Aprovechar el tiempo

Repetimos una y mil veces que hay que “aprovechar el tiempo” y desde luego que es cierto, pero me da la sensación de que lo repetimos como una especie de estribillo que no sabemos bien en qué consiste… Generalmente cuando nos referimos a esto pensamos en hacer algo útil, a rendir en el trabajo… y eso está muy bien, pero os propongo que reflexionemos un momento sobre esta “utilidad” y este “rendimiento”.

El tiempo no es nuestro, no lo poseemos: es un don porque lo recibimos. Cada instante nos es dado, nos lo regalan… y podemos emplearlo bien o malgastarlo, IMG-20170511-WA0097pero no podemos retenerlo como quien recibe una moneda y la guarda en el bolsillo esperando y planeando la ocasión más acertada para gastarla en algo que merezca la pena.

El tiempo fluye y no podemos retenerlo, ni guardarlo, ni acumularlo… ¡hay que aprovecharlo ya! Aquí la inmediatez es fundamental, porque si no… no queda nada, se pasa inútilmente. Por eso considero que es muy importante que tengamos claro en qué consiste eso de aprovechar el tiempo y comparto con vosotros, queridos lectores, mi pobre experiencia.

El tiempo sólo “sirve” para una cosa: para hacer el bien. Y al final… es lo que nos queda: el bien que hayamos hecho y el amor que hayamos dado. Cada segundo que yo deje pasar sin amar y sin hacer el bien, es un segundo perdido y malgastado que ya nunca voy a poder recuperar. Y no vale decir que ya habrá más ocasiones, o que lo dejamos para más adelante, porque el tiempo se pasa y los segundos de vida que Dios me ha asignado se “gastan” y ya no vuelven y tienen un límite.

No sé cuántos años de vida me quedarán, pero por mi edad… es seguro que ya he sobrepasado la mitad de mi vida y la gran pregunta es: ¿cómo he empleado yo mi tiempo? ¿y cómo voy a emplear el que me quede? Dice San Juan de la Cruz que “a la tarde de la vida te examinarán en el amor”. Esa es una asignatura que todos tenemos pendiente y que sólo podemos aprobar si empleamos nuestro tiempo en amar y hacer el bien. Al final… es lo único que queda, es la única cosa verdaderamente útil en la que gastarnos y desgastarnos: el amor y la bondad.

A la tarde de la vida no van a servirnos de nada los logros profesionales, ni académicos, ni el éxito personal, ni la eficiencia en el trabajo, ni la buena posición social y económica, ni el prestigio… A la hora de la muerte eso no cuenta: para ese examen puntúan únicamente la bondad y el amor.wp-1479885497446.jpg

Y ahora me diréis que algunos no estáis seguros de que ese examen exista… ya contaba con esa objeción. Para los creyentes no hay discusión: tenemos pendiente un careo con Dios y un examen de amor y para los no creyentes os digo: tenéis pendiente ese mismo examen ante vuestra propia conciencia, que será vuestro propio juez. Podéis abandonar este mundo con la paz de haber vivido para la bondad y el amor y con el pesar de haber pasado por la vida sin haber hecho lo mejor, que es amar, y rindiendo tributo al egoísmo.

Por eso propongo que busquemos un ratito y en paz, serenamente, pero también muy sinceramente, examinemos cómo aprovechamos nuestro tiempo. En qué lo empleamos y -como diría Santa Teresa- determinarnos a no malgastar ni un segundo más y a lanzarnos inmediatamente a hacer todo el bien posible. Si todos hiciéramos eso… ¡cambiaríamos de raíz el mundo!

 

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