Imitando la vida de Jesús en el sagrario

Hoy es Primer Viernes y me siento movida a confirmaros en la llamada recibida, y dentro de esa llamada hay un acepto muy importante, muy fundamental, que creo que tenemos que recordar y en el que tenemos que profundizar.

Somos llamadas, entre otras cosas, a imitar la vida de Jesús en todos sus aspectos,  pero sobre todo -de manera especial- a imitar su vida eucarística. Jesús vivió unos 30 años en Palestina, con un cuerpo humano como el nuestro. En una humanidad semejante en todo a la nuestra, spiaggia-al-tramonto-spiaggia-di-rocce-molo-222373menos en el pecado. Lleva dos mil años, viviendo en el mundo entero -y así va a permanecer hasta el fin de los tiempos- viviendo en un Cuerpo eucarístico, en un Cuerpo sacramentado, bajo la apariencia de pan. Frente a treinta años de apostolado, caminando por Palestina, hablando a las gentes, curando a los enfermos, dejándose ver de las gentes… dejándose ver, tocar y  haciéndose presente como cualquier hombre; frente a esos treinta años, de los cuales sabemos que la mayor parte transcurrieron en una vida oculta y ordinaria en Nazaret, en un pueblecillo desapercibido en el mundo de aquel entonces, tres los pasó en un apostolado activo, directo y dos mil los está viviendo desde un apostolado diferente, en el Sagrario principalmente.

Un Carmelo es como un enorme sagrario que encierra hostias vivas. Cada una de nosotras tiene que ser una hostia viva adherida a la Hostia Santa, Pura, Inmaculada, que estamos contemplando en este momento. Como Jesús en el Sagrario, tenemos que llevar una vida oculta, silenciosa, solitaria, muchas veces ignorada, entregada, inmolada, orante, intercediendo… Como Jesús en el Sagrario tenemos que vivir ocultas pero presentes, ocultas pero… ¡vivas!, palpitantes. No nos podemos permitir el lujo de estar aquí vegetando. Jesús en el Sagrario no vegeta. Jesús en el Sagrario ¡vive! con toda la fuerza de una Vida Resucitada y su Corazón palpita dando vida a un Cuerpo -el Cuerpo Eucarístico de Jesús- que está Vivo para siempre. Jesús es el Vivo, el verdaderamente Vivo, el Viviente, el Inmortal, el que ha vencido a la muerte.

Nosotras aquí tenemos que imitar esa vida plena, inmortal, resucitada. No podemos apoltronarnos, ni acomodarnos, ni adocenarnos, para acabar vegetando porque entonces no estamos dando Vida sino sembrando la muerte. La mediocridad es el paso previo a la muerte, al pecado. Tendremos muchas pobrezas, pero la nuestra tiene que ser una vida… ¡vibrante!, llena. Y en este punto estamos y estábamos, k-bl-gjilfcuando la Iglesia que es nuestra Madre, nos ha permitido, respaldado, animado, empujado de alguna manera, a salir muchas veces del Sagrario -como Jesús ha salido ahora- para quedar expuestas a fín de que -con nuestra presencia testimonial- entreguemos también nuestra vida, como la entrega Jesús. Dejarnos ver, aunque muchas veces permanezcamos en silencio, aunque muchas veces no haya que hacer nada sino solo estar. Y ese estar, es un grito silencioso, como Jesús en la Custodia que está diciéndonos tantas cosas: “Venid a mí”, “Tengo Sed”, “No me dejéis solo”, “Estoy a vuestra puerta llamando”…

Jesús en el sagrario permanece silencioso, pero no está mudo. Jesús en la Custodia permanece a la vista de todos, pero no está mudo. Muchas veces nuestra presencia va a tener que ser así: en determinados momentos saldremos de nuestro sagrario para mostrarnos a nuestros hermanos, como Jesús se muestra. Y desde ese silencio, ese poco hacer, también estamos diciendo: “Tomad y comed, éste es nuestro cuerpo”, nuestra vida entregada por la Iglesia y esa presencia, ese estar, también es testimonio si muestra a Jesús. Tenemos que vivir de tal manera -y esto no se improvisa- que todos los días de nuestra vida, cada instante de nuestra vida, cuando haya un momento de exposición, de mostrarnos hacia el exterior, la gente pueda ver a Jesús. Que bajo la apariencia pobrísima de nuestra naturaleza humana, puedan verle a Él. Tenemos que estar tan llenas, tan vivas, tan palpitantes, que cuando quedemos “expuestas” -en el contacto con nuestros hermanos, en la oración, en cualquier actividad que realicemos, a través de la pobreza, y la pequeñez de nuestra hostia- puedan ver a Jesús porque realmente ¡Él está ahí! Que de tal manera nos llene y nos posea, con tal plenitud, que lo mismo que -bajo la apariencia de pan estoy viendo a Jesucristo, al Corazón de Cristo, al Hijo de Dios Vivo- bajo la apariencia de mi pobre naturaleza humana, bajo la apariencia de esta pobre hostia, en la pobreza de este pobre ser que soy yo, no vean a la monja que está aquí, sino solamente vean al Hijo de Dios palpitante, vivo, resucitado y verdadero; que de verdad vean a Jesús.

Para eso nos permite la Iglesia que muchas veces -o de vez en cuando- se abra al puerta de nuestro carmelo-sagrario y se muestren las hostias que están dentro, para que le vean a Él. Y estoy convencida y cierta de que ésta es una parte, un aspecto, una faceta a la que somos llamadas a vivir: imitar lo más posible la vida de Jesús en el sagrario. el-mar-siempre-el-mar-atardecer-en-la-playa-de-los-enebrales-1-punta-umbria-huelva-24678bc5-d837-45c9-ab0a-ca8245e72280Y esto es algo que no se improvisa si no se vive a diario, porque no podemos dar lo que no tenemos. Y cuando hablo de imitar la vida de Jesús en el sagrario, hablo también de imitar el apostolado de Jesús en el sagrario, que consiste principalmente en estar, acoger, interceder… Él es el “puente” que une a los hombres con Dios, lo humano con lo divino. Él es el que continuamente está ahí, en una actitud de acogida permanente, de espera permanente y de intercesión permanente. Está continuamente pidiendo perdón al Padre para todos nosotros. Está continuamente llamándonos para que vayamos al Padre, porque Jesús siempre es el Camino, el único camino para ir al Padre. Él mismo lo dice: “Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida”, pero el término es el Padre. Y cuando Él nos ha hecho esa promesa maravillosa -que si nos la creyésemos de verdad brincaríamos de alegría-: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, es porque sabe que es el único Camino y le necesitamos para llegar al Padre.

Y por un misterio insondable, de entre todo el pueblo de Dios, ha escogido a determinadas almas para compartir esa misión de intercesión, presencia testimonial, acogida, oración, inmolación, entrega silenciosa… Esa es nuestra vocación. Esa es nuestra razón de ser. El Corazón de Jesús que está ahí palpitante, ha asociado a esta obra, a este apostolado suyo actual, a otros corazones: los nuestros. Para Él nuestro “Id al mundo entero y anunciad el evangelio” es así. Porque desde el sagrario abarcamos el mundo entero, desde ahí amamos y entregamos nuestra vida entera, que es nuestra manera de anunciar el Evangelio, la Buena Noticia de que somos amados.img_0304

La vida que estamos llamadas a vivir, es una vida de un amor intenso, apasionado, de una unidad sin fisuras, de una hostia entregada. Las Hostias que están en el copón, cada una es individual pero están todas en el mismo copón. Solamente se separan para entregarse y aunque el sacerdote tome una Hostia para entregarla, el todo que forman -que es el Cuerpo de Jesús- no se deshace. Así tenemos que ser: vivir como en un inmenso sagrario, lleno de hostias pero formando una piña, una unidad irrompible, indivisible y eso solamente se consigue con un amor oblativo apasionado. Esa es la vocación a la que estamos llamadas, lo primero que tenemos que hacer. Solamente así -cuando se abra el carmelo-sagrario y se muestre su contenido a los que se acerquen a él- podrán ver  a Jesús. Si no simplemente verán oblea, que es lo que se ve cuando falta el Espíritu Santo para esa visión sobrenatural. Tenemos que estar de tal manera consagradas, nuestra consagración tiene que ser vivida con tal intensidad por cada una, que ya no se vean monjas, sino a Jesús. Si no mostramos a Jesús, somos mentiras, mentiras con hábito.

 

4 comentarios en “Imitando la vida de Jesús en el sagrario

  1. “Querido JESÚS: Ayúdame a esparcir TU fragancia por donde quiera que vaya……….”. Lo estás consiguiendo Madre Olga María. Preciosa reflexión. Muchas gracias!!

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  2. suelo hacer los comentarios,siempre positivos, Estas palabras samaritanas algo han revolucionado en mi interior, algo que ni yo misma sabria explicar,solo sé que estoy cambiando

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