La cosa empezó en Galilea

¿Qué es Galilea? Nos os voy a dar ahora una clase de geografía, no tiene sentido. Pero sí es necesario entender que Palestina estaba dividida y se dividía en tres Provincias: la del Norte, era Galilea; la del sur era Judea; y en el medio, entre las dos, quedaba Samaria. Jesús era galileo y continuamente lo afirma la Escritura: que era el rabí de Galilea, el galileo… Él vivía en Nazaret, era nazareno; su Madre era nazarena…

¿Y qué significa volver a Galilea? Volver a Galilea se supone volver al interior, a la intimidad, a encontrarnos con Dios en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo de todos los días. Porque, además, en Galilea tuvo lugar la parte más… el bloque más grande de la predicación de Jesús fue en Galilea.  Las cosas más íntimas, más de dentro, más de cariño, más de familia, las vivió en Galilea. A los doce llamó en Galilea y de hecho la mayoría de ellos eran galileos, su predicación empezó en Galilea… Y sobre todo -y eso es lo más importante- el ángel del Señor buscó a una doncella que vivía en Galilea y allí se produjo el hecho transcendental que cambió a la historiIMG-20170523-WA0104a, que fue la Encarnación.

Galilea es el sinónimo de la intimidad, de lo oculto, de lo cotidiano, de lo entrañable, de lo sencillo… pero no por eso menos transcendente y menos importante. Nazaret está en Galilea, Caná está en Galilea, Tiberíades está en Galilea, Genesaret está en Galilea, el Tabor, donde se transfigura y donde predica las bienaventuranzas están en Galilea… Y los primeros milagros los hizo en Galilea y la Virgen adelanta la hora de Jesús en Caná, que está en Galilea. En Galilea es donde de verdad la Palabra se hace Carne y se entraña en la vida cotidiana de los que están a su alrededor. La mayor parte de la vida de Jesús transcurre en Galilea, en un lugar recóndito, haciendo una serie de cosas totalmente ordinarias, en un taller de un artesano en un pueblecillo perdido. Ahí transcurre la mayor parte de la vida de Jesús.

Galilea es la Encarnación, Galilea es Jesús entre los hombres, Galilea es Jesús en el día a día. Galilea es para nosotras nuestro recogimiento, nuestra celda, nuestro monasterio, nuestra clausura… nuestra vida interna de comunidad en la intimidad, en la familia, en nuestro trato familiar… todo esto es Galilea. Y tenemos que volver a Galilea.

Cuando estaba a punto de nacer Jesús, sucede algo muy notable: María conoce las Escrituras y las profecías, que su Hijo tiene que nacer en Judea. Sabe que su Hijo tiene que nacer en Belén, porque está así predicho desde antiguo por boca de los profetas. Pero no se mueve de Galilea, no se mueve de Nazaret, porque nadie le ha dicho que tiene que ir. Ella se queda quieta donde está, viviendo atenta a su interior, atenta a su Hijo, sabiendo que cuando llegue el momento de partir, Dios le va a dar la señal necesaria y va a decir: “ahora te tienes que ir de aquí”.

Y mientras tanto no se inquieta, prepara todo y hace todo como si su Hijo fuera nacer en Nazaret. Porque, usando el sentido común, ninguna mujer en avanzado de gestación se sube en un burro y se pone a recorrer los cerca de los 200 Km que hay entre Galilea y Judea, entre Nazaret y Belén. Ella se queda ahí quieta porque está esperando un Hijo y su Hijo va a nacer pronto y nadie le ha dicho que tenga que irse a ningún sitio, se queda en su casa y prepara todo para que su Hijo nazca. Dentro de la pobreza que viven, de su sencillez, prepara las cosas lo mejor que puede, pero no se mueve.IMG-20170523-WA0103

Y cuando llega el momento, Dios -por estas carambolas de El- organiza todo, para que efectivamente el Mesías nazca en Belén como estaba previsto y como estaba profetizado. Y por medio de un edicto del Emperador -y una serie de cosas que, encima para los israelitas eran un pecado, un insulto, pero tienen que obedecer, porque Roma es Roma y deben obediencia al Imperio -pues… José y María se van a Judea.

Ir a Judea significa -por supuesto- salir de Galilea, salir de su entorno, salir de su vida de familia, de su casa de Nazaret, de su hogar… que sería un hogar pobre y humilde, pero era su hogar, donde ellos vivían felices y gozosos su día a día, queriéndose muchísimo y haciendo el mayor bien posible, como dos judíos piadosos: orando, yendo a la sinagoga, trabajando… Ellos vivían ahí felices, esperaban su primer Hijo y obedeciendo al Señor, salen de Galilea. Pero sólo salen de Galilea obedeciendo al Señor, no se van por un capricho propio.

José y María son mucho más sencillos que todo esto, no se plantean nada: estamos en Nazaret y, mientras no se nos diga lo contrario… aquí seguimos. Ella sabe a Quién lleva en su seno y sabe que Ese que lleva en su seno la va a guiar adonde tenga que ir, porque Ella ha dicho que es su esclava y está disponible. Y mientras Él no mande nada, ella queda quieta, permanece en Galilea porque ese es su lugar, esa es su casa y ella sabe que, cuando Él quiso pedirle algo, fue a buscarla en su casa, y allí la encontró.  Ella sabe que, si Él ahora quiere ir a Belén, va a ir y le va a mostrar el camino. Y mientras tanto permanece en paz.

Y efectivamente… sucede lo del edicto y, obedeciendo al Señor, sólo por obedecer al Señor, salen de Galilea. Nunca debemos salir de Galilea si no es por una obediencia pura a Dios, sino es apoyadas totalmente en la Voluntad de Dios, en el designio de Dios. Irnos a Judea por cuenta propia, porque nos parece mejor, porque nos parece que va a ser más efectivo, porque va a dar más fruto, porque vamos hacer más apostolado, porque… ¡es vano, es estéril, es inútil, es un engaño! Tenemos que permanecer en Galilea, porque el Verbo vive encarnado en Galilea. Jesús vive en Galilea y Jesús en su vida solamente salió de Galilea por imperativo: porque el Padre quería.

Porque el Padre quiere, va en su edad adulta a que Juan le bautice en Galilea, y el Padre se manifiesta y dice que es “el Hijo amado en quien se complace”. Porque es Voluntad del Padre y para prepararse a su Ministerio, va al desierto de Judea y es tentado. Porque es Voluntad del Padre, en el seno de Su Madre, viaja de Galilea a Judea y nace en Belén. Porque es Voluntad del Padre es presentado en el templo de Jerusalén, en Judea. Cuando tiene doce años vuelve con sus padres a Judea, porque el Padre le está esperando allí y tiene que celebrar la Pascua y, celebrando la Pascua, se queda en el templo, porque tiene que estar en las cosas de su Padre y no hace por volver a Galilea, sino que deja que sus padres se vayan hacia Galilea y Él se queda en Judea, en Jerusalén, porque está en las cosas de su Padre. Pero Jesús nunca se va a Judea por capricho propio, por voluntad propia, sino porque es Voluntad del Padre.

Y después de las tentaciones del desierto, una vez preparado para su ministerio –así nos dice el Evangelio- vuelve a Galilea. Y en Galilea empieza su ministerio, empieza su predicación en Cafarnaúm, Betsaida…IMG-20170523-WA0054

Y además en Galilea tenemos una Aliada: Galilea es la tierra de la Virgen. Y cuando nosotros estamos en Galilea, Jesús hace todo lo que Ella dice. En Caná, que está en Galilea, en una fiesta, Ella le hizo a Jesús adelantar su hora…

En Judá, cuando se queda en el templo de Jerusalén y ella le pregunta, la contestación es… de entrada parece dura: “Estoy en las cosas de mi Padre”. Pero en Galilea, ella tiene un poder especial sobre Jesús. Si estamos en Galilea, si permanecemos en esa intimidad y en su tierra, que es tierra de Ella, la de lo sencillo, la de lo cotidiano, la de lo humilde… ahí Ella hace con Jesús lo que quiere de Él. Consiguió vino para embriagar a todos. Jesús le da y le da con largueza, pero lo más grande es que le hizo adelantar su hora.

Pero siempre permaneciendo en Galilea, que es la Voluntad del Padre, el plan primero, el de esconderse, el de permanecer, es cuando de verdad la Humanidad de Jesús es –si cabe la expresión- más humana, más tangible, más cercana, es más el Hijo de María, el carpintero, el hombre sencillo. Cuando va hacia Judea, siempre va como el rabí, el rabí de Galilea, el hombre que tiene autoridad, el hombre que tiene otro poder. Judea es la región donde Jesús denuncia, donde Jesús se enfrenta a los escribas, a los fariseos. Jesús solamente va a Judea cuando quiere hacer algo que tiene trascendencia pública. La predicación más sencilla, la de los más íntimos, tiene lugar en Galilea.

Y su madre permaneció prácticamente siempre en Galilea. Ella solamente -que tengamos noticia por la Escritura- se va de Galilea a Jerusalén para acompañarle en el Calvario. Entonces sí sale de Galilea y le sigue hasta el final.

Por eso nosotras tenemos que volver a Galilea, porque muchas veces sin querer nos dispersamos, nos perdemos. Ir a Galilea concuerda perfectamente con la palabra que nos dice Jesús en el Evangelio de Mateo (10, 27): “Lo que Yo os digo en oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los tejados.”

Ahora tenemos que ir a la oscuridad, al silencio, al recogimiento para escuchar todo eso. Tenemos que aprender a vivir de esa doble manera: entre Galilea y Judea, pero con el cuidado de no irnos nunca de Galilea si no tenemos absoluta seguridad de que es la Voluntad del Padre.

Coged la Escritura, coged el Evangelio, sobre todo el de Lucas -que es quien narra más todas las vivencias en torno al nacimiento de Jesús, la Encarnación, la Visitación, el nacimiento de Jesús- e id leyendo. La Virgen sale en seguida de Galilea a Judea, a Ain Karen a visitar a su prima Isabel, porque sabe que Dios quiere que vaya, porque sabe que Isabel la necesita y va. Pero va rápidamente, va con presura.wp-1493280875679.

Pero en cuanto concluye lo que tiene que hacer allí, vuelve a Galilea a seguir esperando el nacimiento de su Hijo. No dice: “Bueno, pues ya que Ain Karen está bastante cerquita de Belén y Belén y Ain Karen está bastante lejos de Nazaret, pues me quedo aquí hasta que nazca mi Hijo que dice la profecía que tiene que nacer aquí al lado…” ¡No! Ella cuando termina de hacer lo que tiene que hacer en Ain Karen, que es ayudar a Isabel en el nacimiento de su hijo, inmediatamente vuelve a Galilea.

Y Galilea, os lo repito, está al norte, Judea está al sur; y lo que está en el medio -que a mí me dice muchísimo- es Samaria. Los samaritanos viven entre Galilea y Judea. No son ni galileos ni judíos, pero viven en el medio, están a la misma distancia de Galilea que de Judea. Y para ir de la interioridad a lo público, de la intimidad a lo público, Jesús obligadamente tenía que atravesar Samaria.

¡Para mí es muy significativo! Nosotras somos éstas que estamos ahí en el medio. En principio proyectadas hacia Galilea, con Él en Galilea, pero siempre dispuestas a ir a Judea, cuando sepamos que es la Voluntad del Padre, cuando sepamos que es su Querer.

En Galilea se recibe el anuncio gozoso de la alegría de saber que Dios está con nosotros. Después se anuncia en Judea cuando Él nace y lo anuncian los ángeles a los pastores. Pero la que primero recibe el anuncio gozoso de que el Mesías ya está entre su pueblo, ya está en su seno, es Ella en el silencio y la intimidad de Nazaret.

Pero ¡ojo!: cuando hablamos de silencio y de intimidad, tampoco significa sentarnos en un rincón y ponernos mano sobre mano a contemplar nuestro interior. ¡No! Ella vive atenta a su interior, pero en un servicio continuo a su exterior, a todos los que están a su alrededor, a su tarea ordinaria, enteramente ordinaria.

Y lo mismo que Jesús resucitado le dice a María Magdalena “ve y di a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán”. ¡Tenemos que ir a Galilea, porque allí le veremos! ¡Allí le vamos encontrar encarnado, hecho de20160529_171237 verdad hombre! Toda la gloria de Dios se encarna y se hace hombre y se hace vida de nuestra vida y carne de nuestra carne en Galilea. “La cosa empezó en Galilea”.

Vivamos en Galilea recogidas, saboreando esa presencia interior del Señor en nuestro seno, en nuestro ser, en nuestra intimidad más íntima, saboreándole, gustándole, mimándole… y anhelando verle pronto.

Y cuando llegue el momento de ir a Judea, llevar a Jesús en nuestro regazo y entregarlo al mundo y mostrárselo al mundo, y mostrar el gozo y la alegría inconmensurables que nos causa el tenerle con nosotros. Y darlo, entregarlo al mundo con mucha alegría, sin ningún temor, como Ella hizo en Belén. En Belén se desprende de Jesús, en Galilea le lleva en su seno, le tiene consigo. Cuando llega a Judea, a Belén, le da a luz y lo primero que hace es colocarlo en el pesebre, no se lo queda en el regazo: ¡lo da, lo entrega! María sabe que Judea significa entregar a Jesús, darlo, no quedarse con Él.

Nosotras vamos a Judea cada jueves por la noche. Cada acto que tenemos con las personas que vienen a compartir, a rezar con nosotras, cada testimonio, cada salida a parroquias, cada feria… todo lo que hagamos de acoger a los demás, es ir a Judea. Pero una vez que hagamos lo que tenemos que hacer en Judea, tenemos que volver a Galilea, para volvernos a encontrarnos con Él, para volverle a escucharle a Él, porque no podemos dar lo que no tenemos.

 

4 comentarios en “La cosa empezó en Galilea

  1. Que hermosas palabras, me gusta en especial esta reflexión , permanecer en nuestra Galilea , nuestro recogimiento y nuestro interior y desde allí , después de ese trato íntimo con Jesús , salir al mundo , a nuestro afán de cada día , para ser llama viva en la oscuridad que alumbré y guíe a los otros a encontrar a Dios !!
    No puede existir misión más bella!!

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  2. Precioso texto Madre Olga ,donde describe el viaje de Galilea a Judea de la Sagrada Familia y el que nosotros deberíamos hacer también , con su ayuda será más llevadero.Un abrazo.

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