Don yo

Después del demonio el siguiente adversario tremendo contra nuestra propia vida espiritual es el propio yo. ¡Don Yo! Yo soy tan importante que… todo lo demás queda en un segundo plano. Este es otro ídolo, el yo,  de una seriedad mortal: “¡soy tan importante! ¡Es tan fundamental lo que me pasa! ¡Es tan importantísimo y digno de tener en cuenta esto que tengo…!” que acaba convirtiéndose en un tirano wp-1485070139304.jpgde una seriedad impresionante, que yo me tomo muy en serio y que no se puede tocar: ni yo, ni mi imagen, son intocables; mucho menos burlarme de ella ni que nadie se burle. No se la puede criticar ni ofender; esto es muy fundamental: Mi imagen hay que sostenerla, mantenerla y brillante y bien pulida, impoluta y sin ninguna mancha. Y,  si tiene algo menos bonito, a ver como lo camuflo, a ver como lo tapo, que no se entere nadie.

Esa es la tentación del culto al ego, del egoísmo y del yo: YO como ídolo central de mi vida. Dios, el pobre, a ver dónde cabe. A ver si aún encuentra algún hueco.  Porque lo importante de la vida de una persona así es ella  misma, su propia imagen, lo que van a pensar de ella… Por eso insisto en que hace falta un gran sentido del humor para saber derrocar de raíz nuestro ídolo y vivir con una fe profunda y sencilla como el niño. Porque no se trata de machacar nuestro yo ni de despreciarlo, pero entre machacarlo y despreciarlo y hacer de él un ídolo importantísimo, hay muchos estadíos.

Lo que debemos que hacer es pedir a Dios la gracia de valorar nuestro propio yo bajo la luz adecuada. O sea: ¡de vernos como Dios nos ve! Y tratarnos a nosotros mismos con la misericordia con que Dios nos trata, porque a veces pasa una cosa: que hacemos algo, lo que sea, wp-1485090072173.jpgDios nos perdona, nuestros hermanos y hermanas nos perdonan; pero yo no me lo perdono; yo no me quiero nada a mi misma, vivo machacada. “Entonces yo soy familia de Quintín, el Amargado. Y… ¡que me dejen en paz! Porque con lo mala que yo he sido…”  Pero si te queremos y te hemos perdonado, si el Señor te ha perdonado ya… “Pues ¡¡¡yo no me perdono!!!” Pues… ¡qué tonto eres! Te hemos perdonado todos, te ha perdonado Dios, y tú ¿no eres capaz de perdonarte? Pues buena gana tienes de vivir amargado, porque estás haciendo oposiciones para vivir amargado toda la vida y, como sigas así, vas a ser el número uno y es un número uno que no apetece… ¡No! Entonces, ¿qué hay que hacer? Sentido del humor por arrobas y urgentemente, porque sino no sales de este círculo.

 

A propósito de esto planteo unas preguntas que a mí me han ayudado mucho en determinados momentos:

1)  Si en realidad yo soy nada, ¿por qué trato de ser yo el centro del mundo?

2) ¿Por qué considero que mis asuntos son los más importantes?

3) ¿Por qué vivo con tanto dolor –dolor a veces que lleva a la desesperación– mis derrotas y fracasos?

4) ¿Por qué soy tan mortalmente serio?

2 comentarios en “Don yo

  1. Menos mal que tengo poco tiempo libre,porque si lo tuviera,estaría pensando todo el día si me quieren o no si me hacen caso o no.Con todo aún tengo tiempo a tomarme muuuy enserio.Gracias a Dios que me gusta reír y creo tener sentido del humor y se perdonarme

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