Gratitud

 

Una de las cosas que más observo constantemente a mi alrededor en esta acelerada y tecnificada sociedad en que vivimos, es la falta de gratitud. Nadie agradece nada ni da las gracias a nadie por nada. Parece como si todo fuesen derechos adquiridos y nadie experimentara en su corazón un mínimo sentimiento de gratitud.

magazine-unlock-05-2.3.836-_105ed4000669442b95e487cf4d285870.jpgLa palabra gratitud viene de “gratuidad”, y es definida por el diccionario de la siguiente manera: Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.

Hay muchas cosas en la vida que son gratuitas, sin razón de ser, de balde… pero no son derechos, son regalos, y deberíamos agradecerlas y demostrar alegría por esos dones. Deberíamos “estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho” y expresarlo de alguna manera. ¡Cuidado con esto! Hay que estar alerta para no acostumbrarnos a los regalos de cada día y permitir que pierdan su frescura y la alegría que un regalo genera. Si nos acostumbramos, si nos habituamos… estropeamos la alegría del regalo y dejamos de valorarlo como tal: deja de ser un don gratuíto e inmerecido y pasa a convertirse en un derecho, que ya no se agradece… ¡porque tengo derecho!

Es tremendo: tenemos la capacidad perversa de transformar un regalo gratuito en un derecho adquirido que, por supuesto nunca se agradece. Y esto… aquí viene lo más patético: sucede y la mayoría de las veces ni nos damos cuenta. Lo hacemos sin ser conscientes de que nos estamos deslizando por una pendiente que nos conduce al reino del egoísmo, el individualismo y la deshumanización.

Sí: no creáis que estoy en un momento de bajón y en un punto pesimista; simplemente soy realista y hablo de lo que observo a mi alrededor. ¿Por qué protestamos tanto por todo y agradecemos tan poco? ¿por qué no disfrutamos de tantas cosas hermosas y gratuitas y no las agradecemos? ¿Por qué somos tan necios como para creer que un día tibio y soleado es un derecho? ¿Por qué no admitir que la luz del sol, que nos permite ver y vivir, es un regalo? ¿Habéis pensado que el aire que respiramos -y sin el que no podríamos vivir- también es gratis? Pero… sobre todo… ¿os habéis parado a agradecer, a experimentar en vuestro corazón la gratitud y a dejarla fluir desde vuestro interior transmitiéndola?

Es muy triste y desagradable y cansino, encontrarse a cada paso gruñones y refunfuñones y tan pocas personas agradecidas y felices. Es una pena que sólo empecemos a valorar la luz del sol, el día que nuestros ojos se enfermen y tengamos dificultades para ver y de pronto caigamos en la cuenta de que la vista no es un derecho adquirido por nosotros mismos, nuestra valía personal y nuestra buena gestión… sino un regalo gratuíto.

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De verdad que es un apena que haya que llegar a situaciones así para enterarnos, por eso os invito a repasar vuestra vida y hacer una lista de cosas buenas que debemos agradecer y empezar a dar gracias a Dios, a la naturaleza, a las personas que nos rodean… Es bueno y saludable sentirnos bendecidos y agradecidos y expresarlo, entendiendo que no tenemos “derecho” a casi nada.

Agradezcamos cada sonrisa y cada gesto amable que recibamos y seamos cariñosos, amables y serviciales, obligando a los demás a ser agradecidos. No con la intención de que nos agradezcan nada a nosotros, sino para crear una corriente de gratitud y una civilización del amor y la gratitud.

 

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