En el día de la vida consagrada

Ya quedan pocos días y os ofrezco algunas reflexiones en torno a la Presentación de Jesús en el Templo, que es el Misterio de la Vida de Cristo que que la Iglesia celebra el día que ha dedicado a la Vida Consagrada, el 2 de febrero.

Este episodio deja muy marcado y muy evidente cómo Jesucristo obedece, cómo la Virgen María obedece, cómo cumplen los preceptos dados por Moisés, las costumbres de su pueblo: cuarenta días después del nacimiento del primogénito, José y María van al templo de Jerusalén, a la Casa de Dios, a consagrárselo a Dios, a ofrecérselo a Dios y hacen aquello que dice la Ley que hay que hacer, que es ofrecer el primogénito a Dios y después rescatarlo. Lo rescatan como lo rescatan los pobres, con dos pichones.

Y una de las cosas que más impresionan de esto, es que la salvación del mundo estaba ahí, en ese Niño pequeño que llevan al templo, y la salvación del mundo pasa totalmente desapercibida.Andrey Shishkin Simeón y el Niño Jesús.

Hay una expresión de Kierkegaard que es muy gráfica y muy hermosa. Habla -a propósito de este episodio- del “incógnito del Absoluto en la historia” del incógnito del Todopoderoso en la historia, que pasa totalmente desapercibido. Solamente quienes le están esperando con ansia, como Simeón y Ana -los que tampoco cuentan ya en la historia- son capaces de verle y reconocerle.

Hoy día los religiosos tenemos que ser, de alguna manera, como Simeón: estar atentos, expectantes siempre a Jesús que viene, a Jesús que pasa. Y a Jesús que viene y pasa de las maneras más humildes, más sorprendentes, porque El vuelve a venir de incógnito. Él es la Gloria de Israel, la Luz que va a salvar a todas las naciones, la Redención, el Esperado prometido… pero nuevamente viene totalmente de incógnito. Nuevamente viene, nos sale al encuentro, y… el mundo no se entera, el mundo no le conoce.

Pero lo más preocupante de todo esto no es que el mundo no le conozca, sino que, entre los religiosos, muchos no le reconocemos, muchas veces no le vemos, no le identificamos. En la Eucaristía, el Absoluto otra vez, una vez más, permanece de incógnito. Está presente en nuestra historia y está presente, pero de incógnito. ¿Qué significado tiene para nosotros hoy este incógnito de Dios? ¿Qué sentido tiene?

Primeramente, significa que le reconocemos como Señor de la historia y queremos seguir viéndole y seguir contemplando esa luz que alumbra a las naciones, esa bandera discutida, ese signo de contradicción que es Cristo. Comprender y acoger que Él es el Absoluto, el Único que puede redimir al hombre, el único Redentor del hombre; y que nos adherimos con nuestra vida y con nuestra consagración a Él.

EStar consagrado hoy, significa, tiene el sentido -al menos así lo entiendo yo- de que, como Simeón, tomamos la Salvación en brazos, tomamos la Gloria de Israel en brazos, tomamos la Luz de las naciones en brazos y, con Él en brazos, lo alzamos y se lo ofrecemos a Dios y, al mismo tiempo, se lo mostramos al mundo.

Nuestra consagración no tiene otro objeto que ese: acoger la salvación de Dios, acoger la Gloria de Dios, la Gloria de Israel, apropiarnos de ella cada uno de nosotros y ofrecerla, contarla, transmitirla, anunciarla al mundo… Y la mejor manera de hacerlo es el ratificar nuestra entrega, ratificar nuestra consagración, nuestra adhesión y amor apasionado a la Madre Iglesia.img_20160126_165738.jpg

Es de suma importancia ratificar y testimoniar esta consagración nuestra que significa ser contemporáneos de Cristo y con Cristo. Cristo no fue presentado en el templo hace dos mil años y ya pasó, sino que Cristo es presentado en mi templo cada día. Y en mi templo interior tengo que reconocerle, tengo que adorarle, tengo que abrazarle y, desde ese templo escogido que soy yo, entregarlo al mundo, mostrarlo al mundo, darlo al mundo… Pero sobre todo, anunciarlo al mundo. Y para eso, no podemos anclarnos en el pasado, sino que Cristo tiene que ser -¡¡es!!- contemporáneo mío. Es alguien que vive conmigo hoy, ahora y aquí.

Ser cristiano -y ser cristiano consagrado- significa hoy no admirar a Jesús, no comprender a Jesús o no seguir a Jesús, como si fuera alguien ajeno a mí, que me convence más o menos. Significa entrañar mi vida en la suya, que de verdad El sea mi Vida Inseparable, que de verdad entre Él y yo no haya separación, que entre Él y yo no haya distancia: que seamos uno solo en el amor. Eso significa hoy día ser consagrado, o al menos eso tiene que significar, independientemente del carisma al que cada uno sea llamado.

El consagrado tiene que ser igual otro Cristo, ser Jesús. Tenemos que hacer nuestra la vida de Cristo, entrañarla en nosotros y que su Vida palpite en mí, que su Sangre corra por mis venas, que su Alma sea una con mi alma… ¡Ser Jesús, mostrar a Jesús! ¡Vivir a Jesús y hacerle vivo, presente, hoy aquí!

No es una simple unión con Cristo, no es estar más o menos cercano a Cristo, ni siquiera el término “pertenecer a Cristo” es suficiente, se queda corto. ¡Significa ser Jesús, ser otro Jesús! Ese es el único fin de nuestros tres votos, de nuestra consagración, de nuestra profesión: ser de verdad Jesús, configurarnos con El.

Y siendo Jesús… tenemos que ser lo más opuesto al mundo. Sabemos qué cosa es el mundo, la diferencia que hay entre Dios y el mundo, la diferencia cualitativa, de esencia, entre Dios y el mundo. Esa misma diferencia tiene que ser evidente y palpable en los religiosos y consagrados. Estamos en el mundo pero, como Jesús, no somos del mundo. El mundo no es la creación, el mundo es el reino del desamor, es el reino del mal, el reino de Satanás… La creación es de Dios y El todo lo hizo bueno y para el bien. El mundo es la perversión de esa creación. Y la misma oposición frontal que hay entre Dios y el mundo, tiene que haber entre los consagrados y el mundo.

Y para ello, hay que desterrar de nuestras vidas todo lo frívolo, todo lo mundano, por pequeño que sea, para marcar esa distancia. No por desprecio o por miedo, sino para huir de la mediocridad, de las medias tintas. ¿Con quién estoy: con Dios o con el mundo? ¿Cuáles son mis criterios: los de Dios o los del mundo? ¿Dónde está mi amor: en Dios o en el mundo? Son las grandes cuestiones que nos tenemos que plantear. Tenemos que rechazar -frontalmente y sin ningún miedo- un cristianismo lógico[1], que hoy impera en muchos institutos y comunidades religiosas ¡¡Fuera!! ¿Para qué lo queremos? Nuestro cristianismo, si es verdadero, nunca puede ser lógico; y si es lógico, no es cristianismo, es una farsa, es pantomima… Tenemos que rechazar ese cristianismo lógico, de personas que admiran a Cristo, que le contemplan -en el sentido malo de la palabra “contemplar”- le admiran como quien ve un súper hombre o una pieza de museo… y Él no quiere ser admirado de esa manera. Sino que tenemos que luchar por ser personas que vivan el cristianismo, que ejerciten el verdadero cristianismo, las Bienaventuranzas, el Evangelio… personas que vivan otro orden de cosas, que vivan el cristianismo con amor y con dolor, porque lo llevan entrañado y… les duele todo aquello que a Cristo le duele.wp-1453406861200.jpg

¡De esa clase de cristianos tenemos que ser! Otra clase de cristianos no sirven para nada más que para ocupar sitio en el mundo y en las iglesias. Y ocupar sitio en el banco de una iglesia, ocupar sitio en un convento, no significa ser cristiano, ni estar viviendo la consagración con intensidad, con pasión, con arrojo… como hombre y mujeres verdaderamente desposeídos de sí mismos, porque están poseídos por Otro. Tenemos que vivir posesos, pero del amor de Dios. Y totalmente desposeídos de todo lo que no sea Jesucristo. Por eso tenemos que rechazar ese cristianismo lógico que es mentira y que es el peor enemigo del cristianismo verdadero, el peor enemigo del Evangelio.

Jesucristo hoy no quiere adoradores, ni admiradores, ni aduladores. Quiere adoradores “en espíritu y verdad” -como le dijo a la mujer junto al pozo de Sicar- seguidores de Él, sedientos de Él, del Agua Viva; seguidores y amantes de la Cruz, no gente temerosa de la Cruz. Y la Cruz entendida como algo que rompe toda la lógica humana. No podemos pretender tampoco una Cruz lógica, medida, pesada, comprendida, pensada, razonada… La Cruz no es eso.

La Cruz es la locura más grande de todos los tiempos, el absurdo mayor, la sinrazón más profunda. Y esa Cruz hay que abrazarla… pero no a la Cruz, sino al Crucificado. La Cruz es el lecho del Crucificado, la Cruz es el lecho del amante del Crucificado. Y esa Cruz hay que amarla y abrazarla y estrecharla y clavarla en el alma… como un aguijón que se lleva en el alma, en la vida, en la propia carne. Y solamente abrazados de esa manera a la Cruz de Cristo, podremos ser de verdad adoradores en espíritu y verdad. Si no… nos sumaremos a la farsa[2] de tantos y tantas. ¿Y a eso nos llama Dios? ¿? Y solamente abrazando la cruz de Cristo de esa manera y… llevándola dentro del alma grabada a fuego y amándola de verdad, podremos comprender tantas cosas. Y encontrar sentido a la vida consagrada.

Solamente con esa pasión de amor por la Cruz y por el Crucificado, por Jesucristo, daremos un sentido a nuestra vida. Si no corremos el riesgo –¡y esto es patético!- de  convertirnos en solterones con hábito. ¡Me horroriza eso! Me causan pánico, porque estoy convencido de que son más dañinos para el Cuerpo Místico que toda la masonería junta. ¡No hay cosa peor que la mediocridad!

Hermanos y hermanas en la fe: ¡No nos permitais nunca vivir así! ¡Exígidnos vivir siempre apasionadamente enamorados de Cristo! Y si el amor va perdiendo fuerza, va perdiendo brillo… ¡oblígadnos a parar en seco para ver qué pasa, para buscar el amor primero, para avivarlo, para resucitarlo, para volverle a dar toda la fuerza! ¡No importa nuestra fragilidad! ¡No importa nuestro pecado! El mayor pecado, el pecado más grave en la vida religiosa, es el de la tibieza, el de la mediocridad. Todas las demás pobrezas y las demás fragilidades pueden servir -y sirven casi siempre y Dios las permite- para tocar fondo y aprender la humildad.img_20150907_072634.jpg

La cuestión es: ¿eres un desastre total pero un desastre enamorado? ¿Lo haces todo fatal pero estás enamorado? ¿Vibras de amor por Cristo? ¿Anhelas amarle más y más? ¿Cuál es el anhelo más profundo de tu corazón? ¿Cuál es el deseo más vivo, más íntimo, más ferviente? ¿Cuál es? ¿Es Jesucristo? ¿Es su amor? ¿Es su Pasión de amor? ¿Es su Corazón? ¿Son sus Entrañas? ¿Es su Intimidad? ¿Es eso lo que más deseas?

Por eso… “acerquémonos con seguridad al trono de la gracia para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente”. Con ese espíritu, con esta pasión de amor en el corazón, que no nos ofusca y no nos impide ser realistas y conocer nuestra propia fragilidad, vamos a acercarnos al trono de la gracia, a ratificar nuestra consagración, junto al Papa, para seguir después gritando al mundo que Dios nos ama. Pero primero me lo tengo que creer yo, porque si no… nunca voy a convencer a nadie de que Dios nos ama. Tengo que saberme amado de Dios, tengo que convencerme de que Dios está enamorado de mí… Mi única ocupación tiene que ser amarle, amarle con pasión a Él y con compasión en mis hermanos los hombres.


 

[1] Lógico en el sentido de excesivamente razonable, que se ciñe al cumplimiento escrupuloso y frío de la ley, sin arriesgar nada.

[2] Me refiero a la vida religiosa tal y como se da en muchos casos: vacía de pasión, de fuerza, de contenido… aburguesada, fría, acomodada…

5 comentarios en “En el día de la vida consagrada

  1. ¡ MARAVILLOSO !, ¡ Gracias muy querida Madre Olga María Del Redentor !
    Vuestro nombre ya habla de su pertenencia a Nuestro amado Señor, como de su feliz consagración a El hablan cada una de sus palabras. Ojalá pudiera yo llegar a vuestra talla, a vuestra grandísima altura.
    ……Es una gracia muy grande que el Señor nos hable a nosotros a través de este medio, a través de su persona, pues no es lo mismo buscar un libro, leer un folleto o artículo relacionado con Dios, como poder recibir y conversar vivamente con un alma consagrada. ¡ Que Dios bendiga su carisma ! que El bendiga a cada Carmelita Samaritana !
    Todas las personas que deseamos de verás crecer en el camino espiritual buscamos con muchas ansias el alimentarnos de esta doctrina hermosa, de conocer y comprender mejor ¿ cómo es Jesús ? ¿ qué quiere El de mí?, ¿ cómo puedo seguirlo mejor ? ¿ cuál es mi ideal personal ? ¿ qué espera El de mí ?.. En fin, siempre una busca, y busca la forma de perfeccionar más su acercamiento al Amor de los Amores.
    He meditado cientos de veces a lo largo de mi vida el misterio de la Presentación de Jesús en el Templo, y hoy se abren para mí nuevas luces… es que Dios es así ” UNA ETERNA NOVEDAD “, siempre me hace ver y conocer aspectos nuevos de su vida, de su intimidad; de un Jesús Dios pero con un corazón humano que late, de hombre; hoy lo veo tan pequeño y tan grande a la vez, tan incógnito y tan notorio de forma sensible simultáneamente, lo cual me invita a permanecer espectante siempre, para poder encontrarme con El, para reconocerlo, oirlo en medio del mundanal ruido, y palparlo también en lo profundo de mí corazón, pues El muchas veces habla ” bajito ” , para invitarme a silenciar mi entorno y así poder entrar en comunión con El.
    Como usted bien dice : ” no se trata de admirarlo, o de verlo como si fuera alguien ajeno a mí “, sino de ” entrañarnos con El ” ¡¡ me encantó esa expresión !! .ni siquiera como usted dice ” pertenecer a Cristo ” es suficiente, sino ” ser otro Jesús “. Yo creo que se consigue a fuerza de porfia, de esfuerzo constante por ser consecuente contra viento y marea, de perseverar aún a pesar de uno mismo….nuestra naturaleza caída tiende a desanimarnos, o caemos en la tentación de decir, ¡ nunca voy a ser mejor ! ¡ esto es difícil !, y sin darnos cuenta le dejamos cabida al demonio que se esfuerza porque seamos mediocres.
    Es maravilloso comprender que Dios nos quiere de forma individual, a cada uno, por lo tanto mi respuesta a El debe ser de acuerdo a mis propias capacidades como ser humano, con lo que yo soy y tengo; quizás no necesite de formas muy rebuscadas, como me decía mi confesor semanas atrás ” no te hagas un gran itinerario de oraciones ” o un ” llstado que no vas a poder cumplir ” porque entonces viene el desánimo y la tentación de decir : es difícil ser cristiano.
    Al contrario Jesús debe ser tan parte de mí, que yo no tenga que verlo como alguien ajeno a quien le debo un listado de cosas, sino que El viva en mí y yo en El; es decir cada cosa que hago sea por amor a El..
    ……para mí es un tremendo sacrificio levantarme cada día al amanecer, temprano, para salir a mi trabajo, y ese es un momento maravilloso para ofrecerle a El, algo costoso, algo difícil de hacer…. Luego viene su respuesta ; todo se transforma en gracia, El recompensa con creces, la carga se hace liviana, en el día me va bien, y esa es la respuesta que Jesús me da cuando a primera hora de la mañana he sabido ofrecerle el día, así me sucede con cada acontecimiento. Pero no puedo perder de vista esta intención bendita, pues El la quiere y yo la necesito.
    Así vamos comprendiendo que Dios no es un Ente abstracto, trascendente, lejano, ajeno a nuestra historia personal…..El siempre responde, porque es un Dios que nos ama con un corazón de hombre, como bien dice nuestra queridísima Madre Olga María, con un corazón como el de nosotros, sino fuera así, Jesús no habría venido al mundo.
    ¡ Bendito sea Dios que siendo El, el gran Absoluto, se haya creado a si mismo ” la necesidad de tener un corazón que late ” como el nuestro.

    Mi querida Madre Olga María, reciba un abrazo muy muy fuerte.

    Rezo por vosotras, por todas sus necesidades, especialmente porque podáis encontrar pronto un lugar definitivo, que ojalá no sea fuera de Valladolid.
    Me cuesta comprender que almas santas estén sometidas a las inclemencias de este mundo, que lo que más recibe de ustedes es bendición a manos llenas.
    En todo caso Dios siempre irá delante de vosotras primero.

    En el corazón de Jesús, soy su siempre agradecida.

    M.Eliana .

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  2. Feliz día madre Olga y a todas las hermanas. En usted y las hermanas, se ve a Jesús en cualquier situación, la sonrisa, el carño, la cercanía, la entrega, las canciones, vamos cualquier cosa que hagan, les sale Jesús por los poros de la piel.Para mi son únicas, están en un escalón por encima de la mayoría, y eso en estos tiempos es muy difícil. Un abrazo

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