La borriquilla

135434-1920x1080“Id a la aldea de enfrente, y cuando entréis, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: ‘El Señor lo necesita y lo devolverá pronto’.”

Y, efectivamente, encontraron al borrico y lo soltaron, y algunos de los que estaban allí se asombraban de que desataran al borrico. Y como les dijeron que Jesús era quien lo había dicho, se lo permitieron.

Llevaron el borrico, le echaron encima los mantos y Jesús se montó. Y muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Y los que iban delante y detrás gritaban: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre de Señor! Bendito el Reino que llega, el de nuestro padre David”.

Leyendo la Pasión y las lecturas de la entrada de Jesús en Jerusalén, he llegado a la siguiente conclusión: de todo lo que leo, con el único con que me identifico es… ¡con el burro!… Ni con el Señor, ni con los apóstoles, ni con la Virgen, ni con el pueblo, ni con los niños hebreos… ¡Yo me veo claramente en el burro!

¿Por qué? Porque efectivamente el Señor mandó a mi vida a sus discípulos, mandó a mi vida a la Iglesia, porque yo estaba atada. la-borriquita-1 (1)“Nadie -como al borrico- me había montado todavía”, permanecía atada en el mundo, en mi mundo, en mi vida anterior.

Y Jesús le dijo a la Iglesia: “Desatadla y traedla. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle que el Señor la necesita”. ¡Y así ha sido mi vida! Cuando me fueron a desatar para traerme al Señor, muchos no lo entendieron y preguntaban, y la contestación era esa: “Pues… efectivamente, no es gran cosa: es una borriquilla. Pero el Señor la necesita.” Y el Señor me tomo para su servicio.

Y, llevándome a Jesús, he tenido la suerte -porque así lo ha querido Él– de que muchas personas hayan depositado sobre mí sus mantos y muchos han puesto también sus mantos a mis pies, a mi paso. Y después de llevar los mantos sobre mí y a mi paso, el que da sentido a todo esto, por supuesto, es Jesús, que es quién me ha escogido para que yo le lleve, pero para que yo le lleve a Jerusalén, para que yo le lleve al Padre, a su Voluntad, a la Voluntad del  Padre, a la Cruz… y yo vaya con Él.

Si muchas personas han depositado sobre mí su manto, han descansado y descansan en mí… evidentemente no es por el burro, ¡no es por mí! No voy a ser tan necia de creerme que las palmas, los hosannas, los vítores, el suelo alfombrado es por mí… ¡Todo eso es porque llevo a Jesús! ¡¡Yo sólo soy el burro!!

Y, cuando pienso en que todos se fueron… en ningún sitio dice que el burro estuviera por allí, evidentemente. Es más: después de la entrada en Jerusalén, no se vuelve a hablar del burro, no sabemos qué fue de él. Pero siempre es necesario, siempre tiene que estar ahí.

Ojalá que hoy, estos días, este momento, me haga convencerme más y más de que ese es mi lugar: ¡llevar a Jesús, llevarle! Y llevarle de modo que los demás le reconozcáis, le bendigáis, os rindáis a Él, le aclaméis… y le acojáis en vuestra vida. Él me desató, porque yo estaba atada; ¡y me desató porque me necesitaba.!

Yo creo que todos seguimos siendo necesarios y que es necesario que todos llevemos a Jesús. Que todos, de alguna manera, llevemos los mantos de los demás, el peso de los demás, la vida de los demás… porque tenemos que sostenernos unos a otros. ¡Esto no es fácil! A veces hay mantos muy pesados… Pero si Jesús va, aunque me venga grande, como le venía a la borriquilla… pues iré adelante.

Porque -si lo habéis pensado alguna vez despacio- tuvo que ser un tanto ridículo que Jesús, en esa entrada triunfal, montase una borriquilla que “nadie había montado todavía”, pobre… humilde… La borriquilla era un animal insignificante, de pobres; los ricos tenían caballos o camellos. Pero lo más elegante era un caballo brioso, hermoso… y su entrada hubiera sido mucho más triunfal y mucho más digna sobre un corcel y no sobre una borriquilla. Porque además, dada la estatura de Jesús, la desproporción entre la borriquilla y quien la montaba era grande.

Jesús no quería lucirse, se sirvió de algo muy sencillo, muy humilde, pero… “que nadie había montado todavía”… que era suya del todo, que no había llevado nunca a nadie más. Y así somos, así nos ha llamado, así nos ha escogido.

Y para una borriquilla tan pequeña, llevar a Jesús ya era un gran peso. Llevar los mantos de tantas personas es un peso muy grande… y por sí misma no podría. Si puede, si lo logra… ¡es porque va Jesús!… ¡Jesús sobre la borriquilla no pesa!, al contrario: hace liviana la carga de la borriquilla, hace posible que ella pueda cargar con los mantos y con Él.

¡Qué bonito que Jesús en su entrada triunfal quisiera “necesitar” la borriquilla! Y lo dijera así: “decid que el Señor la necesita”. El Señor nos necesita en su entrada triunfal, en su Pasión, en su Cruz… Nos necesita para ungirle en Betania… Nos necesita para que le llevemos el lebrillo y la jofaina y la jarra, para lavar los pies de nuestros hermanos y ser co-rredentores con Él, ofreciendo la Redención… Nos necesita también en Getsemaní, velando y orando con Él… Nos necesita junto a aquella criada que acusa a Pedro… Nos necesita junto a Pedro, ayudándole a que no niegue a Jesús… Nos necesita camino del Calvario, enjugando el rostro de Jesús como Verónica… ayudándole a cargar el leño como Simón de Cirene. Pero con alegría, no de mala gana como fue él, porque él fue porque le pillaron y le tocó la china. ¡Él no quería ir! Volvía de su trabajo y ahí lo pillaron.

Y nos necesita cuando en el Calvario pronuncia sus siete palabras… cuando pida perdón para todos los hombres, necesita que pidamos perdón con Él, que intercedamos con Él. Necesita que estemos con Él cuando nos entregue a su Madre para que la acojamos… Y es necesario que estemos allí cuando grite que tiene sed: tenemos que ser el agua, el aceite y el bálsamo, aunque solo seamos una borriquilla.

9 comentarios en “La borriquilla

  1. ¡¡ Hermosísima reflexión madre Olga María!!, me quedo sin palabras !
    ¡¡¡ qué enamorado debe estar Jesús de usted !!!, y bendito sea El, por entregárnosla para enriquecernos espiritualmente.
    Quisiera tan sólo poder ser ” los pies” de esa borriquilla que ayude a transportar a Jesús a los demás !!
    Gracias, gracias, Madre, esta reflexión toco muy hondo en mi corazón……

    Un abrazo inmenso
    M.Eliana

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  2. Bendita borriquilla Madre Olga.Le doy las gracias a Jesús todos los días por ponerla en mi camino.Me hace tanto bien , los escritos, los vídeos, las canciones , las fotos, todo lo que suben a facebook, Gracias, mil gracias por estar ahí. Que Dios la bendiga a ustel y a todas las Carmelitas Samaritanas.Un abrazo.

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  3. Cada vez que encuentro una​ información, comentario o charla suyo, mi corazón se ilumina o descansa.Cuando veo a su comunidad, mis ojos se alegran,y me lleno de esperanza.
    Gracias: Begoña.

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  4. Y a su paso que va llegando mi Rey, no dejo sobre el suelo mi manto, dejo a sus pies mi vida para que Él pise encima, le dejo mi corazón, pequeño y casi sin valor para que puse en blando, para que haga conmigo lo que El quiera y cuando quiera. Yo grito Hosanna al compás de los niños porque quiero que entre en esta Semana Santa en mí con la ternura de los más pequeños…Ellos acarician el burrito, yo acaricio las manos de Mi Rey al pasar. Y nos basta una mirada para comprender que mi vida está a sus pies…
    Cuando llegue a mi altura de niña, le pediré que me suba con Él. Quiero recorrer a su lado cada paso, no quiero dejarlo solo.

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  5. Uma “Borriquilla” caminha em passo seguro, ouvidos atentos, olhar penetrante. Sobre o seu dorso, mais uma vez, vai a Palavra, o Rei.
    Delicadamente entra em Jerusalém. O barulho do povo não a incomoda. Levar o Rei era importantissimo. A sua hora tinha chegado. O Divino deixa-se humilhar, precisa dos mais pobres, frágeis, dos sem voz nem vez.
    A “Borriquilla” do séc. XXI caminha em silêncio, leva o Rei “às periferias”. Anuncia ao mundo o amor da Cruz, o sangue derramado, a Páscoa gloriosa!
    Una “Borriquilla” camina a paso seguro, oídos atentos, mirada aguda. A sus espaldas, una vez más, va la Palabra. El Rey. La “Borriquilla” entra gentilmente en Jerusalén. El ruido de la gente no le molesta. Tomar al Rey fue muy importante. Había llegado su hora. Lo Divino se deja humillar. Necesita a los más pobres, a los más frágiles, a los que no tienen voz ni una sola vez.
    La “Borriquilla” del siglo. XXI camina en silencio, lleva al Rey “a las periferias”. ¡Anuncia al mundo el amor de la Cruz, la sangre derramada, la Pascua gloriosa! (tradução do google)
    Fátima Pereira

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