Saboreando la consolación de Dios

Hay una canción de las Hermanas de la Consolación que nos gusta muchísimo y que cantamos con frecuencia: “Consolad a mi pueblo”. Ellas compusieron la canción con estribillo y dos estrofas y nosotras la hemos “versionado” añadiéndole dos estrofas más.

Hago referencia a todo esto porque estas dos últimas estrofas reflejan a la perfección lo que estamos viviendo estas navidades en la comunidad. Puedo afirmar que, aunque han sido diferentes y  no precisamente fáciles, han sido las navidades más hermosas de toda mi vida.

Ayer, por fín, después de diez largos años de luces y sombras y mucha cruz presente, pudimos pagar nuestra deuda, la deuda que teníamos pendiente con una entidad financiera. Hay diversidad de opiniones al respecto: hay quien opina -y lo dice con todo el cariño del mundo- que hemos pagado un precio demasiado alto, pero es cierto que esa deuda estaba ahí y es obligación moral de todo cristiano pagar sus deudas. Hasta ahora realmente no se podía pagar, pero ahora había oportunidad de hacerlo y -en conciencia- entendí delante de Dios, que no podía negarme a hacerlo, aunque ello significara quedarnos sin absolutamente nada. Para poder pagar era preciso despojarse de todo y esa decisión no ha sido fácil.dav

Quiero dar testimonio de lo bueno que es Dios y de cómo he experimentado sentirme de verdad en su regazo, cuidada y acariciada por El en todo momento. Pocas veces he sentido tanta paz como siento ahora mismo. Me vienen contínuamente a la mente y resuenan en mi corazón, como “música ambiente”, unas palabras de Santa Teresita que también solemos cantar: “¡Se siente una paz tan grande al saberse absolutamente pobre y no contar más que con Dios…!”

Así me siento yo ahora: absolutamente pobre, pero absolutamente feliz; porque siendo absolutamente pobre me parezco un poquito a Jesús: a Jesús en Belén o a Jesús en la Cruz y sé que, siguiendo sus pasos y siguiendo su vida, nunca voy a ser pobre de verdad porque El es mi Riqueza. Más que nunca ahora El es mi TODO y mi VIDA INSEPARABLE. El es todo lo que tengo y lo único que tengo. Y… para llegar a poseerle de esa manera y ser podeída por El así… ha sido preciso este despojo.

Mis hermanas…¿qué decir de ellas? ¡No tengo palabras! ¿¡Cómo explicar lo que son estas hermanas!? Son para mí un constante ejemplo de paz, de alegría, de entrega, de aceptación de esta permisión de Dios en nuestra vida, de confianza, de abandono…

¡Si viérais cómo me han apoyado y sostenido, cómo me quieren, cómo me animan…! Ha habido momentos duros, de mucha incertidumbre y oscuridad… Ellas lo han suavizado todo haciéndome ver que confían en el Señor y respaldan la decisión que yo tome… No puedo explicar con palabras la fuerza que eso me ha dado y me da.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAYo las miraba estos días pasados y las veía sonreir y bromear y cantar y bailar en Nochebuena… y me decían muchas veces: “Nuestra madre no pasa nada, no te preocupes. Tú tranquila, que Dios nos cuida…” Esto me ha impulsado y me ha dado bríos para luchar sin desfallecer.

Todo esto ha sido una inmensa consolación de Dios, porque nunca había valorado tanto lo que es tener una comunidad como la que tengo y nunca había sentido tanta paz como la que estoy experimentando ayer y hoy. Los días previos no fueron fáciles y lo he pasado regular, con momentos de mucha turbación y oscuridad, pero desde que tomé la decisión de firmar… la paz se ha instalado en mi alma y siento una seguridad absoluta de que el futuro nos deparará grandes alegrías y grandes sorpresas para bien… Aunque lo cierto es que ahora mismo no sé nada, ni sé qué va a suceder, ni vislumbro nada…

Lo mejor de todo es que ahora mismo me siento libre. Libre para volar alto, que es lo que de verdad deseamos. Estamos muy bien, no sufrais ni os preocupeis, porque estamos saboreando la consolación de Dios: “Gritad que está pagado su crimen / es libre al fin de la deuda, / es libre para amar”.

No sabemos qué será de nosotras, pero sabemos que tenemos lo de verdad importante: “una morada eterna / el Corazón de su Dios”. Lo demás… El irá diciendo.

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Consolad a mi pueblo, dice el Señor, / hablad al corazón del hombre. / Gritad que mi amor ha vencido / preparad el camino, / que viene tu Redentor.

Yo te he elegido para amar, te doy mi fuerza y luz para guiar / Yo soy consuelo en tu mirar. ¡Gloria a Dios!  (bis)

Consolad a mi pueblo, dice el Señor, / sacad de la ceguera a mi pueblo. / Yo he sellado contigo Alianza perpetua: / Yo soy el único Dios.

Consolad a mi pueblo, dice el Señor, / mostradles el camino de libertad / Gritad que está pagado su crimen / es libre al fin de la deuda, / es libre para amar.

Consolad a mi pueblo, dice el Señor, / hablad al corazón de Jerusalén / gritad que llega un mundo nuevo / una morada eterna / el Corazón de su Dios.

4 comentarios en “Saboreando la consolación de Dios

  1. Que maravilloso poder esperimentar ,sentir el amor de Dios asi yo quiero yo deceo con todas las fuerzas de mi corazón amar así sin medida a nuestro maravilloso padre……amen.amen,amen.

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  2. Con vosotras estamos unidas gentes de todos los lugares del mundo y vamos a rezar con fuerza para que Él haga lo que crea más conveniente con sus hijas,ellas qud lo han dado TODO por Él.
    San José, cuida y vela por nuestra Comunidad!.

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