Sacar agua de un pozo

 

Proseguimos con el Primer Grado de Oración escuchando a la Santa Madre en este Capítulo 12 del Libro de la Vida.

 Lo que he pretendido dar a entender en este capítulo pasado – aunque me he divertido mucho en otras cosas por parecerme muy necesarias- es decir hasta lo que podemos nosotros adquirir, y cómo en esta primera devoción podemos nosotros ayudarnos algo. Porque en pensar y escudriñar lo que el Señor pasó por nosotros, muévenos a compasión, y es sabrosa esta pena y las lágrimas que proceden de aquí. Y de pensar la gloria que esperamos y el amor que el Señor nos tuvo y su resurrección, muévenos a gozo que ni es del todo espiritual ni sensual, sino gozo virtuoso y la pena muy meritoria. De esta manera son todas las cosas que causan devoción adquirida con el entendimiento en parte, aunque no podida merecer ni ganar si no la de Dios. Estále muy bien a un alma que no la ha subido de aquí, no procurar subir ella; y nótese esto mucho, porque no le aprovechará más de perder.

 …Puede representarse delante de Cristo y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad y traerle siempre consigo y hablar con El, pedirle para sus necesidades y quejársele de sus trabajos, alegrarse con El en sus contentos y no olvidarle por ellos, sin procurar oraciones compuestas, sino palabras conforme a sus deseos y necesidad. Es excelente manera de aprovechar y muy en breve; y quien trabajare a traer consigo esta preciosa compañía y se aprovechare mucho de ella y de veras cobrare amor a este Señor a quien tanto debemos, yo le doy por aprovechado.

353250218_404318ff36.jpgPara esto no se nos ha de dar nada de no tener devoción -como tengo dicho-, sino agradecer al Señor que nos deja andar deseosos de contentarle, aunque sean flacas las obras. Este modo de traer a Cristo con nosotros aprovecha en todos estados, y es un medio segurísimo para ir aprovechando en el primero y llegar en breve al segundo grado de oración, y para los postreros andar seguros de los peligros que el demonio puede poner.

 Pues esto es lo que podemos. Quien quisiere pasar de aquí y levantar el espíritu a sentir gustos que no se los dan, es perder lo uno y lo otro, a mi parecer, porque es sobrenatural; y perdido el entendimiento, quédase el alma desierta y con mucha sequedad. Y como este edificio todo va fundado en humildad, mientras más llegados a Dios, más adelante ha de ir esta virtud, y si no, va todo perdido. Y parece algún género de soberbia querer nosotros subir a más, pues Dios hace demasiado, según somos, en allegarnos cerca de Sí.

Nos ha dicho la Santa que este “modo de traer a Cristo con nosotros” es provechoso en todos los grados de oración y el medio más seguro para ir aprovechando en el primer grado y llegar al segundo y también para librarnos de los peligros que el demonio nos puede poner en los últimos grados.

“Traer a Cristo con nosotros”. Aquí ella empieza ya a esbozar, de alguna manera, toda la doctrina, toda la espiritualidad sobre la Humanidad de Cristo que va a desarrollar con tanta fuerza en el capítulo 22 del Libro de la Vida.

Nos invita a vivir con Cristo, a estar siempre con Cristo. No podemos orar sin Cristo porque la oración cristiana es siempre algo entre dos, un asunto de dos, tratar con quien sabemos nos ama. Este trato con Dios que sabemos nos ama, ordinariamente inicia siempre  a  través de la Humanidad de Cristo, es el primer contacto con la Divinidad. Luego el Espíritu Santo nos puede conducir como quiera, de la manera que quiera, adonde quiera pero siempre Cristo es el camino para ir al Padre, la única vía válida. Ella nos dice que nos aferremos a esta Humanidad para poder orar, para poder llegar a empaparnos del agua viva de la contemplación.

BRICKEY_xi_SeekingShiloahEl Señor le dice a la Samaritana: “¡Si conocieras el Don de Dios…!” Es verdad que el Don de Dios es el agua viva y así lo estamos contemplando en esas reflexiones sobre los grados de oración, así nos lo presenta Santa Teresa, el agua viva es un regalo, una bendición, un don de Dios.  Pero el verdadero Don de Dios, de donde brota el agua viva es Jesucristo, Él es el verdadero don y ella nos invita continuamente a conocerle más y más a acostumbrarnos a traerle cabe nosotros, nos invita a vivir con Cristo, siempre con Cristo, nada nunca sin Cristo. Cristo es todo para ella y así nos lo quiere transmitir.

Proseguimos el primer grado de oración iniciando la lectura del capítulo 13 del Libro de la Vida.

Capítulo 13

Hame parecido decir algunas tentaciones que he visto que se tienen a los principios, y algunas tenido yo, y dar algunos avisos de cosas que me parecen necesarias. Pues procúrese a los principios andar con alegría y libertad, que hay algunas personas que parece se les ha de ir la devoción si se descuidan un poco. Bien es andar con temor de sí para no se fiar poco ni mucho de ponerse en ocasión donde suele ofender a Dios, que esto es muy necesario hasta estar ya muy enteros en la virtud; y no hay muchos que lo puedan estar tanto, que en ocasiones aparejadas a su natural se puedan descuidar, que siempre, mientras vivimos, aun por humildad, es bien conocer nuestra miserable naturaleza. Mas hay muchas cosas adonde se sufre, como he dicho, tomar recreación aun para tornar a la oración más fuerte. En todo es menester discreción.

Tener gran confianza, porque conviene mucho no apocar los deseos, sino creer de Dios que, si nos esforzamos, poco a poco, aunque no sea luego, podremos llegar a lo que muchos santos con su favor; que si ellos nunca se determinaran a desearlo y poco a poco a ponerlo por obra, no subieran a tan alto estado. Quiere Su Majestad y es amigo de ánimas animosas, como vayan con humildad y ninguna confianza de sí. Y no he visto a ninguna de éstas que quede baja en este camino; ni ninguna alma cobarde, con amparo de humildad, que en muchos años ande lo que estotros en muy pocos. Espántame lo mucho que hace en este camino animarse a grandes cosas; aunque luego no tenga fuerzas el alma, da un vuelo y llega a mucho, aunque -como avecita que tiene pelo malo- cansa y queda.

 Otro tiempo traía yo delante muchas veces lo que dice San Pablo, que todo se puede en Dios. En mí bien entendía no podía nada. Esto me aprovechó mucho, y lo que dice San Agustín: Dame, Señor, lo que me mandas, y manda lo que quisieres. Pensaba muchas veces que no había perdido nada San Pedro en arrojarse en la mar, aunque después temió. Estas primeras determinaciones son gran cosa, aunque en este primer estado es menester irse más deteniendo y atados a la discreción y parecer de maestro; mas han de mirar que sea tal, que no los enseñe a ser sapos, ni que se contente con que se muestre el alma a sólo cazar lagartijas. ¡Siempre la humildad delante, para entender que no han de venir estas fuerzas de las nuestras!

Mas es menester entendamos cómo ha de ser esta humildad, porque creo el demonio hace mucho daño para no ir muy adelante gente que tiene oración, con hacerlos entender mal de la humildad, haciendo que nos parezca soberbia tener grandes deseos y querer imitar a los santos y desear ser mártires. Luego nos dice o hace entender que las cosas de los santos son para admirar, mas no para hacerlas los que somos pecadores.

Esto también lo digo yo; mas hemos de mirar cuál es de espantar y cuál de imitar. Porque no sería bien si una persona flaca y enferma se pusiese en muchos ayunos y penitencias ásperas, yéndose a un desierto adonde ni pudiese dormir ni tuviese qué comer, o casas semejantes. Mas pensar que nos podemos esforzar con el favor de Dios a tener un gran desprecio de mundo, un no estimar honra, un no estar atado a la hacienda; que tenemos unos corazones tan apretados, que parece nos ha de faltar la tierra en queriéndonos descuidar un poco del cuerpo y dar al espíritu; luego parece ayuda al recogimiento tener muy bien lo que es menester, porque los cuidados inquietan a la oración.

De esto me pesa a mí, que tengamos tan poca confianza de Dios y tanto amor propio, que nos inquiete ese cuidado. Y es así que adonde está tan poco medrado el espíritu como esto, unas naderías nos dan tan gran trabajo como a otros cosas grandes y de mucho tomo. ¡Y en nuestro seso presumimos de espirituales!

También se pueden imitar los santos en procurar soledad y silencio y otras muchas virtudes, que no nos matarán estos negros cuerpos que tan concertadamente se quieren llevar para desconcertar el alma, y el demonio ayuda mucho a hacerlos inhábiles, cuando ve un poco de temor; no quiere él más para hacernos entender que todo nos ha de matar y quitar la salud; hasta tener lágrimas nos hace temer de cegar. He pasado por esto y por eso lo sé; y no sé yo qué mejor vista ni salud podemos desear que perderla por tal causa.

Como soy tan enferma, hasta que me determiné en no hacer caso del cuerpo ni de la salud, siempre estuve atada, sin valer nada; y ahora hago bien poco. Mas como quiso Dios entendiese este ardid del demonio, y como me ponía delante el perder la salud, decía yo: «poco va en que me muera»; si el descanso: «no he ya menester descanso, sino cruz»; así otras cosas. Vi claro que en muy muchas, aunque yo de hecho soy harto enferma, que era tentación del demonio o flojedad mía; que después que no estoy tan mirada y regalada, tengo mucha más salud…

Otra tentación es luego muy ordinaria, que es desear que todos sean muy espirituales, como comienzan a gustar del sosiego y ganancia que es. El desearlo no es malo; el procurarlo podría ser no bueno, si no hay mucha discreción y disimulación en hacerse de manera que no parezca enseñan; porque quien hubiere de hacer algún provecho en este caso, es menester que tenga las virtudes muy fuertes para que no dé tentación a los otros.

paravosnaci3A propósito de este párrafo último, que acabo de leer, sí que habría muchas cosas que decir. Abundan hoy, como entonces, en muchos ambientes, principiantes que están convencidos incluso a veces obcecados en palabras que han comprendido, en ideas, en nociones que han recibido y que arrojan sobre los hermanos, en contra de todas las normas del derecho natural, en contra de cualquier principio de la Iglesia y de la Ley Divina y esto hace muchísimo daño. Habría que discernir con serenidad, sin apresurarnos, las intenciones de todos estos alegatos porque los santos, que son los verdaderos perfectos, se reformaron a sí mismos y no intentaron reformar a nadie, no intentaron reformar a ningún hermano y menos a garrotazos.

Todo esto que nos acabo de decir nos puede colocar delante de un nuevo tipo de personas, de los fariseos del siglo XXI y hemos de tener cuidado porque cualquiera de nosotros podemos acabar convertido en uno de ellos.

Lo que mueve a estos fariseos a querer cambiar a los otros es la falta de tolerancia, la falta de flexibilidad, la falta de respecto en el fondo y esto causa más mal que bien. Cuando queremos cambiar a nuestros hermanos, a cualquier hermano, intentamos justificar el hecho de querer cambiarlo con su propio bien, decimos que es para su bien y para el bien de la Iglesia, lo cual es en realidad, una manera más o menos oculta, camuflada de rechazarlo.

Hemos de tener cuidad porque el deseo de cambiar a los hermanos nace de una raíz, una raíz peligrosa: soberbia, intolerancia, ira, violencia. Y nos dice le apóstol Santiago en su epístola que “la ira del hombre no produce la rectitud que Dios quiere”.

 Pues lo seguro será del alma que tuviere oración descuidarse de todo y de todos, y tener cuenta consigo y con contentar a Dios. Esto conviene muy mucho, porque ¡si hubiese de decir los yerros que he visto suceder fiando en la buena intención!…. Pues procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros, y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados. Es una manera de obrar que, aunque luego no se haga con perfección, se viene a ganar una gran virtud, que es tener a todos por mejores que nosotros, y comiénzase a ganar por aquí con el favor de Dios, que es menester en todo y, cuando falta, excusadas son las diligencias, y suplicarle nos dé esta virtud, que con que las hagamos no falta a nadie.

 Miren también este aviso los que discurren mucho con el entendimiento, sacando muchas cosas de una cosa y muchos conceptos; que de los que no pueden obrar con él, como yo hacía, no hay que avisar, sino que tengan paciencia, hasta que el Señor les dé en qué se ocupen y luz, pues ellos pueden tan poco por sí, que antes los embaraza su entendimiento que los ayuda. Pues tornando a los que discurren, digo que no se les vaya todo el tiempo en esto; porque, aunque es muy meritorio, no les parece – como es oración sabrosa- que ha de haber día de domingo, ni rato que no sea trabajar. Luego les parece es perdido el tiempo, y tengo yo por muy ganada esta pérdida; sino que -como he dicho- se representen delante de Cristo, y sin cansancio del entendimiento se estén hablando y regalando con El, sin cansarse en componer razones, sino presentar necesidades y la razón que tiene para no nos sufrir allí: lo uno un tiempo, y lo otro otro, porque no se canse el alma de comer siempre un manjar. Estos son muy gustosos y provechosos, si el gusto se usa a comer de ellos; traen consigo gran sustentamiento para dar vida al alma, y muchas ganancias.

PicsArt_1399889231923A propósito de los que  emplean tantas energías y tanto tiempo en discurrir, nos dice la Santa que no parece que hay día ni momento de descanso para ellos y que, si en un momento, el entendimiento deja de trabajar, deja de discurrir les parece que están perdiendo el tiempo y si no razonan… esto no es así. Dice ella: “tengo por muy grave esta pérdida” – esta pérdida de tiempo. ¿Por qué? Porque entonces ejercitará el amor que es la energía suprema del hombre y esta pérdida de tiempo es un acto de amor auténtico, profundo y cuando es amor-caridad, amor no puramente sensible, amor cimentado en la fe, esto alcanza al mismo Dios.

Es verdad que la inteligencia busca la verdad, por su propia naturaleza, la inteligencia busca la verdad. Pero una vez conseguida la verdad, necesita poseerla y no la puede poseerla por sí misma. La verdad se posee y se goza por el amor que viene de la voluntad, no del entendimiento, viene de la voluntad. Necesitamos poseer y gozar esta verdad con el amor, con la voluntad. Esto que acabo de decir es una doctrina que Santa Teresa había leído en el Tercer Abecedario de Osuna que tanto bien le hizo: “El entendimiento nos trae a Dios para que lo conozcamos. Pero como el amor nos saca de nosotros para ponernos y colocarnos en lo que amamos, va el amor y entra en lo más secreto, quedándose el conocimiento fuera de las creaturas.” (Cf. Francisco de Osuna, Tercer Abecedario – capítulo 21, artículo 3).

…Pues tornando a lo que decía, ponémonos a pensar un paso de la Pasión, digamos el de cuando estaba el Señor a la columna: anda el entendimiento buscando las causas que allí da a entender, los dolores grandes y pena que Su Majestad tendría en aquella soledad y otras muchas cosas que, si el entendimiento es obrador, podrá sacar de aquí. ¡Oh que si es letrado!…. Es el modo de oración en que han de comenzar y demediar y acabar todos, y muy excelente y seguro camino, hasta que el Señor los lleve a otras cosas sobrenaturales.

Santa Teresa nos acaba de explicar aquí el nivel primero de sacar agua del pozo, la meditación simple, la contemplación de Jesucristo en los pasajes evangélicos. Sacar agua del pozo que es común a los cuatro niveles, cuando el Señor aún no da la lluvia ni se llenan los arcaduces, ni manan las fuentes vivas, hay que hacer de esta manera: meditando.

La meditación que se centra el los misterios de la Vida, Pasión y la  Muerte de Cristo produce un efecto que, de alguna manera, calienta el corazón, enciende el corazón en amor, en deseos, enciende el alma para seguir a Cristo. Podemos recordar las palabras de los discípulos de Emaus: “¿No ardía nuestro corazón cuando nos explicaba las Escrituras?”

Las Escrituras cuando se acogen de esa manera, encienden el corazón, caldean el alma, la preparan para ir recibiendo el agua viva, para hacerla receptiva y verse empapado uno con el don de Dios. Esto es lo que se llama meditación afectiva.199319579-remolino-agua-transparente-burbuja-de-aire-chorro-de-agua

Hay otro tipo de meditación que trata sobre las verdades eternas y los beneficios divinos, lo atributos de Dios: se llama meditación discursiva. Esta meditación discursiva lo que hace es engendrar en el alma otro don del Espíritu muy importante y muy mal comprendido normalmente que es el temor de Dios, que es Santo, ver quién es Dios y quien somos nosotros, la grandeza de Él y la pequeñez y indigencia nuestra. ¡Esto es el temor de Dios! No es tener miedo a Dios sino temer perderle, temer ofenderle, temer malograr el don de Dios.

En cualquier caso, la meditación sea discursiva o sea  afectiva, es el inicio, el principio, este nivel primero para ir consiguiendo el agua viva pero supone, como nos dice Santa Teresa, esfuerzo. Hay que sumergir muchas veces el cubo en el pozo y hay que hacer el esfuerzo de sacar el cubo y no siempre vendrá lleno de agua, a veces vendrá vacío, otras veces medio vacío. No obstante, ella insiste en que tenemos que seguir perseverando en echar el  cubo en el pozo, no rendirnos.

Y aunque esto del conocimiento propio jamás se ha de dejar, ni hay alma, en este camino, tan gigante que no haya menester muchas veces tornar a ser niño y a mamar (y esto jamás se olvide, quizás lo diré más veces, porque importa mucho); porque no hay estado de oración tan subido, que muchas veces no sea necesario tornar al principio, y en esto de los pecados y conocimiento propio, es el pan con que todos los manjares se han de comer, por delicados que sean, en este camino de oración, y sin este pan no se podrían sustentar; mas hase de comer con tasa, que después que un alma se ve ya rendida y entiende claro no tiene cosa buena de sí y se ve avergonzada delante de tan gran Rey y ve lo poco que le paga lo mucho que le debe, ¿qué necesidad hay de gastar el tiempo aquí?, sino irnos a otras cosas que el Señor pone delante y no es razón las dejemos, que Su Majestad sabe mejor que nosotros de lo que nos conviene comer.

Santa Teresa acaba de decirnos en este párrafo rico, hermoso desde el punto de vista literario porque utiliza la comparación preciosa del alimento, de los manjares, del pan que acompaña los manjares, acaba de decirnos que estemos donde estemos, Engel nivel de vida espiritual que estemos, el conocimiento propio es indispensable. Estemos al principio, estemos al final, es necesario saber quienes somos y frente a Quién nos hallamos; quien soy yo, que hablo, y Quién es el que escucha mis confidencias, que escucha mis palabras, el que escucha mis oraciones; quien soy yo, que soy la que no soy, y Quien es Él, que el que es, el único que es.

Más adelante, en las Moradas Terceras, en ese Libro de oración mucho más elaborado, que son “las Moradas” nos vuelve a hablar del conocimiento propio, insiste en el conocimiento propio. En las Terceras Moradas nos dice que aunque sea la primera morada o aunque sea la última, da igual, que es necesario, necesarísimo, aunque se esté ya en las moradas del Rey que jamás por elevada que esté un alma puede prescindir de este conocimiento propio. La humildad siempre labra, dice ella, como la abeja en la colmena la miel, que sin conocimiento propio, todo va perdido, no hay nada que hacer.

Y si volvemos nuestros ojos al pasaje evangélico que estamos contemplando como trasfondo de toda esta  exposición de los Grados de Oración – el pasaje del encuentro con Jesús junto al pozo de esta mujer de Samaria – vemos como Jesús la lleva a este conocimiento propio al reconocer su pobreza, no la esquiva: “Ve a buscar a tu marido” y le pone ahí el dedo en la llaga. “No tengo marido” – ella reconoce, ella asume su pobreza, no la oculta, no miente, no la disfraza, se la presenta a Jesús. Y Jesús le dice: “Dices bien. Has dicho verdad…” Y a partir de ahí, ya está dispuesta, ya puede recibir  el agua viva y más confidencias del Señor. Hasta que no desenmascara su mal, hasta que no la hace reconocer, Jesús no le muestra el don, Jesús no se revela a Sí mismo, Jesús no le habla de adorar al Padre en espíritu y verdad. ¡Esto es muy importante! No nos olvidemos nunca del conocimiento propio.

Quizás es el momento de mirar serenamente, sin angustias, sin turbaciones, sin agobios de ningún tipo: ¿cuáles son mis cinco maridos? Porque probablemente no tengo un marido, tengo muchos maridos, muchos idollilos que se interponen entre Dios y yo, que actúan como un impermeable y no me puede empapar el agua viva. Aun cuando me lloviera encima, que es el Cuarto Grado de Oración, el agua no me calaría, tengo que quitarme los cinco impermeables, “los cinco maridos”. Solamente cuando reconozca mis cinco maridos, voy a tener fuerza, por el gozo que voy experimentar al verme libre, para liberarme también del cántaro, que soy yo misma. Mientras tanto no voy a ser capaz.

th1_203693Pues tornando a lo que decía de pensar a Cristo a la columna, es bueno discurrir un rato y pensar las penas que allí tuvo y por qué las tuvo y quién es el que las tuvo y el amor con que las pasó. Mas que no se canse siempre en andar a buscar esto, sino que se esté allí con El, acallado el entendimiento. Si pudiere, ocuparle en que mire que le mira, y le acompañe y hable y pida y se humille y regale con El, y acuerde que no merecía estar allí. Cuando pudiere hacer esto, aunque sea al principio de comenzar oración, hallará grande provecho, y hace muchos provechos esta manera de oración; al menos hallóle mi alma.

Nuevamente Santa Teresa nos remite a Cristo, a estar con Él, a la contemplación de Cristo. Después de hablarnos del conocimiento propio y de lo importante que es para adquirir humildad, para colocarnos de verdad en el lugar que nos corresponde frente a Dios, se apresura a sacarnos otra vez  del círculo de nosotros mismos que puede  tornarse tan peligroso, tan engañoso porque es importantísimo no confundir conocimiento propio con egocentrismo, con estar dando vueltas a lo mismo, a lo mío, a mis cosas. Y se apresura ella, como digo, a redireccionarnos a Cristo, a hacer que de nuevo volvamos nuestra mirada a Cristo, a que volvamos a Él, que salgamos de nosotros mismos y de nuevo descansemos, reposemos en Él. El conocimiento propio no nos tiene que encerrar en nosotros mismos sino remitirnos a Él: ya sé lo que soy y en Ti, Señor, descanso. A Ti voy, a Ti me dirijo, en Ti reposo.

Parece oportuno en este punto citar a la misma Santa en otros pasajes de sus obras que nos remite al Señor. Es inevitable en este momento citar el párrafo conocidísimo del capítulo 26 del Camino de Perfección:

“No os pido ahora que penséis en El ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis… Ha sufrido mil cosas feas y no os ha dejado de mirar,  no está esperando otra cosa sino que le miremos. ¡Tiene en tanto que le volvamos a mirar!” (Cf. C 26,3)

Un poco más adelante nos dice: “Si estáis con trabajos o triste, miradle camino del huerto, o atado a la columna, o miradle cargado con la cruz.  Os mirará El con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas…” (Camino de Perfección 26, 5)

Bossuet nos enseña que “la oración de simplicidad consiste en una simple mirada o atención amorosa a Dios o a Jesucristo. El alma abandona su discurso y se vale de una dulce contemplación que la mantiene en sosiego y atención  y la hace susceptible a la acción del Espíritu Santo. Trabaja poco y recibe mucho. La práctica de esa oración debe comenzar desde la mañana haciendo un acto de fe en la presencia de Dios y de Jesucristo, cuya mirada no se aparta nunca de nosotros aunque nos escondiéramos en el centro de la tierra”.

Un comentario en “Sacar agua de un pozo

  1. Hola amig@s necesitamos vuestra ayuda para un concurso al que hemos presentado un proyecto para ayudar a la gente de la zona de Santo Domingo en la que estuvimos este verano. Solo tienes que ver el video q hay en este enlace para q nos cuente como visita. Solo te llevará 1minuto y medio y con ese sencillo gesto si lo conseguimos cambiaremos la vida de mucha gente! Muchas Gracias!

    Somos un grupo de jóvenes que buscan ayuda para mejorar nuestra situación como cooperantes. Gracias

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