Muéstranos al Padre (XXIII)

Obediencia y libertad

Decíamos el otro día que el Padre compadece con el Hijo, que la Pasión del Hijo la vive primero el Padre en su Entraña, ¿no? Y la pregunta es: ¿por qué el Padre ha entregado a la muerte al Hijo y cómo se concilia esto con la compasión? En el Evangelio de Juan dice Jesús: “Por eso me ama mi Padre porque Yo me desprendo de mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente”. Nadie le quita a Jesús nada, es Jesús quien la da voluntariamente, eso es Palabra del Señor en el Evangelio de Juan. “Está en mi mano desprendetumblr_nohpzzyf7m1u7h89to1_1280.pngrme de ella y está en mi mano recobrarla. Éste es el encargo que me ha dado el Padre.” El Padre le ha dado un encargo y Jesús lo cumple gustoso, voluntariamente, porque quiere. Jesús muere libremente. Si Jesús no hubiera muerto libremente, ¡de nada había servido! Si hubiera muerto forzado o coaccionado, no nos hubiera redimido. ¡Jesús va la muerte porque quiere morir!

Y es muy revelador y ya os lo he dicho alguna vez. Ese momento en el Huerto cuando llegan a prenderle, Él dice: “‘¿A quién buscáis?’ ‘A Jesús, el Nazareno.’ Y Él dice: ‘Yo soy.’ Y en ese momento en que Él dice ‘Yo soy’  todos los soldados que van a prenderle caen por tierra.” Queda bien claro la soberanía de Jesús cuando dice “Yo soy”.  Significa “Yo soy” el poder, “Yo soy” el Omnipotente, “Yo soy”. Y sólo con pronunciar esto: “Yo soy”, hace que todos caigan por tierra. Lo cual deja patente que, cuando un instante después, se deja prender es porque voluntariamente quiere… si no no le hubiera puesto la mano encima nadie ¡Nadie! Él dice “Yo soy. Estoy aquí” Esto es muy importante: si no hubiera sido así, no nos hubiera redimido. Jesús no fue a la muerte en ningún momento forzado por nadie. Fue porque quería ir, porque quería la Voluntad del Padre.

Aquí se habla, en ese pasaje de Juan 10, 17-18, de un poder de ofrecer la vida y de un encargo de hacerlo; se habla de una libertad y de una obediencia. Y en esa paradoja está la clave del misterio. Porque –eso también es muy importante entenderlo– nunca hay obediencia si no hay libertad. Nadie obedece a la fuerza: si alguien hace algo a la fuerza, no está obedeciendo, está siendo coaccionado y no es lo mismo. El que obedece, si es de verdad obediencia, siempre es libre. La obediencia es el acto más libre de nuestra vida. Obedecer tiene que ser siempre libremente: yo obedezco porque quiero obedecer. Otra cosa es que, lo que la obediencia me pide en ese momento, me cueste… repugne a mi naturaleza… no tenga ganas de hacerlo… me suponga un esfuerzo… Eso es otra cuestión: la materia de la obediencia; pero el acto de obedecer es libre.

Si yo estoy aquí ahora mismo, en este Monasterio, es porque quiero estar. Nadie me obliga a estar aquí si no es mi amor al Señor y la llamada que he recibido y el deseo de responder. Otra cosa es que luego, estando en el convento, unos días estoy más contenta, otros estoy menos contenta y me cuesta… pero yo estoy aquí asumiendo todo esto que, en un momento dado, me puede costar porque quiero estar, libremente. Yo obedezco en fe a Dios, mi Señor, imagenes-margaritas-g.jpgque me ha pedido que esté aquí y que le entregue mi vida aquí. Y al ser una monja profesa, de votos perpetuos, me lo ha pedido ya para toda la vida y yo libremente le he dicho que sí, que quiero estar aquí, en este Monasterio, en esa Comunidad, toda mi vida. Eso es libre y si no, mi profesión hubiera sido inválida, ¿vale? Yo he dicho que sí, que quiero. Otra cosa es que después eso que he dicho que sí, que quiero, y lo he dicho libremente, me suponga un esfuerzo, me cueste, me desagrade… a veces parece que toda mi naturaleza se resiste… pero eso ya es otra cuestión. Pero lo que es el acto de obedecer a Dios, que me ha llamado a eso, es un acto libre: yo estoy aquí porque quiero estar y nunca he estado aquí con otra motivación que por la de estar aquí porque quiero, porque Dios me ha llamado. Entonces mi obediencia a Dios en la respuesta a mi vocación es libre. Nunca podría decir otra cosa, mentiría si lo dijera…

Luego el acto de morir de Jesús es libre y Jesús quiere morir y quiere ir a la cruz porque quiere la Redención y Él va libre. Otra cosa es que el sufrimiento, la Pasión en sí, toda la parte cruenta de esa Pasión, lo que supone, la soledad que experimenta su Corazón, el ver todo el pecado del mundo sobre Sí y verse empujado a tener ese contacto con el pecado, cuando Él es la suma pureza, y le repugne, le cueste y diga: “Padre, si es posible, si es posible, aparta de mí este cáliz, que no tenga que pasar yo por eso”. Como yo, en mi vida ordinaria, le puedo decir: “Señor, si es posible, que no tenga yo que aguantar eso o lo otro o lo siguiente que me cuesta, si es posible pero… que no se haga mi voluntad sino la Tuya porque yo quiero obedecer”.

 

 

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