“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

 

Palabra misteriosa para nosotros, que nos alienta en nuestras oscuridades, porque Él las ha querido pasar.

Ha habido mucha polémica siempre acerca de esas palabras. Jesús está rezando el Salmo 21. Está rezando el Salmo 21 porque EL, en su oración personal, llamaba siempre a Dios “Padre, Abba”, no “Dios mío”.img-20160208-wa0001.jpg Por eso, ahora mismo, en este momento, podemos decir que simplemente está rezando el Salmo 21.

Es un salmo mesiánico que se refiere a este momento de la vida de Jesús. Cuando Jesús grita este Salmo en la Cruz, realiza lo que en él se anuncia. Es una revelación del Corazón del Señor. Si no tuviéramos a Jesús gritando este salmo, podríamos pensar que Jesús no sufría realmente, que sobrellevaba con mucho ánimo y mucho gozo los dolores de la Pasión.

En Jesús hay algo, una situación, un estado interior, que es misterioso y nos cuesta comprender. Intentemos por un momento imaginar esa negrura, esa oscuridad, su actuación mesiánica cargando con el pecado del mundo. Sabemos, porque Juan nos lo dice tres veces en el Evangelio – al menos tres veces- que a Jesús le turbaba el recuerdo de este momento.

Está físicamente destrozado, moralmente sin honor, humillado, despreciado… está como enfangado por el pecado del mundo que le ahoga y oprime. Levanta sus ojos buscando luz en su oscuridad… y clama, clama al Padre y le confía su estado interior de oscuridad. Jesús se sintió de verdad abandonado por todos nosotros. ¡Todos le hemos abandonado! Pero de ninguna manera el Padre le abandonó: ¡estuvo más cerca de Él que nunca!

Jesús nos enseña a confiar en medio de la oscuridad más densa. Cuando no comprendemos, cuando nada parece tener sentido, hay que confiar. Tenemos que acercarnos con infinita confianza y respeto a esta situación interior de Jesús, mientras escuchamo
s sus palabras. Tenemos que intentar escucharlas con los oídos de la Virgen que, sin tener ningún pecado -no como nosotros, que sí que lo tenemos- acoge con Jesús el pecado de la humanidad para redimirnos.descarga

Es el momento de pedirle a Jesús que nos sostenga y nos conforte en nuestras oscuridades interiores. El dolor -yo sí que lo he experimentado así algunas veces- hace que nos preguntemos dónde está Dios, que nos sintamos abandonados por Él. Y es entonces cuando hay que confiar más, creer inquebrantablemente en el amor de Dios.

“Y oyéndole, algunos de los presentes se burlaban de Él”. Esto es lo más terrible, lo más doloroso: que Dios nos ame hasta el extremo y nosotros nos burlemos de Él, nos burlemos de su amor, nos burlemos de su dolor. Jesús le dijo en una ocasión a Santa Ángela de Foligno: “¡Yo no te he amado de broma!” Y nosotros… ¿qué hemos hecho? Nos hemos tomado a veces en broma el amor del Señor.

Un comentario en ““Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

  1. En la Profunda meditación de hoy,
    Una vez más la madre Olga nos la respuesta:
    Jesús ya nos ha precedido en el dolor, en el sufrimiento, en el sentirse abandonado por todos .Él ha pasado antes que nosotros toda clase de pruebas y nos dice : yo soy el camino, la verdad y la vida!!
    Nosotros no tenemos más que seguirle e imitarle .
    Cuando la angustia y el sufrimiento es más profundo, es cuando verdaderamente debemos confiar en Él y descansar nuestra cabeza sobre su hombro, sólo allí encontraremos el consuelo!!
    El evangelio nos dice las últimas palabras de Jesús : Dios mío en tus manos encomiendo mi espíritu !!
    Después de sentirse abandonado,
    Deposito todo su espíritu en Dios y allí encontró el sosiego y La Paz .
    Nosotros debemos hacer lo mismo, es en Dios donde debemos buscar el consuelo y La Paz con una total confianza en que será sólo allí donde encontraremos la ayuda que necesitamos !!

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