Muéstranos al Padre (XI)

¿Por qué Dios no nos evita el sufrimiento pudiendo hacerlo?

Cuando Dios se ve obligado a recurrir al castigo para que su pueblo se arrepienta de sus extravíos y quede purificado de su iniquidad -como, por ejemplo, durante el exilio- está escrito en la Biblia que “no goza afligiendo o apenando a los hombres” (Lm 3, 33). Si el hombre sufre, Dios también sufre porque debe actuar contra su deseo. Dios permite el sufrimiento –acudo a mi amiga Teresita que lo dice y es Doctora de la Iglesia– “como a su pesar”.

¿Por qué? Porque Dios no nos ve en el tiempo como nos vemos nosotros ahora; Dios nos ve desde la perspectiva que da la eternidad y sabe que el sufrimiento nos es necesario para purificarnos y para volver a Él y por eso lo permite. Pero no porque Él lo quiera, porque sea un desalmado o un sádico, sino que entiende que -si no es por el sufrimiento- no volvemos a Él y nos instalamos en nuestro mal y seguimos haciéndonos daño y seguimos lejos de Él. Y Él sabe que muchas veces una bofetada a tiempo nos hace reaccionar, por eso permite el sufrimiento como algo necesario para volvernos a Él. Porque si no experimentamos el sufrimiento, si no tocamos fondo en nuestra vida… nos creemos los reyes del mundo y somos unos prepotentes: todo está bajo control y a mí que me dejen en paz. img-20160117-wa0168.jpgY cuando yo me doy un tropezón serio y me estrello… con el golpe reacciono y digo: “¿qué está pasando?” Es entonces cuando te levantas y comienzas a mirar las cosas de otra manera. Entonces no falta quien suelta la siguiente perla: “¡Qué cruel es Dios que ha permitido que esta persona se haya estrellado!” Pues… ¡menos mal que se estrelló! porque si no… hubiera seguido caminando tan campante en una dirección que no era correcta.

Dios permite el sufrimiento “como a su pesar”, no lo quiere para hacernos daño, quiere el bien que se deriva de ello y le duele vernos sufrir. Santa Teresita pone el ejemplo -y ya lo he dicho muchas veces- de la madre que cuando tiene un niño enfermo de un catarro sin importancia, va a la farmacia y compra un jarabe; un jarabe que además en los laboratorios fabrican con un sabor agradable para que el niño lo tome bien y no proteste demasiado, y el pequeño se lo toma tan contento. Hasta ahí… todo bien. Pero cuando esa madre ve que el niño tiene 40º de fiebre y con síntomas alarmantes, como de una neumonía, va a urgencias corriendo y en urgencias… le cogen al niño y no se andan con jarabes, ni con tonterías, porque se les muere. Le inyectan en vena un antibiótico y el niño no entiende nada: “¿No era mucho mejor el jarabe?”

Pero si la madre, cuando tiene neumonía le da jarabe… el niño se va a morir, porque ese jarabe no sirve para nada, vale para un catarrillo de poca monta. Cuando tiene una neumonía, tiene que llevarle al hospital, tiene que dejarlo en manos extrañas: de un médico y una enfermera que le cogen, que le pinchan… El niño se ve separado de su madre, no entiende por qué su madre le deja en manos extrañas y menos entiende por qué permite que esos extraños le pinchen y le hagan daño. No comprende nada y se vuelve contra su madre y puede pensar que su madre es cruel, que su madre no le quiere ya… cuando su madre le está queriendo de verdad y le está procurando el mayor bien. Y ella está sufriendo viéndole sufrir, pero entiende que -en ese momento- tiene que ser así porque si no… se muere.

Esa es la imagen de Dios ante el sufrimiento. “¿Por qué permite eso?” Porque si no permite esto… ¡te mueres! Y te está curando y está sufriendo contigo al verte sufrir, pero sabe que tiene que permitir eso, que es necesario este sufrimiento. Éste es un misterio que es muy difícil de comprender, pero en el que tenemos que creer, porque cuando llega el momento… se nos olvida, no nos acordamos del ejemplo que acabo de poner -no estamos para ejemplitos- y nos revolvemos contra Dios.

“Y… ¿¡porqué!?” simon_dewey_in_his_constant_care_3x4A mí la gente a veces, ante determinadas situaciones, me dice: “y ¿porqué?” Y tengo que decir: “No lo sé. Pero nos tenemos que fiar”. Yo no entiendo por qué Dios permite esto en mi vida -lo que sea- no entiendo nada. Pero sé que me quiere y como me quiere, me fío de que -lo que está permitiendo para mí- es lo mejor, aunque me duela. Cuando llegue el momento del sufrimiento perderemos esta perspectiva. Por eso, cuando estamos lúcidos y serenos, tenemos que interiorizar mucho esta idea y fomentar mucho en nosotros la confianza en Dios.

Sobre todo la confianza en Dios para que -cuando estemos metidos en la prueba- tengamos ese hábito de confiar y podamos salir adelante. Si no hay cosas que… como no estés entrenado… luego no se improvisa. Pero que es la verdad; es la auténtica verdad. Santa Teresita, como os digo, tiene siempre solución para todo y es la que me lo ha enseñado, y ella sabía un montón de esas cosas. Aprovecho la ocasión para haceros un poco de publicidad de ella y os invito a leer y conocer más y más en profundidad a “la santa más grande de los tiempos modernos”, como la definió Pío XI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 comentarios en “Muéstranos al Padre (XI)

  1. Humanamente el sufrimiento no es entendendible pero con los ojos de la fe,sabemos aunque nos cueste muchísimo, que detrás de eso,siempre,siempre,hay un bien mayor. Quizá no lo entendamos nunca en esta vida,quizá sí en el cielo…pero está claro que solos,nunca estamos porque Él, siempre está con nosotros.
    Como me dijo una amiga hace un tiempo ante un gran sufrimiento: a Dios no hay que pedirle explicaciones porque nunca las da!! Y es cierto!!!sólo hay que aprender a abandonarse en las manos de Dios,que a menudo es lo más costoso pero es lo más beneficioso.

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  2. Una religiosa me dijo una vez : ” nunca le pidas sufrimientos a Dios, o que te mande pruebas “,
    durante mi adolescencia yo estaba tan, tan entusiasmada, tan enamorada de Jesús que no me importaba tener dolores, sufrir contrariedades, tener dificultades, etc , etc. ella intuía en mi un gran entusiasmo por la cruz.
    Hoy me doy cuenta que realmente basta con aceptar con serenidad lo que sin buscar llega solo a nuestra vida.
    Mi diario vivir está compuesto por muchísimos sacrificios pequeños, por situaciones que me obligan a renunciarme a mí misma, a tolerar esto, o aquello, a no quejarme frente a la imperfecciones mías y de los demás, a soportar el frío o el calor, aquella persona tosca, impaciente, a amar a mi prójimo egoísta tanto como al que me cae bien, en fin; me doy cuenta que con ello me basta y hasta me sobra.
    Hoy día siento el mismo amor por Nuestro amado Jesús, pero con mucha más profundidad; es un amor que ha ido madurando a lo largo de mi vida, en donde todo lo comparto con El; no concibo mi vida sin la oración constante, quiero decir : no sólo ir a Misa, o rezar el rosario, o el Oficio Divino etc, sino que estar conectada con El en todo lo que hago, me sucede que me nace a menudo un impulso casi automático, en cada cosa que hago me pregunto en el acto, esto que estoy haciendo en este momento, en este minuto ¿es de su Voluntad ?, es ya parte de mí el preguntarme : ¿Señor te estoy agradando ?, cuando camino por la calle o por donde sea, me he encontrado a veces hasta ofreciéndole mis pasos, de pronto me río de mi misma, pues me parece estar ” lesa ” por El, después pienso total nadie más lo sabe… y sigo igual, a veces con distendidas conversaciones en secreto, o haciéndole compañía en el sagrario a solas en la catedral pues muy poca gente se ocupa de consolarlo, y de amarlo allí.
    En el trayecto de mi vida he sufrido dolores tremendamente grandes, la muerte repentina de mi hermano menor, y unos años más tarde la muerte repentina de mi papá, ambas de un minuto para otro… sentí que no cabía mayor tristeza en mi corazón, que no podía existir dolor más grande que esto, pues han sido dos seres entrañables en mi vida, sin embargo sentí en ambas experiencias como si alguien superior me tomó en sus brazos e hizo que soportara con una fuerza que no era la mía, era el Señor, y el mismo dolor que estaba viviendo lo ofrecí, me acuerdo, con premura para que mi papito vuele enseguida la cielo, ahorrándole el purgatorio. Espero en el Señor que me haya concedido tan grande deseo.
    Si una puede ofrecerle sin olvidos cada cosa que le sucede en el día, más bien El nos ha de bendecir con creces, entonces todo se transforma, y una se familiariza con el sufrimiento aceptándolo como parte de la vida, por qué no como un instrumento de santificación, debemos caminar y ver más con los ojos de la fe que con los del cuerpo.
    ¡Dios todo lo permite para nuestro bien, aún el dolor.!

    Gracias mi querida madre Olga María
    Un abrazo muy muy fuerte

    M.Eliana

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  3. Que vivificantes son los testimonios que han surgido a raíz de la profunda meditación sobre el dolor de la Madre Olga!!
    A mi también me ha hecho reflexionar sobre el dolor y me viene a la memoria una historia contada por un jesuita hace ya muchos años.
    Un joven había llevado una vida peligrosa que le había hecho caer en la droga, su madre le había acomiadi en el calvario de su enfermedad, pero finalmente el joven murió.
    Contaba el jesuita que le llamaron para que celebrara el funeral por el joven y cuando lo vio muerto a los pies de la cruz a su madre llorando desconsolada, no hallo otras palabras de consuelo que señalando la cruz, decir a la madre: aquí está tu hijo , es CRISTO quien a tomado todo su sufrimiento , todas su equivocaciones, su dolor , sus lágrimas y señalando el cuerpo sin vida de su hijo, dijo a la madre : él es Cristo, desolado, destrozado , sin vida, maltratado por la vida!!!
    La historia ni tiene otro final, pero yo creo que la madre no pudo tener mejor consuelo!!!
    Porque es Jesús m, quien realmente está sufriendo cuando vemos un hombre que es un despojo humano, un hombre destrozado por el dolor .
    Ahí realmente , está Dios!!!!

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  4. Que vivificantes son los testimonios que han surgido a raíz de la profunda meditación sobre el dolor, que ha expuesto la Madre Olga!!
    A mi también me ha hecho reflexionar sobre el dolor, y me viene a la memoria una historia contada por un jesuita hace ya muchos años.
    Un joven había llevado una vida peligrosa que le había hecho caer en la droga, su madre le había acompañado en el calvario de su enfermedad, pero finalmente el joven murió.
    Contaba el jesuita, que le llamaron para que celebrara el funeral por el joven , y cuando lo vio muerto a los pies de la cruz y vio a su madre llorando desconsolada, no hallo otras palabras de consuelo que señalando la cruz, decir a la madre: aquí está tu hijo , es CRISTO quien ha tomado todo su sufrimiento , todas sus equivocaciones, todo su dolor , todas sus lágrimas .
    Después, señalando el cuerpo sin vida de su hijo, dijo a la madre : él es Cristo, desolado, destrozado , sin vida, maltratado por la vida!!!
    La historia no tiene otro final, pero yo creo que la madre no pudo tener mejor consuelo!!!
    Porque es Jesús mismo , quien realmente está sufriendo, cuando vemos a un hombre que es un despojo humano, un hombre destrozado por el dolor .
    Ahí realmente , está Dios!!!!

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