¿NO HAY UN PREMIO PARA MI?

En Asturias esta semana estamos inmersos en el ambientillo de los Premios Princesa de Asturias, la próxima visita de sus Majestades los Reyes y todo lo que eso conlleva. No cabe duda de que es un acontecimiento relevante en el Principado y eso se nota y se respira en el ambiente.wp-1477515107662.jpg

Todo esto me ha hecho pensar: los galardones son para unos pocos candidatos -muy poquitos- que finalmente son elegidos para ello y lo mismo pasa con el resto de galardones: los Nobel, los Oscar, el premio Cervantes… ¿y el resto de los ciudadanos de a pie? ¿Nunca vamos a recibir un premio?

Todo depende del premio que tú esperes en la vida. Lo que es yo… me considero más que premiada por Dios: me siento muy afortunada por el premio de la vida, por estar aquí, en este mundo, amando (intentando amar al menos) y siendo amada. Me considero afortunada por mi fe cristiana y por mi capacidad de ser feliz, que son “premios” que Dios me ha dado y me llenan de gozo y de fuerza y de sentido.

Cuando uno tiene fe vive en el ámbito del continuo premio, del continuo regalo, del continuo don, de la absoluta gratuidad… Y es una verdadera gozada ¿Os habéis parado a pensar que abrir los ojos cada mañana y que por nuestras pupilas penetre la luz ya es un regalo? ¿Habeis considerado que el aire que respiramos y que nos permite seguir vivos es gratis y nos lo regala Dios cada instante de nuestra vida y no sólo a ti y a mí, amigo lector, sino a todos los seres humanos del mundo entero? ¿Habeis considerado el premio que es contemplar la ternura de una madre abrazando a su hijo, la inocencia de un niño, la fidelidad de ese matrimonio de ancianos que después de más de sesenta años juntos pasea su amor por el parque cogidos de la mano? ¡Todo eso son premios preciosos que desfilan ante nuestros ojos y muchas veces no los disfrutamos porque estamos embotados y no nos enteramos!

Celebro de corazón los premios otorgados por el jurado de la Fundación Princesa de Asturias, que reconocen P1020904la grandeza humana de los galardonados y aprovecho para felicitarles desde aquí, pero os digo que no tenemos nada que envidiar a nadie. Vivamos la vida como personas distinguidas con el mejor de los premios: ser personas libres con capacidad de amar y hacer el bien. ¿Os dais cuenta de lo que es tener una libertad que nos permite optar entre el bien y el mal, entre el amor y el odio? La posibilidad de la bondad es un atributo únicamente humano, un premio exclusivo del ser humano. Lo mismo que la capacidad de amar y de entregar la propia existencia sirviendo y haciendo felices a los seres que amamos. Nos ha tocado un premiazo impresionante que no valoramos lo suficiente. Todos fuimos concebidos nominados y hemos nacido galardonados. ¡Enhorabuena a todo el mundo! La única pena es que no nos enteramos y no le sacamos brillo y lustre y lucimos poco nuestro premio.

Esto desde el punto de vista meramente humano y natural, pero si encima tienes fe… un cristiano tiene el premio más grande, el mejor, el más insuperable: ser hijo de Dios. ¿Alguien puede esperar un premio mayor y de más solera? Pues… ¡lo teneis en vuestras manos! Acercaos a recogerlo.

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