Gritos y más gritos

Vivimos en un mundo de ruidos, voces, reivindicaciones… gritos y más gritos. En este viernes de hoy, Viernes Santo, la cristiana que soy emerge en toda su fuerza y se asoma a este rincón del periódico para compartir con mis lectores algo que lleva días dentro de mi corazón removiéndome profundamente: el grito de Jesús en la Cruz.

¿Por qué gritó? ¿por el dolor físico? Sin duda que no, hubiera gritado desde el inicio del tormento… Si Jesús dio ese fuerte grito, sin duda es para que se escuchara, para que lo oyéramos. El grito de Jesús en la Cruz es un grito de parto. En aquel momento nacía un mundo nuevo. Fue un grito de sufrimiento y, al mismo tiempo, de amor.wp-1479286225450.jpg

Pensemos en un caso que se ha dado varias veces: el de una mujer que está esperando un hijo y a la que le diagnostican una enfermedad mortal que urge tratar y cuyo tratamiento para intentar salvar su vida es incompatible con el buen término del embarazo y el nacimiento de su hijo. Y ella tiene que elegir. Y esta mujer elige dar a luz a su hijo a costa de no tratar su enfermedad y de ir encaminada a la muerte en breve. Sabemos que se ha dado más de un caso de estos.

Imaginad por un momento ese niño cuya madre muere para que pueda vivir él. ¿Qué sentirá cuando de mayor pueda comprender que su madre tuvo que escoger y escogió que él viviera a costa de morir ella? Para ese niño, oír hablar de su madre tiene que ser lo más grande. Incluso… para ese niño las personas se diferencian unas de otras por el modo en que hablan de su madre. La muerte de esa madre ese niño la lleva grabada en su ser, porque él ha nacido como fruto de esa muerte.

¡¡Nosotros somos ese niño!! ¡Yo soy ese niño que nací como consecuencia de la muerte de Alguien! ¡El grito de Jesús en la Cruz es el grito que Él lanza para que yo pueda nacer! ¡Es el grito de Quien me está dando a luz a una vida nueva!… ¡Jesús muriendo ha dado vida al mundo!

Y ante algo así, que es verdadero y real, ¿cuáles son mis sentimientos cuando contemplo a Jesús, y más cuando le contemplo en la cruz?… Creo que, ante algo así, solo cabe una cosa: llorar de gratitud y de amor, porque estaba muerta y Él ha entregado todo y se ha entregado a Sí mismo para darme a luz a una vida nueva, verdadera y eterna. ¡No tengo ningún derecho a no vivir feliz y agradecida a Dios! ¡No tengo ningún derecho a dudar de la Bondad de Dios!b0bf354918650bccd2d17b3a31b539e8

A mí me hace pensar mucho esto, porque también estoy llamada a gritar al mundo entero. También estoy llamada a gritar dando a luz una humanidad nueva. A gritar para anunciar, pero también gritar para dar vida. Ojalá que todos los gritos del mundo se tornen en gritos de amor y en gritos que vivifiquen, que den vida.

En este Viernes Santo hago un llamamiento a todos los hombres de bien, cristianos y no cristianos, a gritar fuertemente y a que nuestros gritos se oigan en el mundo entero ¡Nuestros gritos tienen que ser sólo de amor! ¡Nunca de condena, nunca de reproche, nunca de rabia… nunca con resentimiento! Tenemos que cambiar el sonido del mundo y podemos lograrlo, pero sólo hay una fuerza capaz de hacerlo: el AMOR. Os invito a todos a silenciar para siempre el odio y la venganza y a transformar tantos gritos que nos rodean y asedian en un clamor de amor, compasión, perdón y ternura.

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