le asegura Teresa: “Esto no es necesario para un alma entregada del oak-leaves-1777410_960_720todo al Señor. Es bueno recoger el espíritu, pero suavemente, apaciblemente, sin agobios, porque lo violento no glorifica a Dios. Ya adivina Jesús todos los devotos pensamientos, fórmulas, ideas bonitas que para Él querríamos encontrar y se contenta con nuestros deseos”. A veces decimos: -¡Ay, cómo me gustaría escribir así, cómo me gustaría cantar así, cómo me gustaría hablar así!..

Y a eso habría que contestar: -¿Para qué? ¿Para que te gustaría, para Dios o porque queda muy bien?

El ya sabe que no sabes escribir, ya sabe que no sabes cantar, ya sabe que no sabes hablar así. En definitiva: ya sabe lo que eres y te quiere así. ¡Qué angustioso y qué turbador, qué agobiante resulta marcarnos metas inalcanzables que Dios no nos pide y qué frustrante resulta después!

  • No… mire usted. Es que yo quiero medir un metro ochenta, ser rubia y con ojos azules.
  • Hija, mía… con las justas pasas del metro treinta, eres pelirroja y con ojos oscuros…

No te empeñes en lo que no va a llegar nunca y que Dios no te está pidiendo. Ya sabe que eres así y así te quiere. Todo lo otro es complicación nuestra, es esclavitud. Dios te libera desde el punto y hora en que te quiere como eres. Tal y como eres. Que lo sabe estupendamente. Que no se extraña de nada.

5 comentarios en “El único temor admisible

  1. madre yo nací en el Franquismo y estudié en un Instituto, entonces muy prestigiado, pero Instituto, no colegio de monjas. Se lo digo para que sepamos en que contexto estoy hablando.
    Bueno, pues con este preámbulo, me eduqué en todo lo contrario de lo que usted dice con respecto al pecado. Entonces casi todo era malo, casi todos éramos pecadores sin remedio, etc etc.
    Ahora la leo a usted y me pregunto ¿Quién tendrá la razón? ¿Cómo pueden existir opiniones tan dispares con respecto a una cosa que no debería depender nada mas que de Dios, como parece usted indicar?. Bueno, pues le aseguro que también debe depender del momento histórico y estoy casi segura de que todos los que crecimos en aquella época (que usted no ha debido ni conocer) seguramente tendremos el mismo recuerdo que a mí me ha quedado.
    Conclusión : Yo personalmente voy a hacer la media aritmética.

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  2. La verdad es que somos unos miedicas,en el momento que vemos un nubarrón en el horizonte,que a veces pasa y ni descarga,ya estamos temblando.Yo recuerdo mucho la oración de Santa Teresa:Nada te turbe, nada te espante,todo se pasa,la paciencia,todo lo alcanza,quién a Dios tiene ,nada le falta,solo Dios basta.Me llena mucho,recordarla.Un abrazo.

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  3. Madre Olga, habla sobre la timidez, te lo ruego…siento constantemente miedo no…¡pánico! para relacionarme con los demás, hasta con mi propia familia, es algo injustificable que ni yo mismo entiendo. Estoy continuamente aislado, experimentando el más crudo de los rechazos y despersonalizándome, desde mi preadolescencia…tengo veinte años.
    Es una angustia ininterrumpida que me atosiga.
    Quiero ser libre, fijarme plenamente en Dios, desprenderme de todo aquello que me aleja y me distrae de Él para hacer su Voluntad y a no centrarme en esta ansiedad que me corroe y que me sale por los poros. Amo tantísimo, tantísimo, tantísimo a Dios, y el chorro de amor con el que me empapa es TAN grande, que de no ser por eso quizás hoy no estaría aquí…mi corazón puede amar y no puedo decir que soy infeliz, ni que me siento solo aún experimentando rechazo porque la presencia de Dios en mi interior es fuerte, pero…qué dolor Madre. No quiero que este dolor me desvíe de la voluntad de Dios. Ore por mí y por todos aquellos que lo padecen…no para quitarnos este sufrimiento si Él no quiere, sino para amarlo, y que no nos desvíe de su Voluntad. Espero que pueda escribir acerca de esto, y GRACIAS por todos tus artículos, charlas…son de una ayuda inmensa. Un abrazo grandísimo…

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  4. Gracias Dios mio por amarme y gracias también por darme la oportunidad de conocer a estas madres que tanto me van a enseñar.
    El sáb, 14 de abril de 2018 06:13 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Somos tan bobos que ponemos entre Dios y > nosotros, como si fuera importante, nuestro pecado. Que no, que nuestro > pecado no es importante. El importante es Dios, que es más fuerte que > nuestro pecado. Luego no tiene ningún sentido que, entre Dios y yo, a to” >

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  5. Buenas tardes Madre Olga . El hecho de ser reconocida o un gracias es lo que aveces espero ,pero al leerte me doy cuenta de que alunico que debo agradar es a Dios y no a mi ni a mis semejantes. Gracias por etas lecturas que tanto ayudan a mi alma.

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