¡Todo está cumplido!

“¡Todo está cumplido!” Llegamos al final del amor. Dice San Juan en el capítulo 13 de su evangelio que, “habiendo amado a los Suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Jn 13, 1) ¡Y este es el fin! Jesús puede decir: “¡Todo ya está terminado! ¡Ya he amado hasta el extremo!” La Redención es obra de amor y manifestación de amor. “¡Todo está cumplido! Todo lo que el Padre me encomendó ya está hecho!”

Esta Palabra de Jesús patentiza que su muerte no fue un accidente, algo inesperado, mala suerte… ¡No! ¡Jesús da la vida, da la vida voluntariamente, llevando hasta el extremo su amor! En Él se cumpleimg-20160208-wa0000.jpg todo el Antiguo Testamento, la Ley y los Profetas. La manifestación del amor de Dios culmina en este momento para  abrirse a una vida nueva. Todo culmina en Cristo Crucificado.

Se ha cumplido también en Él el Plan de Dios. El Plan de Dios sobre la vida de Jesús desde el momento en que fue engendrado, desde que nación en Belén, desde que se quedó en el Templo, Su vida oculta, Su vida pública, Su predicación… “¡todo está cumplido!”

Y se lleva a término el amor de Jesús en la doble vertiente de amor al Padre: en la obediencia filial y el amor a los hombres llevado hasta el extremo. Obediencia al Padre porque ha obedecido hasta dar la vida. Va a la Pasión y así muere: ¡obedeciendo! Y está cumplida la medida de amor a los hombres, porque “habiendo amado a los Suyos, los amó hasta el extremo”.

Las dos cosas coinciden, porque la orden que le da el Padre, no es una orden puramente exterior, sino la comunicación en el mismo Corazón de Cristo de esa Voluntad del Padre de que entregue la vida por los hombres. Y se le comunica con el amor a ellos, de manera que cumplir la Voluntad del Padre es al mismo tiempo la necesidad, img-20160208-wa0003.jpgla exigencia de Su propio amor. ¡Jesús tiene tal amor por los hombres que le empuja a dar la vida por ellos! ¡No puede dejar de hacerlo! ¡Su amor es más fuerte que todo!

Esa es la Nueva Alianza que se realiza primero en el Corazón de Cristo, la Alianza del hombre con Dios. Ese corazón nuevo que Él nos va a comunicar después a nosotros, ese Corazón que se abrirá en la cruz y que se comunica, que se muestra a la humanidad, para que también los hombres cumplan como Él la Voluntad del Padre, transformando su propio corazón en un corazón semejante al del Hijo.

Es el grito de victoria de Jesús, del Ungido, del Cristo: “¡Todo se ha cumplido! ¡La Redención está hecha! ¡Nadie me quita la vida, yo la entrego voluntariamente! ¡Todo se ha cumplido!”

Solo falta la glorificación de Cristo.

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